12 de abril de 2026
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Antisemitismo del régimen iraní como política de Estado

Mientras la República Islámica de Irán vuelve a ocupar un lugar central en un conflicto regional en expansión, existe una dimensión que merece atención sostenida: el antisemitismo del régimen no se limita a expresiones retóricas o a posturas ideológicas aisladas; está institucionalizado y respaldado por estructuras estatales.

Teherán no sólo ha difundido discursos antijudíos, sino que ha incorporado ese discurso a instituciones y mecanismos de Estado y lo ha exportado mediante propaganda, incitación, apoyo a grupos armados y operaciones por terceros. Esa hostilidad se manifiesta en políticas, medios y acciones violentas.

La campaña antisemita del régimen se inició tras la revolución de 1979. El 9 de mayo de 1979, el dirigente y filántropo judío Habib Elghanian fue ejecutado tras un juicio sumario, acusado de “espionaje sionista”. Su ejecución provocó conmoción en la comunidad judía iraní y un éxodo que redujo drásticamente su población, de unas 80.000 personas antes de la revolución a menos de 10.000 posteriormente. Desde entonces, se han documentado múltiples ejecuciones de judíos en Irán.

Los programas educativos estatales contienen material antisemita que presenta a los judíos como enemigos conspirativos y recurre a estereotipos sobre supuesta codicia o deslealtad. En 2025, según informes, el régimen forzó la participación de judíos iraníes en manifestaciones progubernamentales contra Israel y el sionismo, mientras medios oficiales promovían la negación del Holocausto y citaban escritos de figuras como Adolf Hitler sobre los judíos.

La negación del Holocausto ha formado parte de la política pública iraní en distintos momentos. En diciembre de 2005, el entonces presidente Mahmoud Ahmadinejad calificó el Holocausto de “mito”. En 2006, el Ministerio de Exteriores organizó una conferencia internacional de negación del Holocausto con participantes de varios países, y el régimen ha patrocinado concursos internacionales de caricaturas sobre el Holocausto en 2006, 2016 y 2020 a través de entidades culturales estatales.

El Estado iraní mantiene medios en diversos idiomas destinados a difundir su narrativa antisemita a nivel internacional. Press TV, creado en 2007, se dirige a audiencias anglófonas con teorías conspirativas antisemitas, negación del Holocausto y entrevistas polémicas. Un informe conjunto de 2023 de la ADL y el Center for Countering Digital Hate evaluó el alcance de Press TV y calificó proyectos como “Palestine Declassified” como operaciones de desinformación y odio patrocinadas por un Estado extranjero.

En febrero de 2026 la ADL reportó que HispanTV, el canal en español vinculado a Irán con un alcance potencial amplio, intensificó su contenido antisemita tras los hechos del 7 de octubre de 2023. El informe indicó que el medio reutilizó teorías sobre un supuesto poder judío global, promovió conspiraciones sobre el control “sionista” de instituciones, difundió libelos de sangre, equiparó el sionismo con el nazismo y enalteció a organizaciones como Hamás y Hezbollah.

Las marchas del denominado Día de Quds, instauradas por el ayatolá Jomeini en 1979, funcionan como plataforma de movilización e incitación. En Teherán y en otras ciudades del mundo, estas manifestaciones han incluido consignas hostiles hacia Israel y Estados Unidos, la glorificación de grupos aliados del régimen y la difusión de teorías conspirativas antisemitas.

El “Centro de Estudios Judíos” de Irán, creado en 2016, ha publicado numerosos artículos, informes, libros y materiales audiovisuales con un carácter denunciado como antisemita, en lo que ha sido interpretado como un intento de dar apariencia académica o institucional a la negación del Holocausto y a la línea ideológica oficial.

El antisemitismo del régimen trasciende la propaganda: a través de la Guardia Revolucionaria Islámica y su Fuerza Quds, Irán ha financiado y asesorado a redes de grupos proxy cuya ideología incluye el rechazo a Israel y posiciones antijudías, entre ellos Hezbollah en Líbano, Hamás y la Yihad Islámica Palestina en Gaza, y los hutíes en Yemen. Antes del 7 de octubre de 2023, se ha estimado que Irán aportaba sumas significativas —cientos de millones de dólares anuales— para apoyar a Hezbollah, donde la hostilidad hacia Israel es central.

El apoyo estatal iraní a la violencia antisemita se ha materializado fuera de Oriente Medio. El 17 de marzo de 1992, la Yihad Islámica atentó contra la embajada de Israel en Buenos Aires, con 29 fallecidos. El 18 de julio de 1994, un atentado suicida contra la sede de la AMIA en Buenos Aires, atribuido a Hezbollah y con presunta dirección iraní, causó 85 muertes y centenares de heridos; en 2024 la justicia argentina determinó la responsabilidad del régimen y calificó el ataque como crimen de lesa humanidad.

Los informes indican que esa actividad violenta no ha cesado. En 2024 se atribuyeron a la Guardia Revolucionaria ataques incendiarios contra un restaurante kosher en Sídney y una sinagoga en Melbourne. En Suecia se denunció el uso de redes criminales para atacar objetivos israelíes, y el MI5 del Reino Unido identificó al menos 20 complots vinculados a Irán entre 2022 y 2024, incluidos casos de espionaje contra ciudadanos judíos.

El carácter violento y antisemita de la política estatal iraní responde a factores estructurales: está presente en su ideología fundacional, en el sistema educativo, en su aparato mediático y en su política exterior. Desde iniciativas culturales que niegan el Holocausto hasta atentados contra comunidades judías y ataques a sinagogas, durante décadas se observa una coherencia entre discurso y acción.

Mientras la comunidad internacional evalúa el poder militar de Irán, también conviene considerar la persistencia y la exportación organizada de narrativas y acciones de odio que han acompañado a su política exterior.

*Marina Rosenberg es vicepresidenta sénior de Asuntos Internacionales de la Liga Antidifamación (ADL). @_MarinaRos

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