15 de enero de 2026
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Sobrevivir a reuniones familiares conflictivas en Navidad

La Navidad reúne a familiares de distintas edades y relaciones, lo que puede generar dudas cuando los lazos no son buenos. El contexto festivo suele añadir presión a quienes quieren evitar conflictos o emociones negativas durante estas fechas.

En muchos hogares, las celebraciones reactivan viejas tensiones o heridas emocionales. Personas con relaciones complicadas durante el año pueden sentir frustración, soledad o distanciamiento. La expectativa de una convivencia armoniosa a menudo choca con la realidad y agrava estos malestares.

Expertos consultados por Heraldo indican que cada persona llega a las fiestas con sus propias expectativas. La presidenta de la Asociación Aragonesa de Terapia Familiar, Lola Fatás García, advierte que cuando ya existen dificultades en los vínculos “basta una simple cena para que todo se active”, aun con buenas intenciones.

Estrategias para cuidar el bienestar emocional en Navidad

Según la Asociación Aragonesa de Terapia Familiar, las celebraciones tocan asuntos sensibles como el sentido de pertenencia y el reconocimiento. Si esos cimientos están dañados, cualquier desacuerdo pequeño puede generar malestar intenso y dar lugar a discusiones, distancias o sensación de soledad.

Fatás subraya que las reacciones son diversas: algunas personas buscan conexión y compañía; otras prefieren protegerse evitando conflictos mediante el silencio o el aislamiento. Ambos modos de actuar son válidos y merecen aceptación sin juicios.

La psicóloga recomienda comunicar con antelación los límites y necesidades personales para facilitar el apoyo mutuo entre familiares y reducir tensiones.

Una estrategia útil es limitar el tiempo de permanencia en las reuniones: no es necesario quedarse horas si eso implica sufrimiento. También conviene evitar temas que suelen provocar conflicto.

Los asuntos delicados pueden dejarse para momentos más apropiados, con mayor calma y privacidad, en lugar de abordarlos durante las celebraciones.

Fatás apunta que permitirse pausas —salir a tomar aire, alejarse unos minutos del grupo— ayuda a recuperar la serenidad. En muchas ocasiones es preferible evitar conversaciones profundas y priorizar la estabilidad emocional.

Decidir no asistir a un encuentro también es una opción legítima cuando hacerlo supone un perjuicio. La experta aclara que no se trata de una ofensa, sino de una medida de autocuidado.

La sensación de culpa suele estar vinculada a mandatos sociales o familiares que presentan la convivencia navideña como obligatoria y exenta de problemas. Cuidar la propia integridad emocional implica no exponerse a situaciones dañinas.

En esos casos, es aconsejable comunicar la decisión de forma sencilla y tranquila, por ejemplo: “Este año necesito descansar y no acudiré a la cena de Nochebuena. Os deseo una buena celebración y nos vemos en Reyes”.

Poner límites en Navidad no equivale a rechazar a la familia, sino a practicar el respeto por uno mismo. No es necesario dar largas explicaciones si la decisión se transmite con calma y claridad. Además, la idea de una armonía navideña generalizada es un ideal cultural que no siempre refleja la realidad de cada hogar.

En España y otros países mediterráneos, los lazos familiares suelen tener un peso importante, pero eso no garantiza siempre un cuidado mutuo ni la ausencia de heridas emocionales.

La psicóloga recuerda que las familias atraviesan pérdidas, distancias y desencuentros que influyen en cómo se viven estas fechas. Reconocer que cada persona actúa según su historia y sus recursos ayuda a disminuir la presión social y la culpa.

Para equilibrar los vínculos en Navidad, conviene preguntarse qué necesidad personal requiere atención; no hay que actuar solo por las expectativas de otros. Al fijar límites, también es importante reconocer y respetar las necesidades diferentes de los demás.

Fatás concluye que las reuniones navideñas no son el momento idóneo para resolver conflictos familiares complejos.

Las conversaciones profundas sobre asuntos pendientes requieren otro contexto: privacidad, tiempo y calma. La Navidad puede activar duelos por personas ausentes o por ideales familiares no alcanzados; comprender estas dinámicas facilita la compasión hacia los demás y hacia uno mismo.

Según la Asociación Aragonesa de Terapia Familiar, mantener el equilibrio emocional en estas fechas depende de reconocer los propios límites, comunicar de forma asertiva y aceptar la realidad particular de cada familia. Estas prácticas favorecen la salud emocional y relaciones más saludables, incluso cuando la armonía no es completa.

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