15 de enero de 2026
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La IA transforma la infancia en hogar y escuela

Los profesores se sorprendieron al descubrir que algunos alumnos usaban simulaciones de IA en Khan Academy para completar ejercicios de matemáticas; al insistir, la versión digital de Pitágoras acababa resolviendo las tareas por ellos.

Los adolescentes son los primeros en adoptar la IA y están transformando tanto la escuela como la vida en casa: la tecnología altera la enseñanza, la evaluación, el ocio y las relaciones, ofreciendo oportunidades inéditas pero también riesgos nuevos.

La musa del instituto

El uso de la IA en las aulas se ha normalizado rápidamente: hace dos años muchas escuelas la prohibían; hoy, según RAND, alrededor del 61% de los alumnos de secundaria y el 69% de los profesores la usan para tareas escolares.

Gobiernos y administraciones fomentan la incorporación de la IA en la educación: desde convocatorias ejecutivas en EE. UU. hasta planes en Singapur y China, donde se prevé enseñar IA en todas las escuelas y ciudades como Hangzhou ofrecen formación anual.

Los docentes la emplean indirectamente para generar materiales —hojas de ejercicios, cuestionarios y planes de clase— y ahorrar tiempo; un ensayo en Inglaterra mostró que ChatGPT reducía cerca de un tercio el tiempo semanal de planificación y Microsoft ha creado herramientas que convierten planes en actividades interactivas como en Minecraft.

Los estudiantes también reciben instrucción directa de herramientas basadas en IA: en Flandes se usan aplicaciones que graban lecturas en voz alta y corrigen errores o que muestran traducciones e ilustraciones palabra por palabra para apoyar a lectores multilingües.

La IA promete personalizar la enseñanza de forma accesible: Google y otros desarrollan sistemas que adaptan textos al nivel del alumno y contextualizan ejemplos según intereses personales, acercando recursos que antes solo estaban al alcance de unos pocos.

En casa, los tutores de IA completan la oferta educativa, especialmente en países como China, donde la regulación contra la tutoría presencial impulsó dispositivos y aplicaciones educativas con IA; algunas empresas informan de fuertes aumentos de ventas.

Los primeros estudios muestran efectos positivos en lectura y idiomas: pruebas con Read Along en India, Copilot en Nigeria y CoolE Bot en Taiwán señalan mejoras de competencia lectora y en inglés, y menor ansiedad en estudiantes tímidos.

Pero también hay inquietudes: solo el 22% de los directores de distrito en EE. UU. cree que la IA perjudica el pensamiento crítico, frente al 61% de los padres y el 55% de los propios alumnos; la insatisfacción tiende a ser mayor donde la IA se utiliza más y la orientación sobre su uso es escasa.

Profesores y alumnos dicen haber recibido poca guía sobre el empleo responsable de la IA; los padres tienen posiciones diversas y una minoría de estudiantes admite usarla para hacer trampas en tareas completas (15% este año, frente al 11% en 2024).

El club del desayuno

Un riesgo destacado es que la IA pueda reemplazar el esfuerzo cognitivo: encuestas en China muestran que una parte de estudiantes prefiere confiar en la IA, y estudios del MIT indican menor activación cerebral y peor recuerdo en tareas hechas con la ayuda de ChatGPT.

Investigaciones universitarias encuentran que el uso de IA aumenta rapidez y puntuación en ejercicios, pero reduce la sensación de autoría; los estudiantes son más eficientes, pero menos propensos a considerar el trabajo como propio.

Expertos de Khan Academy y grandes empresas han intentado diseñar modos educativos que guíen paso a paso en lugar de dar respuestas directas; herramientas como Khanmigo, el “modo de estudio” de ChatGPT o el ajuste de “aprendizaje guiado” de Google buscan fomentar la comprensión.

Estas opciones benefician a alumnos responsables, pero el ajuste predeterminado puede favorecer la eficiencia sobre el aprendizaje profundo, y el fácil acceso a respuestas podría aumentar las evaluaciones supervisadas, reduciendo el tiempo de enseñanza.

Defensores de la IA reconocen que la enseñanza presencial sigue siendo esencial: la interacción en clase enseña habilidades sociales, colaboración y responsabilidad que un tutor de IA difícilmente sustituye, por lo que recomiendan combinar ambos enfoques.

Tras la jornada escolar, la IA continúa presente: los adolescentes usan la tecnología en casa para jugar, crear y entretenerse, donde la personalización también moldea sus experiencias.

En los videojuegos la IA adapta la dificultad y crea personajes controlados por chatbots; ejemplos recientes muestran tanto avances en adaptación como problemas cuando dichos personajes generan contenido inapropiado.

Las herramientas de IA aceleran la cultura juvenil al facilitar la creación de imágenes, vídeos y juegos virales, como las modas visuales que se convirtieron en vídeos y juegos populares en plataformas como Roblox.

La IA también transforma juguetes tradicionales: aplicaciones que animan peluches, generadores de instrucciones para LEGO o juegos de mesa que incorporan preguntas creadas por modelos lingüísticos son ejemplos de esa evolución.

Empresas asiáticas muestran especial impulso en juguetes con IA, lanzando mascotas robotizadas y dispositivos interactivos que responden al tacto y la voz, mientras firmas occidentales avanzan con más cautela.

En China la confianza en la IA es mayor que en Occidente y la industria del juguete se reorganiza hacia productos inteligentes, con autoridades y empresas pronosticando un fuerte crecimiento del sector impulsado por la integración de la IA.

El caso de FoloToy ilustra tanto el potencial como los riesgos: vendió miles de peluches con IA y ofrece funciones útiles, pero ha tenido problemas para equilibrar restricciones de seguridad y respuestas inapropiadas, que luego fueron corregidas.

Además de riesgos de contenido, algunos juguetes con IA han mostrado comportamientos intrusivos o excesivamente dependientes, lo que plantea dudas sobre sus efectos emocionales en los niños.

Los “compañeros” de IA en línea son cada vez más habituales entre los adolescentes: encuestas indican que muchos conversan regularmente con bots, algunos los tratan como amigos o parejas y una proporción significativa prefiere discutir asuntos importantes con un bot antes que con personas reales.

En casos extremos ha habido tragedias: en Estados Unidos se investigó la relación de un joven con ChatGPT tras su suicidio, y OpenAI ha reportado que una pequeña fracción de usuarios muestra señales de emergencias de salud mental en un periodo determinado.

Negocio sin riesgos

Los reguladores actúan para proteger a menores: la FTC solicitó información a empresas sobre el impacto de chatbots en niños, hay iniciativas legislativas para limitar o prohibir bots infantiles y China ha actualizado normas para abordar riesgos de adicción y dependencia; las empresas lanzan controles parentales y productos específicos.

La mayoría de chatbots intentan redirigir a usuarios en crisis hacia ayuda, pero en conversaciones largas pueden fallar y a veces validan ideas peligrosas o impulsivas, como animar planes que no son apropiados.

Algunas empresas han probado bots menos complacientes, pero la reacción pública ha sido mixta; investigadores alertan sobre la pérdida de aprendizajes sociales básicos si los niños crecen con compañeros siempre dóciles.

En conjunto, la IA ofrece beneficios educativos y lúdicos significativos, pero su eficacia puede socavar aprendizajes esenciales y el desarrollo emocional; los expertos subrayan que aún se desconocen muchos efectos a largo plazo sobre el cerebro y las relaciones humanas.

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