31 de enero de 2026
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La dopamina mejora el aprendizaje

¿Por qué la práctica mejora habilidades como hablar, tocar un instrumento o dominar un deporte? Un estudio del Instituto Médico Howard Hughes y la Universidad de Columbia ofrece una explicación: la dopamina funciona como una señal interna que orienta al cerebro a perfeccionar conductas y movimientos.

Para comprobarlo, los investigadores estudiaron el canto del pinzón cebra, un ave cuyo aprendizaje vocal es comparable a la adquisición del lenguaje en bebés humanos.

La dopamina es un neurotransmisor vinculado al placer y la recompensa, pero su papel es más amplio: participa en la motivación, el aprendizaje y el control motor. En términos sencillos, ayuda al cerebro a identificar qué acciones son eficaces y cuáles requieren corrección.

Dopamina: el marcador interno del progreso

El grupo liderado por el neurocientífico Vikram Gadagkar observó que los pinzones jóvenes comienzan con vocalizaciones imprecisas, similares al balbuceo infantil, y que con la repetición esas vocalizaciones se afinan. Como cada ave aprende una única canción, el modelo permitió analizar con detalle cómo el cerebro detecta errores y refuerza aciertos.

En el experimento, los científicos alteraron algunas notas del canto para simular fallos. Cuando el ave cantaba “mal”, los niveles de dopamina bajaban; cuando alcanzaba la entonación correcta, aumentaban. Esa variación actuaba como una recompensa interna que señalaba qué ajustes valía la pena repetir y cuáles corregir.

Es un mecanismo análogo al que usan las personas cuando perciben mejoras en la pronunciación o en la fluidez de un movimiento tras practicar.

Practicar no es lo mismo que actuar frente a otros

El estudio también mostró que el contexto social modifica estos circuitos. Cuando los machos practicaban solos, la dopamina fluctuaba constantemente, indicando aprendizaje activo. Al cantar frente a una hembra, la señal disminuía de forma brusca: el objetivo pasaba de mejorar a ejecutar correctamente lo aprendido.

La reacción de la audiencia, sin embargo, resultó determinante. Si la hembra mostraba interés, surgían picos adicionales de dopamina que reforzaban la motivación del macho y el vínculo social, similar a la respuesta positiva que reciben las personas tras una presentación exitosa.

Gadagkar explicó que, aunque las hembras no cantan, poseen regiones cerebrales relacionadas con la evaluación vocal que les permiten expresar preferencia, un aspecto que el equipo investiga más a fondo.

Qué puede enseñarnos esto sobre el cerebro humano

En los jóvenes pinzones, los científicos observaron que, a medida que el canto se estabilizaba, los niveles de dopamina aumentaban de forma sostenida. Esa señal no solo reflejaba el último intento, sino la acumulación de ensayos previos, guiando el aprendizaje a lo largo del tiempo.

Este tipo de retroalimentación es comparable al proceso por el que una persona mejora en hablar en público, escribir o practicar un deporte: el progreso resulta de ensayos sucesivos que el cerebro registra y refuerza.

Comprender este mecanismo puede tener implicaciones clínicas relevantes. En enfermedades como el párkinson, donde las neuronas dopaminérgicas se deterioran, la capacidad de ajustar y perfeccionar movimientos se ve afectada.

Asimismo, los hallazgos sobre la evaluación social plantean preguntas sobre trastornos del espectro autista (TEA), en los que la interacción y la motivación social pueden estar alteradas.

Aunque el canto del pinzón cebra es sencillo, los principios que revela —cómo el cerebro aprende, corrige errores y se motiva— parecen aplicables de forma amplia. Estos pájaros ofrecen una ventana valiosa para entender cómo el cerebro humano optimiza habilidades complejas mediante señales químicas internas.

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