La planta de Pirelli en Merlo interrumpirá parcialmente su actividad durante el próximo fin de semana largo. La empresa decidió apagar las máquinas el domingo 24 de mayo, por lo que los tres turnos no trabajarán ese día. La producción se reanudará el martes, una vez finalizado el feriado nacional del lunes.
La medida preocupó a los trabajadores, que la interpretaron como el inicio de un ajuste más amplio en la producción. La compañía vinculó la suspensión a la crisis que atraviesa la automotriz Stellantis en su planta de El Palomar.
La terminal detuvo durante varias semanas la fabricación de los modelos Peugeot 208 y 2008 debido a la baja de las ventas internas y a la caída de las exportaciones hacia Brasil, lo que redujo la demanda de neumáticos.
«Nos informaron que la medida busca reducir volumen, ahorrar energía y equilibrar la producción hasta fin de año, porque ya no hace falta mantener el stock previsto», dijo Germán Palavecino, trabajador de Pirelli y representante de FETIA, y definió el anuncio como un cimbronazo importante.
La empresa aseguró que abonará los salarios completos pese a la interrupción de tareas. Sin embargo, dentro de la planta crece la inquietud por el nivel de actividad. Actualmente emplea a cerca de 650 personas y, según Palavecino, la dinámica de trabajo cambió drásticamente en los últimos años.
«La situación es crítica. Antes se trabajaba 24 horas, los siete días; ahora los grupos de trabajo realizan tareas reducidas de forma rotativa», señaló el representante sindical.
El deterioro se refleja en los niveles de producción: hoy la planta fabrica entre 3.500 y 4.000 neumáticos por día, muy por debajo de registros históricos. En 2013 la producción diaria alcanzó las 18.000 cubiertas y, durante la pandemia, rondó las 9.000 unidades diarias.
«La producción actual es muy baja. Además pesa el ejemplo de Fate; y tenemos los sueldos congelados desde hace un año y medio», agregó el representante sindical.
El conflicto también afectó al Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (SUTNA), que enfrenta dificultades económicas por la pérdida de puestos de trabajo en el sector, especialmente tras el cierre de Fate.
En ese contexto, el gremio realizó una Asamblea General Extraordinaria encabezada por el secretario general Alejandro Crespo, donde se aprobó un plan para afrontar la crisis financiera de la obra social OSPIN, afectada por la caída de aportes.
La conducción sindical recibió autorización para avanzar con medidas destinadas a sostener el funcionamiento del sindicato y de la obra social. Entre las alternativas evaluadas figuró la venta o el uso como garantía hipotecaria de varios inmuebles pertenecientes a la organización.
La resolución generó un fuerte enfrentamiento interno: sectores opositores impugnaron la asamblea mediante una carta documento, denunciaron supuestas irregularidades y rechazaron la posibilidad de desprenderse de propiedades del sindicato. Pese a las críticas, el oficialismo contó con mayoría y aprobó la iniciativa.

