Una encuesta reciente de la Game Developers Conference (GDC) muestra una adopción rápida de la inteligencia artificial y, al mismo tiempo, un rechazo creciente entre profesionales del sector. Más del 50 % de los desarrolladores encuestados afirma que la IA generativa ya se utiliza en su empresa o departamento.
Esto indica que la industria del videojuego atraviesa un periodo especialmente complejo, marcado por despidos masivos, una competencia más agresiva y un debate interno cada vez más intenso sobre el uso de la IA generativa.
La expansión de la tecnología no ha venido acompañada de una percepción mayoritariamente positiva: el 52 % de los trabajadores considera que la IA es perjudicial para la industria, frente al 30 % del año pasado y al 18 % de hace dos años. Estos datos muestran un aumento claro de la desconfianza a medida que su uso se generaliza.
Entre quienes emplean herramientas de IA, el 80 % las utiliza principalmente para lluvia de ideas, investigación o conceptualización inicial. Es decir, su aplicación se concentra en etapas preliminares del desarrollo y no tanto en la creación directa de contenidos finales, por lo que se percibe más como apoyo operativo que como sustituto del trabajo creativo humano.
A pesar de su uso, las preocupaciones persisten. En una de las respuestas destacadas del informe, la propia herramienta interna de IA de la GDC advierte sobre los riesgos de integrar estas tecnologías en procesos creativos orientados al jugador.
“Las herramientas de IA generativa pueden ser beneficiosas para tareas específicas y no creativas que mejoran la eficiencia y agilizan los flujos de trabajo. Sin embargo, su uso en procesos creativos o contenidos dirigidos al jugador está totalmente desaconsejado debido a problemas éticos, legales, medioambientales y de reputación”, señala el documento.
El debate se produce en un momento delicado para el sector: nunca antes había habido tantos videojuegos disponibles en tiendas digitales, y esa abundancia ha elevado la competencia a niveles sin precedentes.
Estudios grandes y pequeños compiten por la atención de los jugadores en un mercado saturado, donde el margen de error es mínimo. Como consecuencia, miles de puestos de trabajo se han perdido en los últimos años, generando una sensación de inestabilidad en la industria.
Para muchos desarrolladores, la llegada de la IA generativa añade más presión. Aunque algunas empresas la promocionan como una herramienta para optimizar tiempos y reducir costes, otros temen que su adopción justifique más recortes de personal o la desvalorización del trabajo creativo, lo que explica en parte el incremento de opiniones negativas.
El informe de la GDC también muestra que no hay una postura única en el sector. Algunos profesionales reconocen el potencial de la IA para automatizar tareas repetitivas y liberar tiempo para labores más complejas, mientras que otros cuestionan la ausencia de marcos regulatorios claros y el uso de datos de entrenamiento que podrían vulnerar derechos de autor o afectar la originalidad de los juegos.
En conjunto, los resultados dibujan un panorama de transición e incertidumbre: la industria continúa creciendo en volumen y alcance, pero lo hace en medio de tensiones laborales, cambios tecnológicos acelerados y un debate profundo sobre el papel que debe ocupar la inteligencia artificial.
La encuesta de la GDC confirma que, lejos de estar resuelta, la cuestión del uso de la IA generativa se ha convertido en uno de los ejes centrales que definirán el futuro del desarrollo de videojuegos.


