Brasil, conocido por su diversidad, alberga un número notable de personas que han superado los 110 años. Estos supercentenarios, distribuidos en distintas regiones del país, mantienen a menudo una lucidez y una resistencia que despiertan el interés de la comunidad científica.
Este fenómeno se observa pese a que la esperanza de vida promedio de Brasil no lo sitúa entre los países con mayor longevidad, lo que plantea preguntas sobre factores locales y poblacionales que desafían las estadísticas convencionales.
La longevidad extrema observada en Brasil no se explica por las denominadas “zonas azules” ni por las naciones que encabezan los rankings habituales de esperanza de vida. En cambio, el país destaca por la presencia de supercentenarios que conservan independencia en su vida diaria y muestran signos de resiliencia inmunológica. Ese patrón ha motivado a varios equipos científicos a investigar los factores que podrían favorecer la longevidad en la población brasileña.
Las investigaciones avanzan, con estudios que indagan en las particularidades genéticas de Brasil. Un artículo en Genomic Psychiatry, citado por DW, señala que la diversidad genética brasileña representa una oportunidad singular para estudiar el envejecimiento humano.
Diversidad genética: la clave brasileña
Según el grupo liderado por Mayana Zatz, genetista del Centro de Investigación del Genoma Humano y Células Madre de la Universidad de São Paulo, Brasil presenta una de las mezclas genéticas más complejas del mundo.
Esa mezcla se formó a lo largo de siglos a partir de la colonización portuguesa, la llegada forzada de millones de africanos y sucesivas olas de inmigración europea y japonesa, dando lugar a una composición genética poco común en otras regiones.
Un estudio genómico en más de mil brasileños mayores de 60 años identificó alrededor de dos millones de variantes genéticas nuevas. Posteriores investigaciones detectaron más de ocho millones de variantes genómicas inéditas en la población brasileña, entre las cuales unas 36.000 podrían ser potencialmente perjudiciales. Esta amplitud de variación contrasta con la homogeneidad de muchas poblaciones estudiadas en investigaciones de longevidad, como las europeas o asiáticas.
Mateus Vidigal de Castro, primer autor del artículo, señala que los estudios internacionales suelen excluir variantes genéticas poco frecuentes, lo que limita la comprensión de los mecanismos de longevidad. En Brasil, la mezcla de orígenes permite identificar variantes protectoras que pasan desapercibidas en poblaciones más homogéneas.
Un estudio longitudinal sin precedentes
El equipo brasileño sigue longitudinalmente a más de 160 centenarios, entre ellos 20 supercentenarios validados procedentes de distintas regiones y con antecedentes diversos.
Entre los casos citados por DW está Inah Canabarro Lucas, que alcanzó los 116 años y fue considerada la persona más longeva del mundo hasta su fallecimiento en abril de 2025. La cohorte incluye también hombres que llegaron a los 112 y 113 años.
La singularidad no reside solo en las edades; muchos de estos supercentenarios conservan claridad mental y continúan realizando actividades básicas de la vida diaria, incluso cuando proceden de zonas con acceso limitado a servicios de salud.
Los datos muestran, además, familias con múltiples casos de longevidad: por ejemplo, una mujer de alrededor de 110 años con sobrinas de 100, 104 y 106 años, todas activas, y una de ellas campeona de natación a los 100 años.
La evidencia sugiere una contribución familiar a la longevidad. Estudios previos, citados por Genomic Psychiatry, indican que los hermanos de centenarios tienen hasta 17 veces más probabilidades de alcanzar edades avanzadas.
Mecanismos celulares e inmunológicos únicos
Los supercentenarios brasileños muestran rasgos biológicos distintivos: sus linfocitos presentan una actividad similar a la de personas mucho más jóvenes y sus mecanismos celulares de mantenimiento permanecen eficientes.
En el sistema inmunitario, se observa una expansión atípica de células T CD4+ con funciones citotóxicas, una característica poco común en adultos jóvenes pero presente en estos individuos de edad extrema.
Los análisis multiómicos identificaron variantes raras en genes vinculados al sistema inmunitario y a la estabilidad genómica, lo que sugiere que el envejecimiento inmunitario extremo no siempre conlleva un deterioro global, sino que podría reflejar adaptaciones funcionales específicas.
Durante la pandemia, tres supercentenarios brasileños superaron la COVID-19 antes de la disponibilidad de vacunas, desarrollando altos niveles de anticuerpos y respuestas inmunitarias eficaces, lo que refuerza la hipótesis de mecanismos biológicos de resiliencia excepcionales en este grupo.
Impacto global y desafíos para la ciencia
Brasil figura con tres de los diez supercentenarios masculinos más longevos del mundo, incluido el hombre más viejo, nacido en 1912. Las mujeres brasileñas también están entre las 15 más longevas a nivel mundial, superando a países como Estados Unidos en ese indicador.
Los investigadores han pedido a consorcios internacionales que amplíen sus estudios para incluir poblaciones diversas y mestizas, o que apoyen la financiación de investigaciones en Brasil. La meta es identificar nuevas variantes y mecanismos protectores con potencial para mejorar la medicina de precisión a nivel global.
Mayana Zatz resume la relevancia de estos hallazgos: “Los supercentenarios encarnan la resistencia, la adaptabilidad y la resiliencia, cualidades que la ciencia debe investigar si busca mejorar no solo la longevidad, sino también la calidad de vida en la vejez”.
Así, Brasil se perfila como un laboratorio natural para estudiar la longevidad extrema. Este fenómeno podría aportar claves hasta ahora desconocidas que transformen la investigación global sobre envejecimiento y salud.


