15 de enero de 2026
Buenos Aires, 23 C

Estudio alerta sobre químicos persistentes en alimentos habituales de Europa

El hallazgo de ácido trifluoroacético (TFA) en alimentos de consumo masivo encendió las alarmas en Europa. Un informe de Pesticide Action Network Europe (PAN Europe), citado por investigaciones publicadas en The Guardian, detectó niveles elevados de este compuesto “permanente” en cereales, panes y otros derivados del trigo en 16 países europeos.

El 81,5% de las muestras analizadas mostró contaminación, con concentraciones de TFA que en algunos casos fueron hasta cien veces superiores a las registradas en el agua potable. El hallazgo sugiere una amenaza silenciosa: alimentos cotidianos podrían estar actuando como vector de un tóxico persistente con posibles efectos en la salud de millones de consumidores.

¿Qué es el ácido trifluoroacético y cómo llega a los alimentos?

El ácido trifluoroacético es un subproducto que se genera cuando pesticidas y otros compuestos que contienen sustancias perfluoroalquiladas o polifluoroalquiladas (PFAS) se degradan en el ambiente. Las PFAS, conocidas como “químicos permanentes”, son muy resistentes a la degradación y, por su solubilidad en agua, pueden desplazarse por el suelo y ser absorbidas por las plantas que luego se destinan al consumo humano.

Empleadas desde la década de 1950 en industrias y en la agricultura por sus propiedades duraderas, las PFAS han ofrecido beneficios técnicos a la vez que han generado costes ambientales y sanitarios elevados. La presencia de TFA en cultivos se traslada, en consecuencia, a la cadena alimentaria, haciendo difícil evitar la exposición de la población.

El estudio: hallazgos y alcance continental

El análisis de PAN Europe es el primer estudio de gran escala en la Unión Europea sobre este tema. Se muestrearon 65 productos derivados de cereales en países como Francia, Alemania, Italia, Bélgica y España; el Reino Unido no fue incluido.

Los resultados indican que la presencia de TFA es generalizada y afecta a una amplia variedad de productos de consumo habitual. Los cereales de desayuno presentaron las concentraciones más altas, seguidos por productos de panificación como el pan integral y la baguette. También se detectó contaminación en pasta, croissants, pan blanco, harina, galletas de jengibre y bollos de queso.

Según PAN Europe, “todas las muestras superaron el límite máximo de residuos permitido”, un dato que revela la magnitud del problema y apunta a la falta de regulaciones eficaces para limitar la exposición.

Riesgos para la salud: ¿qué se sabe y qué advierten los especialistas?

El informe subraya que el TFA figura entre los compuestos con potencial reprotoxico. Estudios señalan que puede afectar la función reproductiva humana, la fertilidad y el desarrollo fetal, además de influir negativamente en la tiroides, el hígado y el sistema inmunitario.

Los especialistas destacan que la toxicidad del TFA se agrava por su persistencia en el ambiente y su capacidad de bioacumulación. “No podemos exponer a los niños a sustancias reprotoxicas. Esto exige una acción inmediata”, afirmó Angeliki Lysimachou, responsable de ciencia y políticas de PAN Europe, en declaraciones a The Guardian.

Además, la ausencia de un monitoreo sistemático agrava la situación: los gobiernos europeos no realizan controles regulares sobre la presencia de TFA en los alimentos, lo que aumenta el riesgo de una exposición prolongada y silenciosa de la población.

Más allá de la comida: otras fuentes de exposición

La contaminación por TFA no se limita a los alimentos. La sustancia puede hallarse también en el agua potable, en el aire y en productos de cuidado personal o en objetos de uso cotidiano, multiplicando las vías de exposición.

Salomé Roynel, responsable de políticas de PAN Europe, señaló en The Guardian la urgencia de tomar medidas para evitar una mayor contaminación de la cadena alimentaria y del medio ambiente. La existencia de múltiples fuentes refuerza la preocupación por una exposición crónica difícil de evitar.

Un panorama desafiante: persistencia, falta de control y riesgos invisibles

El informe de PAN Europe dibuja un escenario preocupante: sustancias permanentes que se acumulan en el ambiente y en la cadena alimentaria, mientras que la ausencia de regulaciones claras y de información accesible sobre los riesgos complica la toma de decisiones informadas por parte de consumidores y autoridades sanitarias.

Los especialistas demandan una respuesta coordinada que incluya monitoreos periódicos y legislación específica para reducir al mínimo la presencia de TFA en los alimentos y proteger la salud pública y el ecosistema europeo.

Artículo anterior

Lomas repara calles adoquinadas para preservar su identidad histórica

Artículo siguiente

Donación de equipamiento al Hospital Pirovano de Tres Arroyos

Continuar leyendo

Últimas noticias