10 de abril de 2026
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Seis olas de calor recientes superaron umbrales letales para humanos

Un equipo internacional de investigadores ha concluido que olas de calor extremas en 2024 superaron umbrales considerables de peligrosidad y generaron condiciones incompatibles con la supervivencia humana en ciertos contextos.

La investigación, dirigida por la profesora Sarah Perkins-Kirkpatrick de la Universidad Nacional Australiana (ANU), subraya la urgencia de adaptar infraestructuras y priorizar la protección de los grupos más vulnerables, según reporta Nature Communications.

El análisis se apoyó en el modelo HEAT-Lim, desarrollado conjuntamente por la Universidad de Sídney y la Universidad Estatal de Arizona. Con esta herramienta, los autores identificaron que en seis olas de calor —La Meca (Arabia Saudita) y Bangkok (Tailandia) en 2024, Phoenix (EE. UU.) en 2023, Mount Isa (Australia) en 2019, Larkana (Pakistán) en 2015 y Sevilla (España) en 2003— se excedieron límites letales de temperatura y humedad pese a no alcanzar el umbral teórico de 35 °C de temperatura de bulbo húmedo que hasta ahora se consideraba la barrera fisiológica para la supervivencia.

En cinco de esos episodios la mortalidad fue elevada: en al menos cinco eventos se registraron alrededor de 1.000 muertes vinculadas a la ola de calor; Mount Isa fue la excepción, con una mortalidad menor, según detalla el estudio en el que también participaron investigadores de la Universidad de Sídney.

Durante las últimas décadas la temperatura de bulbo húmedo se ha usado como indicador de la tolerancia humana al calor porque refleja la mínima temperatura alcanzable por evaporación del sudor. HEAT-Lim introduce una revisión importante: al incorporar limitaciones fisiológicas reales, muestra que los umbrales de supervivencia prácticos pueden ser inferiores a los estimados previamente.

Perkins-Kirkpatrick señala que el modelo detectó condiciones catalogadas como mortales aun cuando las lecturas de bulbo húmedo estaban por debajo de 35 °C, y que las superaciones de límites letales fueron especialmente frecuentes entre las personas mayores de 65 años expuestas al sol. La investigadora advierte además que entornos muy calurosos y secos pueden ser tan peligrosos como los calientes y húmedos.

Las olas analizadas implicaron condiciones meteorológicas extremas: las máximas de bulbo seco variaron entre 41,53 °C (Mount Isa) y 46,73 °C (Phoenix), mientras que las máximas de bulbo húmedo oscilaron entre 24,32 °C (Phoenix) y 30,85 °C (Larkana). Los eventos se registraron en regiones de Oriente Medio, sur de Asia, Centroamérica, Australia e India/Pakistán, y las personas mayores de 65 años enfrentaron un riesgo fisiológico extremo, sobre todo si carecieron de sombra o sistemas de refrigeración.

El análisis regional revela un problema global: la ola de 2003 en Sevilla fue un hito para el Mediterráneo; la crisis de 2015 en Larkana evidenció la vulnerabilidad en el sur de Asia; y el récord de Phoenix en 2023 ilustra los desafíos de ciudades del hemisferio norte. Las olas de 2024 en Bangkok y La Meca, con al menos 1.000 muertes documentadas en cada caso, muestran el impacto en áreas densamente pobladas.

Calor extremo y vulnerabilidad

Perkins-Kirkpatrick, del Centro de Excelencia para el Clima del Siglo XXI de la ANU, subraya que los datos cuestionan la percepción común sobre el riesgo del calor: muchas personas temen las olas de calor futuras, pero la investigación indica que ya se han producido condiciones incompatibles con la supervivencia en episodios actuales.

El profesor Ollie Jay, director del Centro de Investigación sobre Calor y Salud de la Universidad de Sídney, advierte que la vulnerabilidad humana empeorará con el calentamiento global. Señala que el riesgo es particularmente alto para personas mayores, embarazadas, menores, pacientes con enfermedades crónicas y quienes no tienen acceso a refrigeración adecuada por razones de infraestructura o económicas.

Jay enfatiza la importancia de medidas de adaptación al calor y la humedad extremos: facilitar el acceso a sombras, diseñar edificios con refrigeración pasiva, instalar ventiladores y promover prácticas sencillas como humedecer la piel para mejorar la evaporación y el enfriamiento corporal.

Ante el aumento en intensidad, frecuencia y duración de las olas de calor, el Secretario General de la ONU, António Guterres, pidió el 25 de julio de 2024 reforzar la cooperación internacional. Según la ONU, más del 70 % de la población activa mundial —aproximadamente 2.400 millones de personas— está en alto riesgo por el calor extremo.

Guterres propone centrar esfuerzos en cuatro áreas: proteger a los más vulnerables; garantizar la seguridad de los trabajadores expuestos; fortalecer la resiliencia de economías y sociedades con ciencia y datos; y limitar el calentamiento global a 1,5 °C, para lo cual considera necesario eliminar progresivamente los combustibles fósiles y aumentar la inversión en energías renovables.

Los estudios coordinados por la ANU y la Universidad de Sídney muestran que los límites fisiológicos humanos frente al calor y la humedad dependen de combinaciones de condiciones que afectan la capacidad de enfriamiento por sudoración, no solo de la temperatura aislada.

El trabajo analizó seis olas de calor extremas entre 2003 y 2024 en ciudades de Arabia Saudita, Tailandia, Estados Unidos, Australia, Pakistán y España. En cinco de esos eventos hubo al menos mil muertes. La conclusión principal es que los umbrales mortales pueden alcanzarse a temperaturas y humedades inferiores a las estimadas anteriormente, lo que indica que los impactos graves del cambio climático ya se están manifestando y afectan a miles de millones de personas.

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