Un informe reciente sitúa al Reino Unido en el tercer puesto entre los países ricos de Europa con mayor proporción de jóvenes adultos fuera del sistema educativo y laboral. Casi un millón de británicos de 18 a 24 años se encuentran en esa situación, un nivel que no se veía desde hace más de una década.
El aumento se vincula principalmente al empeoramiento de la salud, sobre todo mental, y a la falta de un sistema de prestaciones y apoyo laboral eficaz. Según la Resolution Foundation, la tasa de jóvenes que ni estudian ni trabajan (ni-ni) subió del 13% en 2019 al 15% en 2025, dejando al Reino Unido solo por detrás de Italia y Lituania entre los países analizados.
El estudio, divulgado en The Guardian, subraya que, aunque otros países europeos presentan cifras elevadas, la situación británica es especialmente grave en comparación con economías como Alemania, Dinamarca y, muy especialmente, los Países Bajos, donde la tasa es tres veces menor.
Factores detrás de la crisis juvenil
La Resolution Foundation identifica cuatro causas principales: el aumento de los problemas de salud entre los jóvenes, la debilidad de la formación profesional, un sistema de prestaciones poco intervencionista y el deterioro del mercado laboral.
Más de la mitad del incremento reciente en la tasa de inactividad juvenil se atribuye a un mercado laboral más débil. No se trata solo de una falta de empleo tradicional: la tasa de desempleo juvenil no alcanza los niveles de recesiones anteriores, lo que apunta a causas más complejas.
El resto del aumento se explica, en gran medida, por el crecimiento de los problemas de salud, sobre todo de salud mental, que muchos jóvenes declaran y que dificultan su acceso al empleo o a la educación.
Comparación internacional y críticas al sistema
De los 22 países de la UE miembro de la OCDE incluidos en el análisis, solo Italia y Lituania presentan tasas más altas que el Reino Unido. En contraste, los Países Bajos registran una tasa de jóvenes ni-ni tres veces menor, atribuida a políticas más activas de apoyo y formación.
El informe también critica el sistema británico de prestaciones por ser menos exigente y ofrecer escaso acompañamiento. Muchos beneficiarios reciben ayudas sin la obligación de contactar con el Departamento de Trabajo y Pensiones, a diferencia de modelos europeos con mayor orientación y seguimiento laboral.
Entre 2019 y 2026, el número de jóvenes de 18 a 24 años que reciben prestaciones sin obligación de buscar empleo aumentó de 160.000 a 300.000. Esta diferencia evidencia la distancia con enfoques europeos que priorizan la reinserción y el acompañamiento.
Respuestas del gobierno y propuestas de cambio
El gobierno británico ha sido acusado de priorizar el ahorro fiscal frente al apoyo al empleo. Empresarios y sindicatos han mostrado su descontento por el aumento de los costes laborales, impulsado por subidas en cotizaciones, el salario mínimo y nuevas regulaciones.
Alan Milburn, exsecretario de Salud, lidera una revisión encargada por el gobierno para buscar soluciones al desempleo juvenil; se espera que presente las primeras conclusiones el próximo mes.
El gobierno defiende su estrategia vigente, que incluye una inversión de 2.500 millones de libras en el programa de garantía para la juventud con la meta de crear un millón de oportunidades laborales y educativas, y una partida adicional de 3.500 millones de libras para ofrecer apoyo personalizado a jóvenes con problemas de salud o discapacidad.
Llamados a la reforma y perspectivas
Lindsay Judge, directora de investigación de la Resolution Foundation, afirma que el sistema social británico “espera demasiado poco de sus beneficiarios y les ofrece muy poco apoyo”. Según Judge, las soluciones deben pasar por invertir en salud mental juvenil, reforzar la formación profesional y revisar el sistema de prestaciones para alinearlo con modelos como el neerlandés.
El informe advierte que, sin una reforma integral, la inactividad entre los jóvenes británicos persistirá con efectos negativos para la economía y la cohesión social. El reto para el gobierno es transformar un enfoque asistencial en políticas que garanticen acceso real a la educación, el empleo o la formación para todos los jóvenes.

