10 de abril de 2026
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Estrecho de Ormuz: 35 millones de años de tectónica y rutas petroleras

En el corazón de Oriente Medio, el Estrecho de Ormuz es a la vez un paso marítimo estratégico para el comercio energético mundial y un rasgo geológico singular. National Geographic señala que su origen y configuración se deben a la colisión de placas tectónicas que modeló la región y condiciona su importancia económica.

Situado entre el golfo Pérsico y el golfo de Omán, el estrecho tiene apenas 48 kilómetros de ancho y por él transita aproximadamente el 25% del petróleo transportado por mar a nivel mundial, lo que lo convierte en un punto clave para el suministro energético global.

Este corredor separa la península de Musandam, en Omán, del sur de Irán. Se formó hace unos 35 millones de años como resultado del choque entre las placas arábiga y euroasiática, un proceso tectónico que todavía influye en el relieve de la zona.

La región es relevante tanto por su papel geopolítico como por sus características geológicas: la colisión tectónica originó montañas escarpadas, depósitos de hidrocarburos y rasgos típicos como ophiolitas y domos de sal, según el citado medio. Cualquier perturbación en este estrecho tiene efectos inmediatos sobre el comercio energético y los mercados internacionales.

Formación geológica del Estrecho de Ormuz

El Estrecho de Ormuz surgió tras la colisión entre la placa arábiga y la euroasiática hace unos 35 millones de años. Mark Allen, jefe de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Durham, citado por National Geographic, explica que los efectos de estos choques perduran decenas de millones de años.

La presión de la colisión provocó el acortamiento y engrosamiento de las placas, dando origen a las montañas Zagros en Irán. Según Allen, el proceso también causó el hundimiento parcial de la placa arábiga, formando el golfo Pérsico y la depresión que hoy constituye el Estrecho de Ormuz.

Al finalizar la última glaciación, hace unos 20.000 años, el aumento del nivel del mar inundó valles y depresiones, conectando áreas que antes eran transitables y configurando el paso marítimo actual.

Paisaje, minerales y riqueza petrolera

La colisión continental dejó paisajes llamativos. Al norte, las montañas Zagros exhiben estratos de arenisca, lutita y caliza resistente, que conforman relieves pronunciados.

Allen señala que Zagros es un destino privilegiado para geólogos estructurales, donde se pueden estudiar grandes extensiones de la misma unidad rocosa y observar formaciones desde imágenes satelitales.

Entre los rasgos destacados están los domos y “glaciares” de sal, formados cuando la sal profunda asciende y fluye sobre la superficie como masas de roca. En la península de Musandam, las montañas Al Hajar contienen una de las colecciones más importantes de ophiolitas del mundo, fragmentos de corteza y manto oceánico expuestos por choques tectónicos ocurridos entre 95 y 60 millones de años atrás.

Mike Searle, profesor de Ciencias de la Tierra en la Universidad de Oxford, afirmó a National Geographic que se trata del mejor complejo de ophiolitas a nivel global.

La misma tectónica que creó estos relieves favoreció la acumulación de materiales orgánicos y, con el tiempo, la formación de grandes yacimientos de petróleo y gas bajo Irán, Iraq y partes de Siria. Allen destaca la magnitud de esas reservas y su capacidad para sostener la producción durante décadas.

Gran parte de esa producción depende del tránsito a través del Estrecho de Ormuz, lo que refuerza la posición estratégica de la zona en el mercado energético internacional.

El futuro del Estrecho de Ormuz

Aunque la región parece estable, continúa en movimiento. Estudios liderados por Searle en 2014 documentaron que la península de Musandam avanza lentamente hacia el norte.

Si esta dinámica continúa, la presión tectónica reducirá gradualmente la anchura del estrecho. No obstante, los expertos citados por National Geographic coinciden en que estos cambios ocurren en escalas de tiempo geológicas que superan los 10 millones de años, por lo que el paso seguirá disponible para el transporte energético durante un futuro muy prolongado.

En resumen, pese al proceso de cierre geológico a largo plazo, la escala temporal de la Tierra asegura que el Estrecho de Ormuz continuará siendo un corredor estratégico entre los golfos asiáticos durante milenios.

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