24 de febrero de 2026
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Hábitos y señales del tiempo

El envejecimiento es un proceso inevitable que afecta a todas las personas. Implica cambios graduales en el cuerpo, la mente y las relaciones con el entorno, y aunque cada quien lo experimenta de forma distinta, existen señales y hábitos comunes que modifican la vida cotidiana, las prioridades y la identidad personal.

Una investigación reciente se propuso identificar los rasgos más reconocibles de la madurez. Según el Daily Mail, la organización American Pistachio Growers, junto al actor John Thomson, encuestó a 5.000 personas mayores de cuarenta años para conocer qué señales consideran indicativas del fin de la juventud y el comienzo de una nueva etapa.

Las señales físicas suelen ser las primeras en percibirse. Más de un tercio de los encuestados señaló que las molestias persistentes y los dolores recurrentes son los indicios más claros del envejecimiento. El cuerpo empieza a mostrar sensaciones nuevas o antes ignoradas; muchas personas, por ejemplo, notan que ya no son tan jóvenes cuando se quejan al agacharse.

El sueño también cambia: un 12 % indicó que acostarse temprano y levantarse pronto, en especial alrededor de las seis de la mañana, es un signo visible de madurez. Este ajuste de horarios, junto con las molestias físicas, se convierte en una rutina que distingue a quienes atraviesan la mediana edad.

Asimismo, aparecen modificaciones en las rutinas diarias relacionadas con mayor organización y búsqueda de comodidad. El interés por ordenar el hogar, controlar las pequeñas tareas y priorizar la practicidad se vuelve más frecuente. La emoción por comprar un electrodoméstico nuevo o la costumbre de consultar el pronóstico del tiempo varias veces al día ilustran estos hábitos.

También aumenta el gusto por actividades domésticas como la jardinería o los proyectos de bricolaje, que generan satisfacción y bienestar. En el plano del ocio, se prefieren opciones más tranquilas—la radio o los podcasts—en lugar de la música de club y otros estímulos intensos asociados a la juventud.

Fuera de casa, las preferencias sociales reflejan la búsqueda de entornos sosegados. Los lugares tranquilos y los bares silenciosos pasan a ser la opción preferida para evitar el bullicio. Un 39 % prefiere una salida calmada con una bebida en vez de una noche agitada, y una proporción similar valora la comodidad por encima de la moda.

La percepción sobre la música y las tendencias también cambia: la música nueva atrae menos y seguir modas deja de ser prioritario. El 35 % de los mayores de cuarenta años afirma que dejó de prestar atención a las novedades, priorizando la comodidad en su vestimenta y estilo de vida.

La conciencia sobre la salud aumenta notablemente: el 60 % dice prestar más atención a su bienestar físico que en el pasado. Los hábitos de consumo se modifican para favorecer productos y alimentos que mejoren la calidad de vida. Un 36 % adoptó rutinas para sentirse más joven, como tomar vitaminas, elegir snacks saludables o aumentar la ingesta de proteínas.

En cuanto a la autoestima y la actitud frente al envejecimiento, solo el 36 % se considera “viejo”. Un 27 % afirma sentirse ahora más cómodo consigo mismo que en la juventud, y el 18 % de los mayores de treinta expresa mayor satisfacción con la vida actual. La actitud positiva, reírse de los cambios y realizar pequeños ajustes son elementos presentes en esta nueva mentalidad.

También surgen actitudes típicas de la madurez que antes resultaban curiosas cuando las observábamos en otros: una relación más compleja con la tecnología y cierto desconcierto ante la inteligencia artificial, dificultad para reconocer figuras populares actuales, conversaciones más frecuentes sobre política y un uso creciente de expresiones nostálgicas como “en mis tiempos” o “¿recuerdas cuando…?”.

Los expertos consultados invitan a ver la madurez como una oportunidad más que como un límite. John Thomson anima a vivir plenamente y a tomarse con humor los cambios; el nutricionista Rob Hobson destaca la importancia de la alimentación, la actividad física y el descanso; y Suzanne Devereaux-McKinstrie recomienda explorar nuevas aficiones y priorizar el bienestar personal, señalando que pequeños gestos—por ejemplo, elegir pistachos como tentempié—pueden ayudar a mantenerse fuerte y con vitalidad en la edad adulta.

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