4 de abril de 2026
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Hallan muerto a un enfermero en Palermo con ampollas de propofol y fentanilo

Un enfermero de 44 años fue hallado muerto este viernes en un departamento del barrio de Palermo. En la vivienda la Policía encontró numerosos medicamentos de uso hospitalario. El caso se conoció en una semana marcada por repercusiones en el ámbito médico por investigaciones sobre fiestas con anestésicos, una muerte vinculada al consumo de esas sustancias y el faltante de fármacos en un hospital privado de la Ciudad.

El descubrimiento se produjo el viernes por la tarde, alrededor de las 16:10, tras un llamado al 911 que alertó sobre un hombre que no respondía a mensajes ni llamadas de su familia desde hacía varios días.

Según fuentes policiales consultadas por la prensa, el operativo se realizó cerca de las 16 en un edificio ubicado en Fray Justo Santa María de Oro 2400.

La hermana del enfermero, que vive en Gualeguaychú, llegó al lugar luego de varios días sin noticias; había intentado comunicarse desde el lunes sin obtener respuesta.

También concurrió la locataria del inmueble, quien entregó una copia de la llave para permitir el ingreso.

Al abrir la puerta, los efectivos encontraron al hombre sentado en una silla del comedor, sin signos vitales. En el interior se hallaron múltiples medicamentos de uso hospitalario, más de 50 ampollas, jeringas, guantes de látex y tres teléfonos celulares.

Entre los fármacos encontrados en la cocina se localizaron ampollas de propofol, lidocaína, difenhidramina, dipirona, hioscina, fentanilo, diclofenac, clonazepam, midazolam, dexametasona, adrenalina, haloperidol, metoclopramida, diazepam, ketorolac, cloruro de potasio, ceftriaxona, penicilina y succinilcolina, entre otros.

Los elementos secuestrados quedaron bajo resguardo para su análisis dentro de la causa, que quedó a cargo de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°21, a cargo del fiscal Carlos Alberto Vasser.

Los familiares reconocieron al fallecido y la Policía investiga si el enfermero estaba acompañado en el momento de su muerte.

El otro hecho que conmocionó al ámbito médico esta semana ocurrió el 20 de febrero, cuando fue hallado sin vida el médico anestesista Alejandro Zalazar, también en un departamento de Palermo.

La autopsia determinó que la causa del fallecimiento de Zalazar fue una congestión y edema pulmonar y meningoencefálico provocados por el consumo de propofol y fentanilo.

A raíz de ese caso, el Hospital Italiano denunció el faltante de medicamentos y abrió una investigación interna; seis días después formalizó la denuncia ante la Justicia.

La causa por la muerte de Zalazar se tramita bajo la figura de averiguación de muerte dudosa y está a cargo de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°6. Las autoridades buscan determinar si el deceso está vinculado a fiestas privadas donde se consumían drogas hospitalarias o a la presunta comercialización de “viajes controlados” bajo supervisión profesional.

La investigación sobre el robo y el uso indebido de medicamentos apunta a dos médicos: Hernán Boveri, anestesiólogo con experiencia en jornadas científicas, y Delfina Lanusse, residente de tercer año en el Hospital Italiano. Ambos fueron imputados e indagados por el juez Martín Sánchez Sarmiento y tienen prohibición de salir del país.

La Justicia ordenó allanamientos en los domicilios de los profesionales y en la sede de la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (AARBA), donde se secuestró documentación relacionada con los hechos.

El Hospital Italiano apartó a los médicos implicados de sus funciones y reforzó los controles internos sobre la administración y custodia de medicamentos. La institución informó que, al detectar irregularidades, presentó la denuncia correspondiente y adoptó medidas preventivas.

En el curso de la investigación, se detectó la existencia de eventos conocidos como “Propofest” o “Fiesta del propofol”, en los que un reducido grupo de médicos habría participado en reuniones privadas para consumir anestésicos con fines recreativos y sexuales.

En esos encuentros los organizadores ofrecían “viajes controlados” y empleaban bombas de infusión para ajustar la dosis de las drogas. Especialistas consultados alertaron sobre los riesgos de usar propofol y fentanilo fuera del ámbito hospitalario, ya que pequeñas variaciones en la dosificación pueden provocar depresión respiratoria o paro cardíaco.

La causa por administración fraudulenta sigue en instrucción y el teléfono celular de Zalazar se encuentra bajo peritaje del Ministerio Público Fiscal, con el objetivo de obtener información sobre comunicaciones, encuentros y posibles responsables adicionales.

Hasta el momento, Boveri y Lanusse son los únicos imputados en el expediente.

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