Los depósitos en dólares del sector privado crecieron hasta cerca de USD 40.000 millones en los bancos, un máximo en 25 años. No obstante, el crédito en moneda extranjera no avanzó al mismo ritmo: aproximadamente la mitad de esos recursos permanece sin prestarse y está ociosa en las entidades.
Por esa sobrante de liquidez, las tasas que pagan los bancos por plazos fijos en dólares son muy bajas, generalmente entre 1% y 2% anual. Algunas entidades ofrecen más de 3% anual, pero solo para colocaciones a plazos superiores a seis meses.
El aumento de depósitos está vinculado a la compra de dólares por parte del público: en abril la demanda neta fue de unos USD 2.300 millones y parte de ese monto se quedó dentro del sistema financiero. En lo que va del año, los depósitos en moneda dura crecieron alrededor de 5%.
Ese crecimiento eleva mes a mes la capacidad prestable de los bancos en dólares. Sin embargo, el crédito al sector privado en esa moneda suma unos USD 23.000 millones, por lo que todavía hay en torno a USD 17.000 millones sin uso.
La mayor parte del crédito en dólares se destina a la prefinanciación de exportaciones, operaciones de corto plazo con tasas bajas. Por eso las entidades no pueden ni necesitan aumentar mucho lo que pagan por captar depósitos.
Detrás de esta situación está una medida prudencial vigente desde 2002 que impide a los bancos prestar en dólares a quienes no generan divisas. En la práctica, las entidades tienen prohibido otorgar préstamos en moneda extranjera al público en general, un cambio respecto de la década de 1990, cuando sí se ofrecían créditos hipotecarios en dólares.
El descalce de monedas fue una de las principales causas de las dificultades al final de la Convertibilidad, por lo que la normativa limitó los préstamos en dólares a empresas que generan divisas (exportadoras) y a su cadena de valor.
Domingo Cavallo señaló que, si los bancos tienen fuertes restricciones para prestar los depósitos en dólares que reciben, se reduce considerablemente la posibilidad de canalizar esos ahorros hacia financiamiento de capital de trabajo o inversiones de empresas y hogares.
El ex ministro sostiene que esos dólares deberían volcarse con menos restricciones para que más empresas e individuos puedan financiarse a tasas más bajas en moneda extranjera y así dinamizar la actividad económica.
Cavallo propone permitir que los depósitos en dólares se utilicen cada vez más para expandir el crédito en esa moneda a prestatarios solventes, como ocurre en bancos de países como Perú y Uruguay.
Sin embargo, admite que no están dadas las condiciones para implementar plenamente ese esquema, ya que requeriría una situación bimonetaria con libre circulación de peso y dólar y la eliminación de controles de capital, medidas que el equipo económico no está dispuesto a adoptar por ahora.
El Banco Central flexibilizó parcialmente algunas restricciones y autorizó a los bancos a prestar en dólares con sus fondos propios. En un caso, una entidad emitió bonos en dólares y utilizó esos recursos para ofrecer crédito hipotecario en moneda extranjera, pero la demanda fue prácticamente nula.

