15 de enero de 2026
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Lecciones de la imprenta para la internet actual

La escritora británica Naomi Alderman, en su nuevo libro Don’t Burn Anyone at the Stake Today (No quemes a nadie en la hoguera hoy: y otras lecciones de la historia sobre cómo sobrevivir a una crisis informativa), ofrece una perspectiva histórica para comprender el impacto de la era digital, a la que denomina Crisis de la Información.

Para Alderman, este cambio tecnológico no es un fenómeno aislado, sino la tercera gran convulsión informativa de la humanidad, después de la invención de la escritura y la aparición de la imprenta. Identificar y nombrar la época que se vive es, según ella, fundamental para afrontar sus retos, y las experiencias de crisis anteriores pueden proporcionar lecciones útiles para la actual.

En las páginas finales del libro reflexiona sobre la dificultad y el coste emocional que conlleva adaptarse a estos cambios, pero también ve la posibilidad de una mayor comprensión entre las personas. Afirma que con la escritura, la imprenta y ahora Internet hemos creado cosas a la vez maravillosas y catastróficas; estamos obligando a nuestras mentes a funcionar de maneras para las que no evolucionaron. Reconoce que el proceso es “difícil, doloroso y a menudo nos enfada y asusta”, pero subraya que, aun así, tendemos a vernos con más claridad.

Alderman, conocida por su novela de ciencia ficción feminista El poder —ganadora del Women’s Prize for Fiction en 2017— y por su trabajo como guionista de videojuegos y presentadora científica en la radio, aplica un enfoque especulativo e histórico para analizar el presente.

Introduce al lector a estudios de teóricos como Walter Ong, que exploró cómo la alfabetización transforma la cultura, y Elizabeth Eisenstein, que estudió cómo la imprenta cambió la relación social con la verdad. Ong observó que las culturas orales suelen ser más conservadoras y menos proclives a la exploración porque la memoria oral limita la reflexión compleja, mientras que la escritura facilitó un pensamiento más profundo y elaborado.

La autora sostiene que la llegada de Internet está alterando la sociedad de manera igualmente profunda: el acceso digital potencia el pensamiento colectivo, multiplica la información disponible y modifica quién puede publicar y difundir contenidos.

Describe este proceso como “desintermediación”: la capacidad de las personas para realizar tareas que antes dependían de especialistas —como reservar vuelos o informarse sobre vacunas— y la consiguiente erosión de las instituciones de la era impresa que actuaban como guardianes de la verdad. Prevée la aparición de nuevas instituciones que gestionen el gran volumen de información, pero mientras tanto recomienda reforzar algunas tradicionales, como la BBC y las bibliotecas públicas.

También aborda los efectos psicológicos de los medios digitales: la anonimidad y el alcance global de Internet han hecho que más personas compartan pensamientos y emociones en línea, lo que facilita descubrir afinidades inesperadas, por ejemplo con fenómenos como el ASMR. Señala que nunca ha sido tan fácil comprender que no existe un tipo de persona que no sea una persona, aunque advierte que la interacción digital puede hacer olvidar que detrás de cada discusión hay individuos reales con sentimientos.

Alderman observa además que cada avance tecnológico acelera los procesos: imprimir un libro fue más rápido que copiarlo a mano, y publicar en Internet supera en velocidad a la impresión. La cultura digital cambia a un ritmo vertiginoso; la autora apenas toca en profundidad las disrupciones que plantea la inteligencia artificial. Aunque el desenlace de esta transformación es incierto, transmite un matiz de esperanza respecto al futuro colectivo.

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