La ofensiva militar estadounidense contra Irán no ha disminuido. El Mando Central del Ejército de EE. UU. (Centcom) informó este martes que, desde el inicio de la Operación Furia Épica el sábado 28 de febrero, sus fuerzas han atacado más de 2.000 objetivos en territorio iraní, cifra que representa casi 450 blancos adicionales respecto al balance de las primeras 48 horas. Washington confirmó además, por primera vez en esta campaña, la participación de bombarderos estratégicos B-52, que se suman a los B-1 y B-2 en la operación aérea.
Entre los objetivos alcanzados, según las autoridades estadounidenses, están centros de mando y control, el cuartel general conjunto del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) y el de sus Fuerzas Aeroespaciales, sistemas de defensa antiaérea, silos de misiles balísticos y antibuque, buques y submarinos de la Armada iraní y nodos de comunicación militar. Washington también afirmó haber destruido los once buques de guerra iraníes que estaban desplegados en el golfo de Omán al inicio del conflicto.
Irán ha respondido con ataques con misiles y drones contra Israel y contra instalaciones estadounidenses en la región. El lunes, dos drones alcanzaron la embajada de EE. UU. en Arabia Saudita, provocando un pequeño incendio y daños materiales menores sin víctimas. Como medida de seguridad, Washington anunció el cierre temporal de esa sede y de su embajada en Kuwait, y pidió a sus ciudadanos que abandonaran catorce países de la zona ante lo que calificó de “riesgos graves de seguridad”.
El conflicto registra ya un incremento en el número de víctimas. Seis soldados estadounidenses han muerto desde el inicio de las operaciones. En Irán, la Media Luna Roja reporta 787 fallecidos. En Líbano, el Ministerio de Salud informó que los ataques israelíes causaron 40 muertos y 246 heridos.
La Operación Furia Épica se diferencia de la ofensiva previa denominada Operación Martillo de Medianoche, ejecutada en junio de 2025 contra instalaciones nucleares específicas. La campaña actual, coordinada con Israel —que denominó su parte Operación León Rugiente—, comenzó el 28 de febrero a las 9:45, hora de Teherán, con un alcance más amplio: entre los objetivos iniciales figuró el líder supremo Alí Khamenei, cuya muerte fue confirmada por el Centcom en las primeras horas. Fuentes citadas por Reuters señalaron que más de 40 altos mandos del régimen murieron en los ataques iniciales.
La escalada siguió al fracaso de tres rondas de negociaciones nucleares celebradas en febrero en Omán. El ministro de Relaciones Exteriores de Omán, Badr Al-Busaidi, describió el 27 de febrero un “avance” en las conversaciones; sin embargo, el enviado especial del gobierno de Trump, Steve Witkoff, afirmó que Irán defendió su “derecho inalienable” a enriquecer uranio y rechazó la opción de enriquecimiento cero, alegando que sus reservas al 60% bastarían para fabricar once armas nucleares.
El presidente Trump anunció este martes que los bombardeos continuarán durante varias semanas con el objetivo de destruir el programa de misiles iraní, su marina y sus capacidades nucleares, y advirtió que la “gran oleada” de ataques aún no se había producido. Analistas plantean si la presión militar puede provocar el colapso político de un régimen que lleva cuatro décadas resistiendo sanciones y presiones externas.
El conflicto ha tensionado los mercados energéticos. La Guardia Revolucionaria Islámica declaró el lunes el cierre del estrecho de Ormuz y amenazó con atacar a cualquier buque que intentara cruzarlo. El Centcom cuestionó la efectividad militar del cierre, pero la retirada masiva de aseguradoras interrumpió el tráfico comercial: empresas navieras como Maersk, Hapag‐Lloyd y CMA CGM suspendieron operaciones en la ruta. Por ese estrecho transita aproximadamente el 20% del petróleo consumido diariamente en el mundo, según la Agencia de Información de Energía de EE. UU., y cerca del 19% del gas natural licuado global. El barril Brent subió más de un 9% el lunes, y las tarifas de flete para superpetroleros alcanzaron máximos históricos.

