24 de marzo de 2026
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Vivir en democracia

Quienes nacimos después de 1983 solemos considerar la democracia como algo natural, pero en realidad es una construcción histórica, conflictiva y frágil. Votar, opinar, protestar o debatir en público nos parecen hechos normales, cuando en verdad son conquistas obtenidas por quienes lucharon para garantizar esos derechos.

Mi generación, nacida a principios de los 90, no vivió el terrorismo de Estado, pero sí sufrió sus consecuencias: la búsqueda de bebés desaparecidos, el reclamo por memoria, verdad y justicia, y las secuelas económicas, sociales y culturales de la dictadura cívico-militar. Un legado persistente de ese periodo se resume en la consigna: “preocúpate solo por vos, no opines ni te metas en política”.

Involucrarse en política, es decir, preocuparse por el otro, es un acto democrático. Tener memoria no implica quedarse anclado en el pasado, sino reconocer lo ocurrido para evitar su repetición: el robo de identidad, la privación ilegítima de la libertad, la tortura, la intolerancia hacia el que piensa distinto y la imposición por la fuerza de modelos económicos que benefician a una minoría.

Quienes nacimos en democracia no elegimos la herencia recibida, pero sí decidimos qué hacer con ella. En un debate público marcado por los insultos y los discursos de odio, defender la democracia exige más que votar cada dos años: implica cuidar la palabra pública, aceptar el disenso y entender que quien piensa distinto no es un enemigo a eliminar.

Además, como sociedad debemos asumir que preservar el orden democrático pasa por fortalecerlo: incluir a los excluidos, atender y resolver las demandas de los marginados y establecer un orden colectivo basado en la igualdad y la justicia social.

A 50 años del golpe cívico-militar, recordar el 24 de marzo de 1976 no es una efemérides, sino un acto de conciencia democrática. Hoy el desafío es ponerle un límite a la degradación de la democracia, visible en la retórica intolerante y en la indiferencia del “sálvese quien pueda”. Nacer en democracia es una herencia histórica; vivir en democracia es una decisión colectiva cotidiana.

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