15 de enero de 2026
Buenos Aires, 23 C

Ruralismo: oda al campo, nostalgia y resistencia

La escritora y activista Vanesa Freixa ha irrumpido en el panorama literario con un ensayo que cuestiona las dinámicas de las grandes corporaciones y defiende el autocultivo como forma de resistencia. En Ruralismo (publicado en español por Errata naturae), plantea una reivindicación íntima y colectiva destinada a recuperar la autoestima rural y a poner en el centro la soberanía alimentaria y el asociacionismo femenino, al tiempo que cuestiona el mito del crecimiento ilimitado.

Hacia el final del libro, Freixa se cuestiona la capacidad de la sociedad para afrontar una crisis alimentaria y responde con contundencia: “A corto plazo, ninguna”, basándose en el dato de que solo el uno por ciento de la población produce los alimentos en el país. Esta conclusión se contextualiza con cifras recientes: los precios de los alimentos han subido un 35 % desde 2019 y el suelo agrícola está sufriendo una presión especulativa. Frente a ello, la autora propone abandonar el agronegocio intensivo y promover modelos descentralizados y autónomos, llevando el ruralismo también al entorno urbano a través de la actividad primaria de proximidad.

Freixa nació en Cataluña en 1977 y creció en el Pirineo ilerdense, donde vivió la idea de que la vida rural suponía renuncias frente a las oportunidades de la ciudad. Tras estudiar Bellas Artes y trabajar en el ámbito cultural, volvió a sus orígenes al observar que jóvenes recuperaban y cultivaban las tierras que ella había dejado.

A los treinta años se instaló en Caregue, un pueblo de quince habitantes, donde aprendió a trabajar la tierra. Más adelante se trasladó a Olp, con treinta vecinos, y compró una borda junto al bosque, rodeada de cerezos, álamos, arces y robles. El recuerdo de su padre y de su pequeño rebaño la llevó a reunir siete ovejas y asumir el oficio de pastora.

Su pensamiento se ha nutrido de autoras y autores como Robin Wall Kimmerer, Joanna Pocock y Wendell Berry, así como de las ideas del movimiento Colibris, fundado por Pierre Rabhi, que promueve una desobediencia civil frente al consumo excesivo. Con estas influencias, Freixa ha desarrollado propuestas orientadas a fortalecer la identidad rural, desde la creación de una escuela de pastores hasta la publicación de artículos y libros que denuncian cómo la desaparición de la payesía debilita a las comunidades locales.

La autora sostiene que “las grandes corporaciones van a por el payés, el último núcleo que resiste a sus ansiosas dinámicas productivas” y defiende que la soberanía alimentaria es clave para no depender de terceros en la provisión de alimentos.

En su análisis señala que nueve de cada diez personas en Cataluña viven en ciudades y que muchas desconocen la realidad rural, incluso entre quienes se consideran ecologistas. Por ello, propone que iniciativas como la reintroducción del oso pardo tengan en cuenta la voz de quienes habitan el territorio. Esta preocupación la llevó también a elaborar un documental.

Ruralismo está escrito en primera persona y alterna la nostalgia por el mundo campesino con la confianza en los saberes ancestrales del campo. Freixa combina pasajes líricos, donde la tierra aparece como llamada interna y vínculo con los antepasados, con reflexiones críticas sobre las dos miradas dominantes hacia el medio rural: la explotación por intereses productivos y la conservación que excluye a la población local.

Al inicio del ensayo describe la vida en los pastos altos, donde rebaños de varios pueblos se reúnen a mil ochocientos metros y se contrata a un pastor para la temporada. Con apenas siete ovejas en un censo de más de cuatro mil, ella participa en las tareas y en las conversaciones con los pastores, quienes insisten en la importancia de centrarse en el presente. Freixa afirma: “Tengo claro que estoy ante un estilo de vida en el margen, pero que en estas montañas todavía no se ha interrumpido”.

La autora plantea que el ruralismo no consiste solo en volver a la vida campesina, sino en adoptar otra manera de entender las relaciones humanas y de afrontar la desesperanza que genera la economía actual. Su propuesta, aunque pueda parecer utópica en contextos como la crisis de la vivienda, invita a replantear el valor de la autosuficiencia y la proximidad en la producción de alimentos como vías para reconstruir el tejido social y resistir las presiones del mercado global.

Artículo anterior

María Corina Machado saluda desde el balcón al llegar a Oslo

Artículo siguiente

Valeria Mazza mostró su casa decorada para Navidad

Continuar leyendo

Últimas noticias