19 de enero de 2026
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Patitos de goma que revelaron las corrientes oceánicas

El océano Pacífico, vasto y cambiante, ha sido escenario de numerosos naufragios y enigmas marinos. Uno de los episodios más singulares ocurrió en 1992, cuando 28.800 patitos de goma quedaron a la deriva. Lo que empezó como un accidente terminó aportando datos valiosos sobre las corrientes superficiales y evidenciando la persistencia de la contaminación plástica en los océanos.

La tormenta, el naufragio y un inesperado experimento natural

El 10 de enero de 1992, el carguero Ever Laurel navegaba cerca de la línea internacional del cambio de fecha, en ruta entre Hong Kong y Tacoma, Estados Unidos, cuando perdió doce contenedores durante una fuerte tormenta. Uno de esos contenedores contenía exactamente 28.800 juguetes de plástico: los reconocibles patitos amarillos, junto a castores rojos, ranas verdes y tortugas azules.

La combinación de la tormenta, la caída de los contenedores, la rápida degradación de las cajas de cartón en el agua salada y la resistencia de los juguetes al medio marino hizo que miles de unidades quedaran a la deriva. Así comenzó un singular desplazamiento de objetos flotantes que se prolongó durante décadas.

En ese momento nadie imaginó que aquel suceso se convertiría en un experimento natural capaz de aportar información durante más de quince años sobre el comportamiento de las corrientes oceánicas superficiales.

El rastreo científico

Casi un año después, aparecieron los primeros indicios: diez de los juguetes fueron encontrados en una playa de Sitka, Alaska, a más de 3.200 kilómetros del punto de origen. Ese hallazgo atrajo la atención de los oceanógrafos Curtis Ebbesmeyer y James Ingraham, de la Universidad de Washington, quienes ya estudiaban la deriva de objetos marinos en investigaciones previas.

Ebbesmeyer calificó el descubrimiento como “oro flotante”. A diferencia de los métodos tradicionales —que llegaban a lanzar hasta 1.500 botellas al mar—, aquel naufragio ofreció miles de objetos uniformes, resistentes y fáciles de identificar, lo que permitió trazar con mayor detalle rutas y velocidades de las corrientes.

En pocas semanas, decenas de patitos comenzaron a aparecer en distintas zonas de Alaska. En los primeros meses se recuperaron al menos 400 juguetes en la costa allá. Científicos y una red de voluntarios inspeccionaron unos 850 kilómetros de litoral, recopilando datos que luego se integraron en modelos matemáticos sobre la circulación oceánica.

El seguimiento de los juguetes permitió ajustar y validar modelos oceanográficos con una precisión poco frecuente. Los investigadores predijeron la llegada de patos a las costas de Washington en 1996 y, según modelos citados por medios como Xataka, anticiparon que una parte de ellos podría dirigirse hacia el estrecho de Bering y alcanzar el Atlántico Norte entre julio y diciembre de 2003.

Estos hallazgos impulsaron el desarrollo de sistemas de simulación que incorporan presiones atmosféricas y otros parámetros para mejorar las predicciones sobre corrientes superficiales. Esas herramientas resultaron útiles para la navegación, la pesca y la localización de restos de naufragios u objetos perdidos en mar abierto.

BBC Mundo señaló que estos juguetes ayudaron a trazar mapas de las corrientes marinas de la región y que los ejemplares encontrados en las costas ofrecieron información valiosa sobre la velocidad de esas corrientes.

Contaminación, leyenda y hallazgos asombrosos

Además de su valor científico, el naufragio puso de relieve la durabilidad del plástico en el mar y el impacto de los residuos sobre los ecosistemas marinos.

La mayor parte de los juguetes quedó atrapada en la gran mancha de basura plástica del Pacífico Norte, una acumulación de desechos que supera el tamaño de Hawái y se ha convertido en un símbolo de la contaminación oceánica global.

La historia de los patitos trascendió el ámbito científico y se convirtió en relato difundido por la prensa, libros de curiosidades y cuentos infantiles. Con el tiempo muchos ejemplares quedaron descoloridos por el sol y el agua, pero continuaron apareciendo en distintas playas décadas después.

El periodista Donovan Hohn, en su libro Moby Duck, subraya que este viaje inusual revela aspectos del transporte marítimo, la resistencia del plástico y las pérdidas en la carga de los barcos.

Las cifras del World Shipping Council ilustran la magnitud del problema: entre 2008 y 2022 los barcos perdieron de media 1.566 contenedores por año, lo que supone miles de toneladas de materiales a la deriva. John Butler, presidente del organismo, ha enfatizado la necesidad de reducir esas pérdidas para proteger el medio ambiente y la seguridad en el mar.

Los patitos aparecieron en costas muy distantes: Estados Unidos, Canadá, Islandia, Escocia e incluso en países de América del Sur. Algunos quedaron atrapados en placas de hielo del Ártico; otros se integraron en la mancha de basura plástica; y algunos siguen apareciendo esporádicamente en playas remotas, alimentando el interés de los coleccionistas y aficionados a documentar hallazgos en la costa.

La empresa fabricante, The First Years, llegó a ofrecer recompensas de 100 USD a quienes encontraran ejemplares en la costa este de Canadá, Estados Unidos o Islandia, lo que incentivó búsquedas que ayudaron a rastrear nuevas rutas de deriva.

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