17 de enero de 2026
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El impacto de la escasez en el cerebro

Sentirse constantemente con “no alcanza” afecta más que las finanzas personales: también altera la forma de pensar. Un experimento con estudiantes universitarios mostró que la percepción de escasez disminuye la capacidad para adaptarse a nuevas situaciones y para cambiar estrategias mentales ante un problema.

En un entorno controlado se comparó el rendimiento cognitivo de participantes expuestos a situaciones que inducían sensación de escasez con el de quienes no la experimentaron. Se hallaron diferencias claras en la flexibilidad mental, respaldadas por registros de electroencefalografía que indicaron cambios en el procesamiento cerebral bajo esa presión.

Mediante tareas que requerían alternar entre distintas reglas cognitivas, quienes percibieron escasez tardaron más en ajustarse a los cambios, lo que evidencia dificultades para modificar patrones mentales y adoptar nuevas instrucciones.

Cambios en la actividad cerebral y desempeño

Los autores informan que la escasez percibida afectó no solo los tiempos de reacción sino también la actividad cerebral. El grupo expuesto presentó un aumento en la amplitud de la onda P3 diferencial en la corteza parietal, indicador de un mayor costo al cambiar de tarea y de una menor capacidad para actualizar reglas y afrontar nuevas demandas.

Según el estudio publicado en Frontiers in Neuroscience, la exposición a contextos de escasez aumentó la sensación de agotamiento cognitivo y provocó una reducción temporal de la flexibilidad mental, dificultando la adaptación en entornos cambiantes y reduciendo la eficiencia en tareas cotidianas, laborales y educativas.

El equipo de investigación descartó que las diferencias se debieran a factores económicos objetivos o a la capacidad de autocontrol previa: la manipulación experimental permitió aislar el efecto de la percepción subjetiva de escasez sobre la flexibilidad cognitiva.

Escasez financiera y conductas saludables

La relación entre la sensación de no tener suficiente dinero y las conductas de salud se evaluó en una muestra de 2.379 adultos en los Países Bajos. Se analizó si esa percepción influye en la conexión entre nivel de ingresos y hábitos como consumo de frutas, actividad física e intención de mejorar la salud.

De acuerdo con resultados publicados en National Library of Medicine, la escasez financiera explicó en parte la asociación entre ingresos bajos y mayor índice de masa corporal (IMC), así como un menor consumo de frutas.

También se observó que la percepción de escasez influye en la predisposición a intentar mejorar la alimentación y la actividad física, aunque no se encontró el mismo efecto respecto al consumo de verduras.

El análisis mostró que la experiencia subjetiva de escasez no es exclusiva de ingresos bajos: personas con ingresos medios y altos también reportaron sentir escasez en algún grado. Esta percepción se vinculó con mayor preocupación y menor capacidad para mantener conductas saludables, independientemente del ingreso real.

Impacto de la escasez en el comportamiento y la cognición

La teoría de la escasez plantea que, al percibir recursos insuficientes, la atención y el esfuerzo mental se concentran en resolver problemas inmediatos. Esa focalización genera sobrecarga cognitiva y reduce la capacidad para planificar, controlar impulsos y tomar decisiones racionales.

Según los investigadores, este mecanismo explica por qué la escasez puede derivar en conductas impulsivas, dificultades para recordar información y problemas para adaptarse a nuevas situaciones. Tales efectos se observaron tanto en experimentos de laboratorio como en estudios poblacionales.

La percepción de escasez alteró la actividad en regiones cerebrales vinculadas al control ejecutivo, traduciéndose en menor flexibilidad para cambiar de tarea o ajustarse a reglas nuevas. Conductualmente, las personas bajo escasez mostraron tiempos de reacción más lentos y mayores costos al cambiar de tarea.

Implicancias para la salud pública y la intervención

Los resultados sugieren que reducir la escasez financiera podría mejorar la capacidad de las personas para adoptar y mantener conductas saludables. Incrementar ingresos por sí solo puede no ser suficiente si la percepción de escasez no cambia.

La escasez financiera es un factor relevante para explicar desigualdades en salud. Abordar tanto la situación económica objetiva como la percepción subjetiva puede aumentar la efectividad de las políticas públicas destinadas a reducir las brechas en hábitos saludables.

Escasez, preocupación constante y menor flexibilidad mental forman un círculo que perjudica la toma de decisiones y la adaptación. La evidencia experimental y poblacional coincide en que, más allá del ingreso real, esta percepción tiene consecuencias directas sobre la salud mental y física.

Limitaciones y futuros desafíos

Ambos estudios reconocen que la percepción de escasez varía según factores culturales, sociales y personales, por lo que la generalización de los resultados requiere investigar en distintos contextos y poblaciones.

El diseño experimental y los análisis de mediación permiten identificar mecanismos causales, pero aún existen desafíos para traducir estos hallazgos en intervenciones concretas. Investigaciones futuras deben explorar cómo modificar la percepción de escasez y evaluar su impacto en la vida diaria.

La escasez percibida influye en la mente y el comportamiento, afecta la salud y puede perpetuar desigualdades. Comprender este fenómeno es clave para diseñar estrategias efectivas que promuevan el bienestar y la equidad social.

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