En el Atlántico Sur, Longwood House en la isla de Santa Elena fue la residencia y prisión final de Napoleón Bonaparte. En esta isla remota, con una población actual de alrededor de 4.000 habitantes, el emperador vivió sus últimos años tras su derrota en Waterloo.
Entre los residentes actuales destaca Michel Dancoisne-Martineau, curador de la mansión, quien lleva casi cuarenta años vinculado al lugar y ha documentado su historia, según relató a Atlas Obscura.
Tras la derrota en Waterloo, las potencias europeas consideraron necesario enviar a Napoleón a un lugar extremadamente aislado para evitar fugas o que fuera convertido en símbolo político. Por esa razón se eligió Santa Elena, situada a más de 1.900 kilómetros de la costa africana. Dancoisne-Martineau describe la isla como un lugar fuera del mundo, muy tranquilo y silencioso.
Napoleón llegó a la isla en 1815, cuando la población local rondaba los 8.000 habitantes. A diferencia de un pueblo continental, en Santa Elena el aislamiento es mayor: en el pasado los barcos llegaban cada dos meses y hoy el acceso es más frecuente, con vuelos semanales.
La vida de Napoleón en Longwood House
Aunque estaba retenido, Longwood House no era una prisión convencional. La casa conservaba jardines, permitía montar a caballo y tenía espacios de ocio. Napoleón celebraba cenas en un comedor amplio, disponía de una mesa de billar y estaba acompañado por generales leales y personal de servicio. Al principio conservó la esperanza de que su estancia fuera temporal.
En noviembre de 1818 las potencias decidieron que debía permanecer en la isla hasta que su “odiosa fama llegara a su fin”, una sentencia que Dancoisne-Martineau califica como una pena más dura que la muerte. Con 47 años, Napoleón aceptó una vida marcada por la rutina y la reflexión.
Reflexión y jardinería en el exilio
En los últimos años su carácter cambió: rediseñó su celda y los alrededores inmediatos mediante el jardín. Napoleón expresó su deseo de ser “un hombre y nada más que un hombre”, y encontró en la jardinería un refugio frente al encierro.
Su jardín combinaba plantas ornamentales y hortalizas; para él, un jardín útil valía más. Allí caminaba en silencio y meditaba sobre sus victorias y derrotas. Entre sus hábitos diarios figuraba permanecer en una bañera de cobre hasta dos horas al día.
Muerte y legado de Napoleón en Santa Elena
Napoleón murió el 5 de mayo de 1821 en el salón de Longwood House, tras padecer problemas hepáticos, hepatitis y un deterioro intestinal. Francia promovió una reconstrucción cuidadosa de la casa para preservar el ambiente de la época, y algunos muebles y objetos originales se conservan en museos.
Cada año, aproximadamente 4.000 personas visitan Longwood House, que mantiene elementos históricos para quienes recorren los espacios donde vivió su exilio.
Santa Elena hoy: aislamiento y turismo
La población de la isla se ha reducido a la mitad desde la llegada de Napoleón y enfrenta envejecimiento y baja natalidad, factores que motivan la emigración en busca de mejores oportunidades, según Dancoisne-Martineau.
Pese a ello, quienes permanecen valoran la calma y el aislamiento, rasgos que también atraen visitantes. El ritmo de vida en la isla es más lento que en otras partes del mundo.
El acceso se realiza por avión o mediante los pocos cruceros que recalan en la isla; alrededor del 80% de los visitantes son turistas.
La singularidad de Santa Elena y Longwood House reside en su aislamiento y en el sentido de quietud que atraviesa el lugar, donde los jardines y las estancias conservadas permiten evocar los últimos días del emperador.

