15 de enero de 2026
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Milei felicitó a José Antonio Kast y afirmó que Sudamérica despertó a la libertad

Las recientes elecciones presidenciales en Chile implicaron una reconfiguración del mapa político regional. La victoria de José Antonio Kast fue celebrada por distintos líderes sudamericanos, que enviaron mensajes al país en un contexto de relevancia política continental.

En la cena anual de la Fundación Faro —evento al que este martes asistirá Kast— Javier Milei expresó su satisfacción por el resultado electoral y situó el triunfo dentro de una tendencia regional: “Sudamérica ha despertado hacia las ideas de la libertad, lejos de la calamidad del socialismo del siglo XXI”.

Al iniciar su intervención en la velada organizada por Agustín Laje, Milei manifestó su solidaridad con la comunidad judía en Argentina y en el mundo ante el aumento de episodios antisemitas. Vinculó esa oleada de discursos y agresiones con una confrontación ideológica más amplia y advirtió sobre la voluntad de grupos extremistas de imponer sus ideas mediante la violencia.

El mandatario también criticó lo que denominó el “virus woke” en Europa, señalando que esas corrientes exigen ignorar ciertos problemas. Para Milei, en algunos temas no caben atenuantes: “Lo que está mal, está mal y basta”.

Sobre la situación en Chile, Milei felicitó a José Antonio Kast por su victoria y envió un “fraternal abrazo al pueblo chileno que comienza a vivir una nueva era”. Vinculó ese triunfo con un movimiento regional que, según su visión, se aleja de las políticas distributivas asociadas al llamado “socialismo del siglo XXI”.

El presidente destacó el papel de fundaciones y espacios de debate como Faro, que, en su opinión, desempeñan un papel relevante en la “batalla espiritual” por la orientación cultural y política de la sociedad. Definió la contienda como un enfrentamiento ideológico sin armas, pero decisivo para el futuro de millones de personas, y afirmó que cada avance sobre la izquierda representa una conquista.

Milei sostuvo que la izquierda ha dominado la narrativa pública durante décadas y que ha sabido presentar sus propuestas como atractivas, aun cuando, según él, carecen de viabilidad práctica. Señaló que esa capacidad de persuasión ha contribuido a su persistente popularidad.

En su crítica al socialismo afirmó que, aunque “suena lindo”, no funciona y añadió una referencia histórica sobre víctimas atribuidas a regímenes socialistas. Distinguió formas de acceso al poder de los sectores progresistas, indicando que antes recurrieron a la violencia y ahora obtienen apoyo mediante los votos.

En su diagnóstico regional, Milei afirmó que el continente está experimentando un despertar a favor de la libertad y replicó consignas en ese sentido: “viva la libertad carajo”. A su juicio, el avance de regulaciones y políticas estatistas pone en riesgo libertades individuales y puede condenar a las sociedades a un deterioro progresivo.

Durante su exposición criticó las políticas basadas en estimular el consumo mediante gasto público, las calificó de mala práctica económica y advirtió sobre la facilidad con que ideas populares pueden ser falsas. Describió además a Occidente como una cultura con una larga tradición de pensamiento utópico.

Milei se refirió también a etiquetas y debates públicos: cuestionó la clasificación de Keynes como liberal y, en tono irónico, comentó que a Kast se le suele calificar de “ultraderechista” en algunos medios internacionales, como muestra de lo desplazadas que están ciertas interpretaciones.

En materia económica rechazó la separación tajante entre macroeconomía y microeconomía que plantean algunos sectores. Defendió la visión del equilibrio general intertemporal y explicó que un buen economista analiza múltiples mercados y sus efectos futuros, en contraste con quienes solo observan un mercado aislado.

Ante críticas sobre la gestión de la economía real, Milei respondió que la acusación de desatender la microeconomía suele provenir de quienes apoyan intervenciones para beneficiar sectores específicos. Advirtió que esas medidas requieren financiamiento —protecciones comerciales, impuestos, emisión monetaria o deuda— y las describió como formas de lobby y corrupción cuando favorecen intereses particulares.

Finalmente, el presidente defendió un marco liberal: un gobierno, dijo, debe nivelar las condiciones de competencia respetando la vida, la libertad y la propiedad privada, y aplicar el principio de no agresión. Concluyó que no ocuparse de intervenir artificialmente en sectores muestra la honestidad de su administración y su rechazo a prácticas de lobby y corrupción.

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