Patricio Zunini inició la conversación con Rebeca Anijovich recordando la típica frase “¡Saquen una hoja!” y la ansiedad que suele provocar el momento de una prueba, planteando así el eje de la entrevista sobre evaluación y educación.
Rebeca Anijovich, quien se define como una apasionada de la educación, es autora de obras relevantes para pensar la formación docente y educativa. Su trabajo e investigación tienen presencia e influencia en países como Argentina, Brasil, Perú y Uruguay.
La evaluación es un tema en permanente debate y la llegada de la inteligencia artificial (IA) a aulas de todos los niveles plantea nuevos retos y oportunidades. Este es el foco del episodio del podcast de la solución educativa Ticmas.
Velocidad, uso y validación de la caja negra
Para Anijovich, la IA constituye una nueva capa en una reflexión ya constante sobre la evaluación. Las preguntas han cambiado: en la universidad, por ejemplo, interesa certificar qué aprendió la persona que va a salir al mundo laboral. Además, la velocidad de avance de la IA obliga a revisar decisiones con frecuencia.
No se trata ya de prohibir o permitir su uso; esa fue la primera discusión. Hoy estudiantes y docentes utilizan IA con propósitos distintos: el docente puede pedir y luego validar lo que la herramienta ofrece. Cuando un estudiante presenta un trabajo asistido por IA, la primera pregunta es si puede validarlo y explicarlo. Por eso es importante enseñar su uso en clase.
También destacó la importancia del diálogo presencial sobre el proceso: pedir al estudiante que cuente cómo llegó a un resultado ayuda a desarrollar habilidades de pensamiento. Señaló, además, la necesidad de transparencia y criterios éticos en el uso de estas herramientas; por ejemplo, ella y su co-docente decidieron devolver trabajos prácticos sin recurrir a IA para asegurar la evaluación humana del proceso.
Anijovich no se muestra preocupada únicamente por si la IA produjo el trabajo, sino por la capacidad del estudiante para defenderlo, explicar sus pasos y justificar sus conclusiones. También subrayó la importancia de analizar qué hay detrás de la “caja negra” de la IA: quiénes desarrollan las plataformas, cuáles son sus intereses y sus sesgos.
El valor de la heterogeneidad del saber en el aula
La especialista afirmó que las disciplinas mantienen su valor: para formar médicos o ingenieros es necesario el saber disciplinar y la experiencia docente para identificar las dificultades de aprendizaje. El rol del docente sigue siendo central en esa transmisión de saberes.
Al mismo tiempo, destacó que el aprendizaje ya no es un proceso unidireccional: los estudiantes aportan conocimientos y experiencias que enriquecen la dinámica en el aula.
Respecto a las evaluaciones estandarizadas, reconoció su utilidad para definir políticas educativas y los perfiles de ciudadanía y profesional que se desean formar. Sin embargo, señaló que el gran desafío es la evaluación en el aula: dejar atrás la práctica de “saquen una hoja” y repeticiones memorísticas que ya no resultan adecuadas.
La evaluación, en su visión, debería ser una instancia en la que el estudiante muestre con orgullo lo que diseñó, creó o resolvió con ese conocimiento. Si unas producciones difieren de otras, eso no debiera ser motivo para exigir uniformidad; la diversidad de formas de demostrar aprendizajes es una parte valiosa del proceso.
El miedo a la evaluación
Anijovich recordó que la mayoría de las personas asocia la evaluación con experiencias negativas, que incluyen vergüenza o humillación. Esa memoria histórica condiciona la actitud frente a la evaluación.
Advertió que no todos los errores son iguales: confundir falta de atención con errores de comprensión conduce a conclusiones distintas sobre el aprendizaje. Los errores permiten entender cómo piensa el estudiante. Frente a la resistencia acumulada por prácticas evaluativas punitivas, es necesario repensar la cultura de la evaluación.
La evaluación no debería usarse para castigar ni para exponer faltas de comportamiento. Cambiar esa tradición no es sencillo, pero es imprescindible para que la evaluación cumpla su función formativa.
Formar evaluadores en diversidad
Anijovich sostuvo que la evaluación se trabaja poco en la formación docente. A veces aparece como materia teórica o de modo transversal, pero falta práctica: muchos docentes conocen otras maneras de evaluar en teoría, pero no reciben acompañamiento concreto para implementarlas en la escuela.
Considera a la IA como un buen asistente para docentes, siempre que se sepa formular las preguntas y validar los resultados, teniendo en cuenta quiénes son los estudiantes y qué se enseñó previamente. Por ahora, la intervención humana —las decisiones, el diálogo y la mediación docente— sigue siendo esencial.
Recordó que las evaluaciones de décadas pasadas mantuvieron un sesgo hacia la memorización, pero que ya existen muchas experiencias que rompen ese paradigma. La IA, además, empuja a repensar el sentido de la evaluación hacia formatos más constructivos y rigurosos. Finalmente, expresó la esperanza de que la evaluación deje de ser una fuente de malestar y pase a ser una oportunidad para mostrar y comprender lo que cada estudiante sabe y puede hacer.



