24 de abril de 2026
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Redes clandestinas que reclutan salvadoreños y latinoamericanos para el frente ruso

Una estructura compleja de reclutamiento internacional, aparentemente gestionada por agencias privadas y facilitadores locales, se ha dirigido hacia América Latina. Bajo la apariencia de ofertas laborales legítimas y sueldos atractivos, decenas de ciudadanos de países como El Salvador, Colombia y Cuba están siendo trasladados a la Federación Rusa.

Investigaciones periodísticas indican que, una vez en territorio ruso, las condiciones distan mucho de lo prometido: contratos civiles se transforman en roles militares y zonas de trabajo en trincheras de primera línea.

La captación no suele iniciarse en oficinas formales, sino en plataformas digitales. Redes como TikTok, Facebook y Telegram son los canales principales donde se publican anuncios llamativos para atraer candidatos.

Estas ofertas normalmente proponen puestos en seguridad privada, logística, construcción o cocina, acompañados de beneficios que resultan muy atractivos:

Incentivos financieros: Pagos iniciales (bonos de alistamiento) que en algunos casos se anuncian entre $25,000 y $50,000 dólares en ciertas regiones de Rusia.Salarios mensuales: Remuneraciones anunciadas de entre $2,400 y $2,600 dólares, niveles que superan los ingresos promedio en muchos países latinoamericanos.Ciudadanía exprés: Promesas de acceso rápido a la nacionalidad rusa para el trabajador y su familia al completar el servicio.

El engaño se refuerza por la barrera del idioma. Según reportes de inteligencia y testimonios de extranjeros detenidos, los contratos se entregan exclusivamente en ruso, lo que impide comprender cláusulas clave —por ejemplo, la obligación de servir “hasta el final de la guerra” amparada en decretos presidenciales—.

El contexto regional: El Salvador en el radar

En El Salvador, familiares de personas afectadas alertaron sobre reclutadores identificados como Carlos Gallego y Marlyn Montoya, quienes actuarían como intermediarios locales.

El patrón es similar al descrito en otros países: ofertas para trabajar en zonas petroleras o como escoltas privados, pero al llegar a Rusia las personas son despojadas de sus pasaportes y teléfonos y, tras entrenamientos muy breves de pocos días, son incorporadas a unidades de combate.

El fenómeno ganó atención pública luego de la viralización de un video en Facebook donde un ciudadano colombiano denuncia, con desesperación, haber sido engañado por esta red.

En el video, el joven explica cómo las promesas de empleo digno se convirtieron en coerción para integrarse al conflicto, relatando abusos y condiciones inhumanas. Ese testimonio impulsó a familias de al menos una docena de salvadoreños a solicitar ayuda urgente a las autoridades diplomáticas.

Fuentes internacionales como la BBC y organismos como la ONU trazan un mapa de reclutamiento masivo que aprovecha la necesidad económica y la experiencia militar de personas de distintas regiones:

Cuba: Se estima que hasta 20,000 cubanos podrían haber sido reclutados; al menos 1,000 habrían sido identificados vistiendo uniformes rusos.Colombia: En marzo de 2026 la ONU advirtió sobre redes que han reclutado a miles de colombianos, en particular exmilitares, para combatir en el extranjero, incluido el frente ucraniano.Asia y África: El fenómeno alcanza a países como Nepal (con estimaciones de alrededor de 15,000 personas), India, Egipto, Yemen y varias naciones africanas.

La trampa de los “roles no combatientes”

Quienes terminan en el frente relatan que, tras firmar, las condiciones cambian: puestos presentados como retaguardia (cocina o logística) se transforman en misiones de asalto.

La combinación de incentivos —promesas de ciudadanía y compensaciones económicas— funciona como gancho para miles de personas que, al suscribir contratos, quedan comprometidas a un servicio bélico del que no existen vías legales claras de salida hasta que termine el conflicto.

Autoridades internacionales advierten que estas redes podrían constituir trata de personas con fines de reclutamiento militar, una modalidad que explota la vulnerabilidad económica en países en desarrollo para alimentar un conflicto sin horizonte de cierre cercano.

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