La líder opositora venezolana María Corina Machado, actualmente en la clandestinidad, se suma a la lista de galardonados con el Premio Nobel de la Paz que no pudieron asistir a la ceremonia de Oslo. Varios laureados se han enfrentado a prisión, prohibiciones de viaje, persecución política o riesgo de represalias, por lo que enviaron representantes o dejaron una silla vacía como forma de protesta.
A continuación se relatan los casos documentados por el Comité Nobel y por los familiares y allegados de cada premiado.
En 2023, la activista iraní Narges Mohammadi celebró su Nobel desde la prisión de Evin, en Teherán. Activistas y familiares confirmaron que Mohammadi, reconocida por su campaña contra el uso obligatorio del hijab y contra la pena de muerte en Irán, permaneció detenida durante la ceremonia.
Sus hijos gemelos, exiliados en Francia, la representaron en Oslo y leyeron un discurso que ella logró sacar clandestinamente de su celda. Mohammadi estuvo encarcelada desde 2021 y, según su entorno, obtuvo en diciembre de 2024 una licencia médica temporal. Uno de sus hijos declaró: “Mi madre pidió que su voz llegara a Oslo aunque no pudiera estar presente”.
En 2022, el activista bielorruso Ales Bialiatski tampoco asistió. El fundador de la organización de derechos humanos Viasna cumplía prisión en Bielorrusia y fue representado por su esposa, Natalia Pinchuk.
Bialiatski había sido condenado a diez años por “tráfico de divisas”, un cargo cuestionado por organizaciones internacionales. Pinchuk afirmó en la ceremonia: “Ales continúa su lucha por los derechos humanos desde la cárcel.”
En 2010, la ausencia más simbólica fue la del disidente chino Liu Xiaobo. Condenado a once años por “subversión”, no recibió permiso para viajar. Su silla permaneció vacía en el escenario junto al diploma y la medalla. Su esposa, Liu Xia, quedó bajo arresto domiciliario tras el anuncio del premio, y sus hermanos tampoco pudieron abandonar China.
Liu, quien participó en las manifestaciones de Tiananmén de 1989, murió en 2017 de cáncer de hígado tras ser trasladado desde la prisión a un hospital. En el discurso leído por el comité se recordó su frase: “No tengo enemigos y no tengo odio”.
En 1991, Aung San Suu Kyi recibió el Nobel mientras permanecía bajo arresto domiciliario en Myanmar. Aunque se le concedió permiso para viajar, ella decidió no hacerlo por temor a que la junta militar le impidiera regresar al país. Sus hijos y su esposo la representaron y recibieron el premio en su nombre.
En el escenario también se colocó una silla vacía como referencia explícita a su confinamiento. Su familia expresó: “Ella priorizó su compromiso con Myanmar por encima del reconocimiento internacional”.
En 1983, Lech Wałęsa, dirigente sindical polaco y fundador de Solidaridad, optó por no viajar a Oslo por temor a que las autoridades comunistas le negaran el reingreso a Polonia. Su esposa, Danuta, y uno de sus hijos lo representaron en la ceremonia.
Wałęsa transmitió un mensaje mediante sus allegados: “Mi lugar está con mis compañeros de trabajo en Polonia”.
En 1975, el físico soviético Andréi Sájarov tampoco recibió autorización para viajar: las autoridades de la URSS le prohibieron salir del país. Su esposa, Elena Bonner, lo representó en Oslo. El Comité Nobel destacó su “valiente compromiso personal con la defensa de los principios fundamentales de la paz entre los hombres”.
El premio de 1973 registró dos ausencias simultáneas. Henry Kissinger y Lê Đức Thọ fueron elegidos tras el acuerdo de alto el fuego en Vietnam, pero Lê Đức Thọ rechazó el premio alegando que el cese del fuego no se había cumplido.
Kissinger decidió no viajar para evitar protestas. El comité recordó la explicación oficial de Lê Đức Thọ: “La paz aún no se estableció”.
Finalmente, en 1935, Carl von Ossietzky ganó el Nobel mientras estaba preso en un campo de concentración nazi. Había sido detenido después de la redada contra opositores tras el incendio del Reichstag y no pudo recibir el premio.
Posteriormente, un abogado estafó a su familia para quedarse con el dinero del Nobel y fue condenado a trabajos forzados. Von Ossietzky murió en cautiverio en 1938. En declaraciones recopiladas por sus allegados, expresó: “Mi conciencia no me permite callar”.
Las ausencias de estos laureados evidencian un patrón recurrente: gobiernos que restringen libertades y bloquean a quienes reciben reconocimiento internacional. El caso de Machado se suma a esa lista documentada de impedimentos, censuras y persecuciones que afectaron diversas ceremonias del Nobel de la Paz.


