22 de marzo de 2026
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Irán apunta a Europa tras lanzar misiles contra Diego García

Irán lanzó esta semana dos misiles balísticos de alcance intermedio contra la base conjunta estadounidense-británica de Diego García, en el océano Índico, mostrando capacidades militares superiores a las estimadas por muchos analistas y, por primera vez, poniendo ciudades europeas dentro del posible radio de alcance de su arsenal.

El ataque se produjo en las primeras horas del viernes y fue el primero en el que Teherán empleó misiles de esta categoría. Uno de los proyectiles falló en vuelo y el otro fue interceptado por un destructor estadounidense que disparó misiles SM-3 desde posiciones cercanas a la base. Ninguno impactó en el objetivo, pero el lanzamiento modificó la percepción estratégica del conflicto.

La distancia entre Irán y Diego García supera los 4.000 kilómetros, una cifra comparable a la separción entre Teherán y ciudades como Londres o París. Hasta ese momento, las autoridades iraníes habían afirmado públicamente que el alcance máximo de sus misiles no superaba los 2.000 kilómetros, por lo que el ataque contradice esa declaración.

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Analistas citados por The Wall Street Journal indicaron que la complejidad técnica de esos misiles sugiere una preparación previa al inicio de la guerra, ya que habría sido difícil completar ese desarrollo bajo los bombardeos recientes. Algunos expertos plantean la posibilidad de que Irán haya adaptado un lanzador espacial civil para uso militar.

Jeffrey Lewis, especialista en control de armamentos del Instituto Middlebury, advirtió que el hecho marca un punto de no retorno: “Irán tiene misiles balísticos de alcance intermedio”, afirmó, y añadió que cruzar esa línea incrementa el riesgo de que el régimen reevalúe también su postura sobre el desarrollo de armas nucleares, programa que Teherán niega pero que el conflicto podría acelerar.

Danny Citrinowicz, exresponsable del análisis sobre Irán en la inteligencia militar israelí, subrayó el significado político del lanzamiento además del técnico, señalando que muestra un proceso de toma de decisiones más extremo y una menor inclinación a la prudencia en las respuestas militares.

Farzin Nadimi, investigador sobre Irán en el Washington Institute, añadió que persisten dudas sobre si los misiles habrían alcanzado efectivamente Diego García, dado que ninguno impactó. Construir misiles de largo alcance y funcionamiento fiable es técnicamente complejo por las tensiones extremas que sufren durante el vuelo, explicó.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, retomó estas conclusiones durante una visita a Arad, donde un misil iraní impactó en un barrio residencial sin ser interceptado. Desde el lugar, afirmó que el lanzamiento demostró la capacidad de alcanzar objetivos a unos 4.000 kilómetros y advirtió que ahora Irán puede llegar “profundamente a Europa”.

Netanyahu agregó que Irán “está poniendo a todos en su mira”, en referencia también al bloqueo del estrecho de Ormuz, y afirmó que con esas acciones el régimen corta una ruta marítima internacional y una ruta energética, y trata de presionar al resto del mundo.

Durante la visita, el primer ministro llamó a los líderes internacionales a sumarse a la ofensiva conjunta israelí-estadounidense contra Irán, señalando que ve indicios de apoyo en algunos países pero que se necesita una respuesta más amplia, sin especificar qué países ni en qué funciones. El presidente Donald Trump, por su parte, ha manifestado su frustración por la limitada respuesta internacional.

El Ejército israelí publicó en redes sociales un mapa con el supuesto radio de acción de los misiles iraníes, ubicando a Londres, París y Berlín dentro del alcance, y calificó al régimen iraní como “una amenaza global”. El comunicado recordó que en junio de 2025, durante la Operación León Naciente, Israel había advertido sobre el desarrollo de estos proyectiles, advertencia que en su momento Teherán negó.

El Reino Unido respondió ampliando el acceso estadounidense a sus bases en todo el mundo para operaciones contra Irán. El Ministerio de Defensa británico consideró los ataques como “una amenaza para los intereses británicos y sus aliados”. El canciller iraní, Abbas Araghchi, advirtió a Londres que permitir el uso de sus instalaciones equivale, en su opinión, a “participar en la agresión”.

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