22 de enero de 2026
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Daniela Celis llora por su cuerpo tras ser madre

La imagen de Daniela Celis llorando y visiblemente conmovida al hablar de la incomodidad que siente con su cuerpo tras la maternidad abrió un debate sobre la presión estética y la vulnerabilidad en la playa. La influencer contó que, desde que llegó a Pinamar para participar del stream Patria y Familia, de Luzu, no se animó a entrar al mar, poniendo en evidencia el conflicto que muchas mujeres experimentan con su cuerpo posparto.

El programa reunió distintas opiniones sobre la exposición del cuerpo femenino y la mirada social. Fede Popgold inició la discusión señalando el alto grado de exposición que, especialmente las mujeres, tienen en la playa y que se ha naturalizado, destacando la exigencia de mostrarse conforme a lo que espera el entorno.

Cami Mayans aportó su visión sobre la presión publicitaria y la comparación que imponen las marcas. Comentó que, a veces, las campañas incentivan a mostrarse más pero al mismo tiempo envían mensajes como “cuidate las estrías y la piel”, lo que puede hacer que quien antes no prestaba atención empiece a notar estrías o celulitis e incorpore nuevas inseguridades con el paso de los años.

Anita Espósito compartió que la inseguridad corporal la llevó a rechazar invitaciones a la playa o la pileta: no tenía la valentía ni la comodidad para exponerse y por eso evitaba esas situaciones. Añadió que construir una relación sana con el propio cuerpo exige un trabajo sostenido.

Desde otra perspectiva, Lucas Spadafora recordó que los juicios no desaparecen: siempre hay algo que comentar sobre un cuerpo. En su caso, dijo, la crítica fue por estar demasiado flaco, con su entorno interpretándolo como un problema de salud cuando en realidad era su contextura. Subrayó que la crítica afecta a cualquiera, independientemente del tipo de cuerpo.

El panel debatió cómo los modelos de perfección refuerzan la comparación constante. Popgold señaló que se impone un modelo de referencia —como el de figuras públicas— que hace que todos encuentren motivos para sentirse insuficientes, ilustrando la presencia continua de estándares poco realistas en la vida cotidiana.

En ese marco, la intervención de Daniela Celis fue directa y emotiva. Explicó entre lágrimas que su cuerpo cambió mucho desde que fue madre y que no se siente cómoda con esos cambios. Contó que, desde su llegada, no se metió al mar y que tiene marcas propias del embarazo, como cicatrices por cesárea, estrías y celulitis, tras haber pasado por dos embarazos.

Celis describió cómo los cambios físicos y la exposición diaria le afectan: cuando se amamanta, los pezones pueden modificarse y eso plantea dudas sobre qué traje de baño elegir, qué cubrir y qué le queda bien. Dijo que su inseguridad la llevó a evitar las fotos: por ejemplo, el día anterior estuvo tomando sol una hora y no permitió que le sacaran fotos porque no se sentía cómoda y prefería irse.

Tras su testimonio, el equipo respondió con comprensión. Juli Castro resaltó que estos sentimientos son muy comunes y especialmente entendibles después de un parto doble: fuera se puede percibir belleza y actitud, pero desde adentro la percepción es distinta y puede resultar abrumadora, por lo que esa angustia también es normal.

Las lágrimas y el relato de Celis expresaron la experiencia de muchas mujeres que, luego de ser madres, enfrentan dificultades para sentirse a gusto con su cuerpo frente a la mirada ajena. Su sinceridad visibilizó una vivencia silenciosa que se repite en la playa y en la vida cotidiana, poniendo en evidencia la necesidad de mayor empatía y reflexión sobre los estándares estéticos.

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