Andrea Zingarelli pasó unas vacaciones en Villa Gesell a principios de los años 80 junto a su familia. Con 15 años, una jornada de lluvia la llevó con sus parientes a un cine de la Avenida 3, y allí vio una película que marcaría su vocación: “Desde que vi la película en la costa supe que quería ser como Indiana Jones”, recuerda. Le impactó la mezcla de aventura y ciencia y decidió dedicar su vida a investigar las civilizaciones antiguas.
Tras volver de las vacaciones, completó el secundario y se inscribió en Historia en la Universidad de La Plata, donde se especializó en historia antigua y luego hizo un doctorado en egiptología. Aprendió a leer e interpretar jeroglíficos, un sistema de escritura formado por alrededor de mil signos que se combinan para generar significados complejos.
Finalizados los estudios teóricos, comenzó a trabajar en campo. Su primera experiencia práctica fue en una zona arqueológica en Israel que había estado bajo dominio egipcio; allí aprendió a desenterrar y atribuir funciones a objetos antiguos. En 1995 llegó por primera vez a Egipto: su primera campaña fue en el desierto del Sinaí, en la frontera con Israel.
Las campañas en Egipto no siempre fueron sencillas: a veces hubo tensiones con pobladores locales que desconfiaban de los equipos extranjeros. Aun así, los trabajos rindieron resultados, por ejemplo la reconstrucción de una vivienda de entre 1.500 y 2.000 años antes de Cristo, a partir de restos y objetos que permitieron reconstruir aspectos de la vida cotidiana.
El sueño de hallar faraones egipcios
Con el tiempo, Zingarelli continuó participando en campañas anuales en Egipto y alcanzó uno de los hitos de su carrera al identificar la tumba de un funcionario de hace aproximadamente 3.500 años: Amenmose, cuyo nombre significa “Hijo de Amón”. Según la inscripción en la entrada, fue un cantero de Amón que vivió entre 1479 y 1458 a.C., durante el Reino Nuevo en la antigua Tebas.
La tumba está en Luxor —la Tebas antigua—, a unos 700 kilómetros al sur de El Cairo, en la ladera conocida como el “Valle de los nobles”, cercana a las tumbas reales. Era un enterramiento de un funcionario menor situado en la parte baja de la colina. Para acceder, Andrea cruzó un túnel angosto de 50 por 37 centímetros en completa oscuridad, guiada por una linterna y la emoción del momento.
La tumba había sido saqueada y solo se encontraron algunos huesos, pero las paredes conservaban numerosas escenas que permitieron reconstruir la identidad y actividades del difunto: representaciones de producción de pan y cerveza, imágenes de la esposa y los hijos, escenas de fiesta con alimentos y bebidas, y un recipiente con mandrágora, planta valorada en esa época. En la entrada leyó un jeroglífico que la conmovió: “El corazón se alegra al ver el lugar bello”.
Para Zingarelli, la motivación central del trabajo arqueológico es interpretar el sentido cultural y social de los objetos: entender qué significaron para quienes los usaron, qué función cumplían y qué lazos establecen con culturas posteriores. El Proyecto Amenmose reúne además a arquitectos, geólogos y especialistas del Instituto de Antropología de Córdoba (IDACOR), la Facultad de Arte de la Universidad Nacional de Tucumán, la Universidad de Buenos Aires y el CONICET.
Visitas a Tutankamon
Andrea ha podido entrar en varias ocasiones a la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes. Señala lo impactante de estar ante un cuerpo momificado de casi 3.500 años. Recuerda el hallazgo de Howard Carter el 26 de noviembre de 1922, cuando se abrió una cámara sellada en el Valle de los Reyes y se encontró la tumba prácticamente intacta del joven faraón de la dinastía XVIII, con un conjunto funerario en excepcional estado de conservación.
En 2026 será la curadora de la muestra Tutankamón, La Experiencia, que se presentará en El Cubo, Complejo Al Río (Av. Libertador 101, Vicente López) del 4 al 28 de junio. La exposición propone un recorrido por el Antiguo Egipto con más de 150 piezas certificadas por el Ente Regulador de Exportación de Monumentos de Egipto y una recreación de la tumba descubierta por Carter en 1922.
La muestra ocupará 11 salas temáticas distribuidas en más de 1.500 m2 e incluirá contenido audiovisual inmersivo para abordar aspectos de la vida cotidiana, los rituales funerarios y la cosmovisión egipcia. Habrá una reconstrucción de la tumba de Tutankamón y la exhibición de los objetos encontrados en su interior, además de piezas como la reproducción de un carro usado por el faraón y su trono. Entre los materiales se destaca una escena en la que Tutankamón aparece con su esposa en una actitud afectiva intensa que, según la curadora, sorprenderá al público.
Zingarelli reivindica el interés de los egipcios por ser recordados y por planificar cómo querían ser representados en el más allá. Para ella, la tarea arqueológica consiste en devolverles vida y color a esas historias, reconstruyendo y explicando las prácticas y significados de una civilización que influyó en gran parte del mundo hace aproximadamente 3.500 años.

