1 de abril de 2026
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Familias y ONG exigen cifras oficiales de autismo en la Semana Azul

La Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA) se transformó en el punto de encuentro de una iniciativa que involucra a familias, escuelas y comunidades de todo el país: comenzó la Semana Azul, la campaña nacional dedicada a visibilizar el autismo.

Hoy, desde las 10 de la mañana, especialistas, familias, organizaciones y autoridades se reúnen en la sede para participar de la jornada “Miradas que conectan”.

Del 30 de marzo al 5 de abril, la Semana Azul propone una agenda que articula a organizaciones sociales, instituciones educativas y grupos familiares en torno al Día Mundial de Concientización sobre el Autismo, que se conmemora el 2 de abril.

Este primer encuentro en la Facultad de Derecho, impulsado por la asociación civil TEActiva, funcionará tanto como espacio de reflexión como plataforma de reclamo: las ONG firmarán un documento conjunto para exigir al Estado argentino la elaboración de estadísticas oficiales sobre el autismo, una demanda reiterada por quienes conviven con el trastorno del espectro autista (TEA) y necesitan datos para orientar políticas públicas.

El mensaje inicial de la Semana Azul es claro: en Argentina falta información oficial confiable sobre la población con TEA. Actualmente se registra que 148.710 personas cuentan con certificado de discapacidad por autismo, una cifra parcial que no permite evaluar con precisión el alcance del fenómeno ni diseñar respuestas públicas eficaces.

El inicio de una primera jornada potente

La primera mesa comenzó a las diez con un panel de especialistas coordinado por Daniela Blanco, directora editorial de Infobae. Intervinieron Christian Plebst, médico psiquiatra infantojuvenil (MN 81.138); Verónica Martorello, profesora de Educación Especial en discapacidad intelectual (ISPEE) y magíster en integración de personas con discapacidad a la comunidad (Universidad de Salamanca); y Genoveva Ferrero, subsecretaria General de Administración y Presupuesto en el Consejo de la Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires y madre de un niño con TEA.

Plebst advirtió sobre el riesgo de abordar el autismo y otras dificultades del desarrollo infantil desde paradigmas fragmentados u obsoletos, y planteó que soluciones cortoplacistas suelen generar nuevos problemas a futuro. Señaló la necesidad de que los adultos desarrollen una “capacidad de observación reflexiva sobre el presente y sobre sí mismos”.

Según Plebst, debates sobre el uso de pantallas o sobre determinadas intervenciones terapéuticas solo tienen sentido si se parte del “estado de presencia adulta”. En sus palabras: “El gran desafío de las ideologías es que nos separan, no importa cuán verdadera sea”, y lo fundamental es que el adulto pueda “corregular su estado emocional congruentemente de pensamiento, palabra y acción ante un niño”.

El especialista advirtió que, en ocasiones, etiquetar como autismo dificultades transitorias en la integración sensorial, afectiva o cognitiva puede ocultar la necesidad real del niño: contar con un entorno adulto emocionalmente coherente. Explicó que algunos casos responden a tiempos y ritmos distintos para integrar la experiencia vital, más que a una condición única que se deba tratar de la misma manera en todos los casos.

Sobre la plasticidad cerebral, Plebst resaltó la relevancia de los primeros seis años de vida, cuando el desarrollo depende estrechamente de la calidad de los vínculos. Criticó la fragmentación de los tratamientos y remarcó que lo esencial es la capacidad del entorno adulto para autorregular la atención y el afecto, ajustándose a la zona de desarrollo próximo de cada niño.

El médico sostuvo que la cultura contemporánea privilegia vías sensoriales visuales y auditivas, mientras desconecta aspectos sensoriales y motrices, lo que puede provocar comportamientos que se catalogan como autismo. “El cuerpo está lleno de energía, pero no lo puede comunicar, no lo puede integrar”, afirmó, y añadió que a veces el diagnóstico oculta problemas como apraxias o dislexias.

Plebst pidió un cambio de paradigma: frente a un crecimiento acelerado del conocimiento —“cada seis horas se duplica el conocimiento humano”, dijo— las decisiones deben basarse en la observación atenta del presente más que en recetas heredadas. Subrayó que el cuerpo es el punto de presencia y que hoy se avanza hacia una metacognición que integra sentir y pensar.

A las 11:30 habló el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri. Más adelante, las organizaciones promotoras de la Semana Azul firmarán el documento conjunto para exigir al Estado la elaboración de estadísticas oficiales sobre autismo.

Para visibilizar la iniciativa, el viernes pasado el Obelisco se iluminó de azul. Esa señal, replicada en otras provincias, busca instalar la temática en la agenda pública y transformar la percepción social del autismo en todo el país.

Como señaló Plebst, “lo que llamamos autismo es un punto de llegada al que se puede arribar por múltiples caminos: causas biológicas, genéticas, congénitas, ambientales y sociales”. El especialista advirtió además el crecimiento sostenido de los diagnósticos y afirmó que su aumento puede considerarse de magnitud muy significativa.

Hoy, en Argentina uno de cada 31 niños recibe un diagnóstico de TEA, una cifra que aumentó más del 400% en dos décadas. Para los organizadores, el desafío es que las diferencias sean respetadas e integradas de manera cotidiana.

La programación de la Semana Azul incluye intervenciones urbanas, campañas en redes sociales y actividades culturales, educativas y deportivas. Organizaciones como Respirar Comunidad y Beff Blue Elephant Foundation participan para promover la inclusión en clubes y espacios masivos, con el objetivo de promover una transformación cultural efectiva.

El color azul elegido como emblema remite al mar, con sus momentos de calma y sus tormentas, y simboliza los desafíos y aprendizajes diarios de las personas con autismo y sus familias.

Con la apertura en la Facultad de Derecho no solo comienza una serie de actividades: se renueva un llamado a la empatía, la integración y el respeto.

“El movimiento de Semana Azul nació por la necesidad de darle visibilidad al Autismo. Para eso nucleamos muchas actividades generadas por familias del autismo, empresas y gobierno. Cada quien participando con creatividad: iluminando edificios emblemáticos de azul, organizando capacitaciones al personal, realizando eventos especiales, y generando presencia en medios de comunicación”, destacan desde el sitio oficial.

El año pasado se realizaron diversas actividades que consolidaron la semana. En esta tercera edición consecutiva los organizadores buscan ampliar el alcance y convocan a crear nuevas iniciativas.

La campaña recuerda que el autismo no es solo una condición clínica: es también una invitación a construir una sociedad inclusiva donde nadie quede excluido y la convivencia sea base de mayor justicia y solidaridad.

(En desarrollo)

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