La noche porteña comenzaba cuando, a las 21 horas, se abrieron las puertas de Tequila Club, el histórico boliche de la Costanera, iluminado con un intenso resplandor rojo en la fachada. Entre guirnaldas de luces, flores carmesí y cortinados, se desarrolló la celebración del casamiento de Juan Cruz Ávila y María Guastavino, un evento largamente esperado que reunió a cerca de 350 invitados del ámbito político, empresarial y mediático. La ambientación anunciaba que la fiesta había sido concebida como una experiencia singular.
La pareja llegó por separado pero casi al mismo tiempo. La jornada había comenzado con un almuerzo en el Hotel Faena, donde celebraron el civil junto a sus hijos: Malena, hija del CEO de Jotax Producciones, y los dos niños más pequeños, Facundo y Lucas, fruto de la relación entre él y la psicóloga. Tras la comida, el ejecutivo volvió a su casa con los chicos para prepararse con calma, mientras que la escritora permaneció en una habitación del hotel acompañada por sus amigas.
María ingresó en la entrada del boliche con un vestido de satén marfil que combinaba inserciones de encaje francés y transparencias dispuestas en líneas geométricas. De silueta delicada y con breteles finísimos, la prenda se movía con la iluminación rojiza. El encaje se extendía hasta el piso dejando entrever destellos de piel; completaron su look sandalias blancas y un ramo de flores rojas en distintas intensidades.
El productor llegó minutos después con un traje negro clásico, corbata a tono y camisa impecable. Se mostró relajado desde el inicio, saludando a los invitados y atendiendo a Teleshow: “Hace mucho venimos planeando esto. Tenemos con Mery dos hijos, Facundo y Lucas, y mi hija Malena también. Somos una familia de cinco, muy unidos. Nos faltaba dar este paso, que habíamos postergado por la pandemia y otras cosas. Ahora estamos viviendo este momento muy felices”.
Ávila también recordó el almuerzo posterior al civil, descrito como una celebración cálida y reducida, y señaló que en la fiesta de la noche participaron amigos muy cercanos: “Todos los que vienen son personas que queremos mucho”.
La entrada al salón seguía la estética predominante: un pasillo enmarcado en rojo conducía al interior, donde arreglos florales convivían con lámparas colgantes y rincones suavemente iluminados. El contraste entre el negro del dress code de muchos invitados, el resplandor dorado del interior y la paleta roja dominante preparó el ambiente para el espectáculo central, que incluyó bailarines y drag queens.
La alfombra improvisada en la entrada se convirtió en punto obligado para los flashes. Entre los asistentes se destacó el expresidente Mauricio Macri, que concurrió sin Juliana Awada, quien se encontraba en Uruguay; también asistieron Baby Etchecopar y Silvina Cupeiro; el Chato Prada con Lourdes Sánchez; Antonio Laje; Sebastián Esquenazi y Analía Franchín; Eduardo Feinmann; María Laura Santillán; Rodrigo Lussich; Ignacio Ortelli y su esposa Mariana; Lautaro Mauro con Agustina Casanova; José Urtubey y Soledad Bonzi junto al empresario Martín Cabrales.
Completaron la lista Daniel Hadad, fundador y CEO de Infobae, con su esposa Viviana Zocco; Oscar Ruggeri y Nancy Otero; Rolando Barbano y Marina Calabró; Mariano Iúdica con Romina Propato; Mariano Closs; Yanina y Diego Latorre; Nicolás Wiñazki y Laura Ardito; Gustavo López; Ángel de Brito; Paola Juárez con Adrián Kochen; Germán Paoloski y Sabrina Garciarena; el Pollo Vignolo con Paula Planas; Zorrito Von Quintiero con su novia Tini Piermattei; Sergio Lapegüe; Mariana Fabbiani y Luis Novaresio, entre otros.
La gastronomía tuvo un papel central. Uno de los cocineros explicó que la recepción incluyó variedad de finger food calientes, con sándwiches y bocados de milanesa que circularon por el salón. El plato principal fue más elaborado: base de alioli con tiritas de lomo, papa crocante y una gremolata de choclo, combinación que llamó la atención por su originalidad. De postre se sirvió un praliné de avellanas en porciones pequeñas y elegantes.
Un detalle mantenido en absoluto hermetismo hasta avanzada la madrugada fue el cambio de vestido de la novia. Aunque no se difundieron imágenes, Teleshow confirmó que María lució un segundo diseño de Marcelo Giacobbe, descrito por el diseñador como “un vestido con base de encaje francés combinado con lentejuelas y flecos plata aplicados”. Los breteles, bordados a mano con cristales, estaban pensados para favorecer el movimiento y la reflexión de la luz, acorde con el show de bailarines y drag queens.
Con la música presente en el salón, los invitados se movieron entre brindis, conversaciones y fotografías, y la celebración continuó con el tono íntimo y cuidado que caracterizó toda la noche.
Crédito: RSFotos / Jaime Olivos


