20 de marzo de 2026
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Cambiar horarios de comida los fines de semana aumenta el riesgo de obesidad en jóvenes

Un estudio científico halló que los jóvenes presentan un mayor riesgo de obesidad cuando alteran los horarios de las comidas durante el fin de semana. La investigación de la Universidad de Barcelona (UB), con 1.106 participantes de entre 18 y 25 años, relacionó la irregularidad en los horarios con un incremento del índice de masa corporal (IMC). Este patrón, denominado eating jet lag, aparece al retrasar o adelantar las comidas respecto a los días laborables.

Según la revista Nutrients, el efecto observado no depende de la calidad de la dieta, del nivel de ejercicio ni del cronotipo de los participantes. Maria Izquierdo Pulido, del Departamento de Nutrición de la UB, explica que el reloj biológico regula el metabolismo y procesa las calorías de forma distinta según la hora del día; comer en horarios atípicos desincroniza al organismo respecto al entorno social y puede favorecer el aumento de peso.

El equipo diseñó el marcador llamado eating jet lag para medir la variabilidad en desayuno, comida y cena durante los fines de semana. Los participantes que presentaron una diferencia de 3,5 horas o más en los horarios de sus comidas mostraron un aumento del IMC de 1,3 kg/m2. El estudio, coordinado por Maria Izquierdo Pulido y Trinitat Cambras, contó además con investigadores del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer y de la Universidad de las Américas Puebla.

Horarios irregulares y metabolismo: impacto en el peso corporal

Las variaciones en los horarios de las comidas alteran el funcionamiento del reloj biológico, que coordina la asimilación y el procesamiento de nutrientes a lo largo del día y prepara al cuerpo para el ayuno nocturno. Según Izquierdo Pulido, mantener un patrón regular permite que se activen las vías metabólicas adecuadas para procesar los alimentos de forma eficiente.

Cuando las comidas se realizan en horarios distintos, los nutrientes pueden desajustar los relojes periféricos —los que están fuera del cerebro— y modificar funciones metabólicas, lo que facilita la acumulación de peso. La falta de sincronía entre el tiempo interno y el social genera una cronodisrupción recurrente los fines de semana y eleva el riesgo de obesidad en quienes cambian sus horarios de ingesta.

Trinitat Cambras, coautora del trabajo, señaló que el reloj biológico actúa como una máquina programada para responder a estímulos en momentos concretos; la desorganización de los horarios de sueño y comida dificulta la homeostasis energética y aumenta la propensión al sobrepeso.

Eating jet lag: un nuevo marcador para la obesidad

El concepto de eating jet lag introduce un marcador novedoso en nutrición que agrupa las variaciones en desayuno, comida y cena durante el fin de semana. Los autores observaron que la asociación entre cambios horarios y aumento del IMC se mantiene incluso al ajustar por actividad física, dieta y cronotipo.

Los investigadores recomiendan considerar la regularidad de los horarios como una herramienta preventiva frente a la obesidad. Aunque las indicaciones habituales se centran en la calidad de la dieta y el ejercicio, este estudio sugiere que el momento de las comidas también es relevante.

Perspectivas futuras y recomendaciones para la salud

El informe destaca la necesidad de estudiar a largo plazo los efectos del eating jet lag en distintas poblaciones. Los expertos plantean que la variabilidad horaria podría afectar de forma crónica la evolución del peso a lo largo de la vida; evaluar su impacto en diferentes edades, contextos y condiciones socioeconómicas ayudará a diseñar estrategias más efectivas contra la obesidad.

La prevención, según los autores, debe incluir no solo dieta y actividad física, sino también la organización estable de los horarios de comida y sueño. Mantener una rutina regular facilita la sincronización del reloj biológico y contribuye a preservar la homeostasis energética.

El grupo de la Universidad de Barcelona concluye que la regularidad alimentaria es un factor clave para el control del peso y la promoción del bienestar, abriendo nuevas líneas de investigación y la posibilidad de pautas nutricionales más completas y personalizadas.

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