Pepe Ochoa, conocido por sus primicias en programas y portales de espectáculos, se abre en una entrevista para contar aspectos personales y profesionales poco narrados hasta ahora. Profesional del periodismo y, además, actor, humorista, influencer y conductor en televisión y streaming, Ochoa reconoce que su ascenso le exigió sacrificar la vida sentimental, aunque hoy dice estar listo para buscar pareja y formar una familia.
Cuenta que llegó al ambiente casi por casualidad, a partir de su trabajo en redes y en teatro, y que Ángel de Brito fue clave para incorporarlo al panel de LAM. Señala que, en el género del espectáculo, la información y la primicia son el motor del oficio, y que su combinación de observación, formación actoral y sentido del humor le permitió destacarse. No se considera el más talentoso en todos los rubros, pero sí perseverante y entusiasta.
Sobre su rutina, relata que tiene hábitos para desconectarse: apaga el celular y evita tecnología en el cuarto, lee o piensa antes de dormir, y trabaja en no dejar que la hiperconectividad le robe el disfrute. Confiesa que en un momento se sintió presionado por la necesidad de producir constantemente material para los programas, lo que lo llevó a replantear su ritmo de vida.
Hace terapia regularmente y la valora como un espacio personal para reflexionar y poner límites frente a la sobreabundancia de información y expectativas externas. En lo afectivo, admite que nunca tuvo una pareja estable: hubo romances cortos, pero ahora, a los 37 años, desea una relación seria y la posibilidad de ser padre. Le gustan los niños —tuvo experiencia en teatro infantil— y ver a su familia en roles de padres y abuelos le hizo despertar ese deseo, aunque reconoce que ser padre implica complicaciones.
Sobre su sexualidad, relata que fue a terapia con la intención de ser heterosexual —por la presión social de otra época— y que salir del closet le costó por la falta de referentes. Destaca el acompañamiento de su familia cuando lo comunicó y reflexiona que hoy los jóvenes cuentan con más información y apoyo que antes.
Habla de amistades en el medio: menciona a Fede Bal y especialmente a Ángel de Brito, quien pasó de ser su jefe a un amigo cercano. Afirma que la amistad en el ambiente existe cuando hay códigos y sinceridad. Sobre relaciones con colegas, elige a Ángel por encima de Yanina Latorre por el papel que Ángel tuvo en su carrera, aunque valora también a Yanina.
Comenta sus límites como periodista: publica hasta donde no haga daño y procura respetar la situación de los famosos, aunque considera que quienes eligen conductas públicas (como una infidelidad) deben asumir que eso puede filtrarse. Confiesa que guarda al menos una primicia que no puede revelar públicamente.
Menciona aspectos personales más ligeros, como sus siete tatuajes y el significado de varios de ellos: un triángulo que simboliza mente, cuerpo y espíritu; un elefante que representa la manada y la espiritualidad; y la búsqueda constante de equilibrio. También comenta su preferencia por figuras del espectáculo actuales y la percepción de que el star system cambió por la cercanía que generan las redes sociales.
Al mirar atrás, le diría a su yo de hace diez años que celebre los logros y disfrute del camino, manteniendo los pies sobre la tierra. En resumen, Pepe Ochoa expresa una etapa de estabilidad profesional acompañada de un deseo creciente por consolidar su vida personal y formar una familia.

