3 de mayo de 2026
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Pérez-Reverte y la movida juvenil colman la Feria del Libro

La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires funciona como un espacio propio dentro de la ciudad: entre pasillos, filas y montones de libros se genera una dinámica particular que la distingue del entorno urbano habitual.

Es un lugar donde lectores desconocidos se encuentran a través de las mismas palabras, donde una historia puede modificar el curso de una tarde y donde las voces de los libros suelen imponerse al ruido exterior.

La feria tiene su propio orden: los pabellones se perciben como continentes distintos y los stands como entidades autónomas, conectadas entre sí. En jornadas muy concurridas, como un sábado, el flujo de gente puede ser caótico, pero en ese movimiento también se aprecia un atractivo propio.

En esa trama de recorridos y encuentros, este sábado se celebraron varias presentaciones y actividades relevantes.

En el Pabellón Rojo, el escritor y periodista español Arturo Pérez-Reverte presentó Misión en París. El diálogo con Jorge Fernández Díaz generó expectativas entre los asistentes, que pudieron conocer detalles de la nueva novela que retoma, después de años, el universo de El capitán Alatriste.

Pérez-Reverte compartió anécdotas de su proceso creativo y conversó con sus lectores sobre los desafíos narrativos de retratar dilemas morales y políticos en la Europa contemporánea.

El autor repasó su experiencia en escenarios de conflicto internacional y explicó cómo esos contextos aportan fondo y tensión a su obra. Al hablar sobre el oficio de escribir y el paso del tiempo, señaló: “Cuando tienes mi edad, necesitas probarte continuamente cosas”, y destacó que la escritura le permite desafiarse a sí mismo y conservar su propio respeto.

La presencia de Pérez-Reverte fue una de las más convocantes de la jornada y propició un intercambio directo con el público en torno a temas como la ética en tiempos de guerra, la construcción de personajes y la vigencia de la novela de aventuras en el siglo XXI. Insistió en la importancia de la documentación rigurosa y de una mirada crítica sobre la realidad, aspectos que considera centrales en su trayectoria.

En la sala Victoria Ocampo del Pabellón Blanco, Cristina Pérez presentó Mujer Samurai. La periodista y escritora explicó el proceso de investigación que la llevó a reconstruir la figura de Tomoe Gozen, la guerrera japonesa del siglo XII.

Ante un auditorio lleno y con la presencia de su pareja, el ex ministro de Defensa del gobierno de Milei, Luis Preti, Pérez afirmó que su enfoque buscó evitar una mirada exclusivamente occidental, priorizando en cambio la sensibilidad y la filosofía japonesas. “Todo es fugaz, todo es breve y tenemos que ser humildes, porque lo que tenemos pasa”, expresó durante la charla.

La autora subrayó que el libro no se limita a las gestas militares, sino que aborda también la lucha interior y las pérdidas personales. La presentación incluyó reflexiones sobre el poder, la desmesura y la transitoriedad, y propuso pensar la batalla como parte de la vida cotidiana.

En el Pabellón Amarillo, Martín Kohan dialogó con Juan José Becerra sobre sus últimos libros, y examinó cómo objetos, lugares y figuras históricas conforman una constelación de huellas de lo argentino. Kohan explicó que en Argentinos, ¡a las cosas! busca la identidad nacional en marcas dispersas y en vacíos, más que en símbolos evidentes o monumentos.

“La identidad aparece desperdigada en huellas quizás inesperadas, que desaparecen y pueden estar en Ushuaia, donde no hay nada”, afirmó Kohan ante un auditorio colmado.

El escritor porteño destacó que su propósito no es reforzar una identidad cristalizada, sino desestabilizarla y desmontarla, y sostuvo que la épica argentina puede encontrarse tanto en la derrota como en el éxito.

Entre los capítulos más comentados figuran los dedicados a Diego Maradona, en los que Kohan analiza el valor simbólico de la final perdida ante Alemania en 1990 y del célebre gol con la mano. “Ser héroe en la derrota no es tan fácil. Maradona pudo”, sintetizó el autor, que también reconoció la influencia de Borges en su modo de “detener la mirada hasta que algo aparece”.

En la sección juvenil, Inma Rubiales hizo su primera presentación en Argentina: con filas de más de 5.000 personas y la sala José Hernández repleta, habló de su nueva novela Un amigo gratis y de la literatura romántica. Desde lo local, Pamela Stupia, como cada año, estuvo presente en La Rural; llevó a sus lectores a un recorrido por los años 90 y presentó la reedición de la saga Amistades Imperfectas.

Las presentaciones y charlas atrajeron a una audiencia diversa que se reunió para pensar la identidad, la memoria y el poder de la narrativa. Las actividades en los pabellones más concurridos de La Rural confirmaron que, en este espacio particular, las palabras no solo construyen mundos, sino que también los conectan.

Afuera, la vida cotidiana continúa; adentro, cada lector traza su propio recorrido guiado por el interés de encontrar un libro que parezca haberlo estado esperando. En ese ambiente, la Feria del Libro se consolida como un espacio diferenciado donde historias e ideas se cruzan y generan nuevas posibilidades de lectura y encuentro.

A medida que avanzan los días y se multiplican las voces, la singularidad del evento persiste. Cada encuentro con un libro puede entenderse también como una forma distinta de relacionarse con el mundo.

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