15 de enero de 2026
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Estudio de ADN sobre el presunto hijo del conde Zichy Thyssen

La historia arranca con el supuesto padre y la irónica controversia que siguió a su muerte. Federico Augusto Zichy Thyssen, poseedor de una de las mayores fortunas de la historia argentina, falleció el 13 de agosto de 2014 en el Sanatorio Otamendi. Su cuerpo fue velado en la Casa O’Higgins del Bajo Belgrano.

Zichy Thyssen —empresario, ganadero, gran terrateniente, uno de los mejores criadores de caballos árabes del mundo, adicto a los opioides y propietario de una flota de aviones privados— nació en Alemania pero fue criado en Argentina. Ostentaba el título de conde por línea paterna; su abuelo materno, Fritz Thyssen, fue uno de los fundadores del imperio del acero Thyssen y uno de los principales financiadores del ascenso de Adolf Hitler.

Aunque la aristocracia argentina le dedicó páginas fúnebres en La Nación, al velatorio asistió muy poca gente. Federico, de carácter irascible y a veces tiránico, había roto numerosos vínculos con sus caprichos y comportamientos. Un viejo amigo, que mantenía cierta distancia, lo resumió así: “Socialmente, ir al velatorio de Federico era un quemo”.

Solo unos pocos íntimos estuvieron en la funeraria. Su sexta esposa y viuda, Rachel Román Núñez —decoradora de origen dominicano— permaneció junto al cuerpo para recibir condolencias. También estuvieron presentes los abogados y administradores del patrimonio, colaboradores y empleados. La secretaria personal, una joven con la que mantenía un vínculo especial, también asistió.

Federico le había regalado a su secretaria un iPhone 5 que ella usaba principalmente para escuchar música. La viuda tomó la mano de la mujer y le pidió: “Andá, ponele esa canción, que a Federico le encantaba”.

Entonces la secretaria reprodujo la canción preferida del conde por última vez: “My Way”, en la versión de Frank Sinatra. La letra parecía ajustarse a la vida de Zichy Thyssen: “Errores, cometí algunos”, dijo uno de sus versos más emotivos. Con ese clásico parecía cerrarse la historia de un hombre que vivió “a su manera” y que, a pesar de su vida fascinante, permaneció en gran medida en las sombras.

Minutos después, la canción sumó otra ironía: la Policía Federal llegó a la funeraria con una orden judicial para llevarse el cadáver por instrucción de una jueza y un fiscal. En los tribunales se había desatado una disputa por su multimillonaria herencia. Federico —según sus propios cálculos— había tenido seis hijos, con quienes estaba enfrentado desde hacía años. Una de sus hijas había denunciado ante la Justicia porteña que la muerte del conde era sospechosa, planteando la posibilidad de mala praxis o abandono.

Once años después, la saga de Federico Zichy Thyssen —personaje central del libro reciente “La Diosa de Thyssen”, publicado por Penguin Random House— arroja un escándalo final. En el Juzgado Civil N°93, donde se tramita la sucesión millonaria, un hombre humilde de Corrientes busca ser reconocido como su último heredero.

Podría lograrlo: tras años de insistencia, la Justicia autorizó un estudio de ADN con una muestra que deberá tomarse de los restos del conde. La medida causó conmoción en la aristocracia. Si el resultado es positivo, coinciden fuentes vinculadas a los negocios de Zichy Thyssen, el hombre correntino —que usa bombachas de campo, toma mate y viaja en micro— tendría derecho a una porción de una de las mayores fortunas argentinas, con todos los conflictos que eso implicaría.

La decisión de la Justicia

La jueza Paula Castro autorizó la medida el 6 de octubre pasado; la resolución se mantuvo en estricta reserva y fue revelada a Infobae por fuentes del caso. La demanda de filiación fue iniciada en 2020. En septiembre de 2021 la magistrada había ordenado que el cuerpo de Federico Augusto no fuera retirado de su tumba mientras se tramitaba el reclamo.

Notificar a los hijos reconocidos de Federico sobre esta demanda —pese a que forman parte de la sucesión y cuentan con abogados— resultó problemático, según el fallo. “Pese al largo tiempo transcurrido, hasta el momento sólo se ha logrado notificar el traslado de demanda a uno solo de los demandados, Alejandro Augusto Zichy”, el hijo mayor del conde, “quien se presentó mediante apoderado en forma espontánea” en septiembre de 2024. El resto, a pesar de gestiones, no pudo ser ubicado al firmarse el fallo.

La jueza decidió actuar para proteger el derecho a la identidad del solicitante y evitar dilaciones procesales: “Con miras a tutelar el derecho a la identidad del requirente y, a la vez, evitar el dispendio jurisdiccional que conlleva continuar con los trámites de averiguación de los domicilios de los codemandados, considero que el pedido de realización de la prueba genética de ADN resulta atendible, máxime teniendo en cuenta que el resultado que dicha prueba arroje determinará, en definitiva, la continuidad del presente proceso”, concluyó.

Castro ordenó una medida decisiva: exhumar el cadáver de Federico Zichy Thyssen, enterrado en el Jardín de Paz de Pilar, para extraer material genético. La resolución se requirió a la Dirección General de Cementerios bonaerense.

La recolección de muestras y los análisis estarán a cargo del Primer Centro Argentino de Inmunogenética de la Fundación Favaloro, propuesto por el abogado Marcos Córdoba, especialista en derecho de familia que representa al demandante. El Cuerpo Médico Forense, dependiente de la Corte Suprema, deberá ratificar el resultado.

Curiosamente, el Cuerpo Médico Forense ya había extraído muestras de ADN en la autopsia de 2014. Ese dato parece desconocido por el Juzgado Civil N°93 y el estado o la viabilidad de esa muestra resultan inciertos.

El condecito de Curuzú Cuatiá

El demandante encaja en la cronología de la vida de Federico. Es oriundo de Curuzú Cuatiá, donde Zichy Thyssen tuvo la estancia San Juan, una de sus propiedades más importantes. Allí conservaba su colección de relojes Patek Philippe y participaba en asados con sus peones, usando el sombrero chambergo.

El hombre nació en octubre de 1964, cuando Federico estaba en pareja con su primera esposa, la brasileña Alayde Barcellós de Mutzenbecher, con quien había tenido a sus dos primeros hijos. La madre del demandante era una docente de la zona, 13 años mayor que Zichy Thyssen, con la que mantuvo un affaire de alrededor de año y medio; ella inscribió al niño con su propio apellido. La mujer falleció hace dos años, casi centenaria.

El demandante consiguió trabajo en la administración pública de Corrientes y llevó una vida ligada a su comunidad, que conocía su historia. En el pueblo lo apodaban “el condecito”. Incluso puso a sus tres hijos nombres parecidos a los de sus presuntos hermanastros.

En privado, el hombre afirma haber conocido a su presunto padre y haber pasado parte de su infancia con él; recuerda ver a sus presuntos mediohermanos cuando eran niños, durante un verano en una estancia en Santa Fe. Según su relato, Federico iba y venía.

El conde, de carácter errático, alternaba atenciones y castigos: ofrecía afecto en dosis pequeñas, llegaba a agredir por travesuras, organizaba cabalgatas solitarias y vuelos en avión que podían terminar con estallidos de ira. Esa relación inestable continuó en la adultez, con un encuentro final en Curuzú Cuatiá que, según se dice, fue presenciado por la viuda Román Núñez.

La existencia del demandante no es una novedad entre viejos conocidos del conde; varios miembros de su entorno lo reconocen. “Que no lo reconozcan es una injusticia”, dice un interlocutor que conoció la vida y los negocios de Zichy Thyssen y al supuesto hijo.

No obstante, Federico no solía hablar del tema. El mismo allegado comenta: “Sospecho que la cuestión le aburría”. No incluyó al hombre correntino en su testamento de 2012, en el que legó a su viuda la mansión de la avenida Coronel Díaz en Barrio Parque, la cual albergaba una estatua de la diosa Venus esculpida en Roma en el siglo I; la pieza fue subastada en Sotheby’s en 2021 por 24,5 millones de dólares, el mármol romano más caro de la historia.

Hoy esa mansión está en venta tras una profunda remodelación. Un video que la muestra por dentro y desde el aire, creado por el agente inmobiliario que la ofrece, acumuló más de 41 mil “likes”.

“¿No estaba resuelto este tema?” se preguntaba meses atrás otra fuente clave del círculo del conde. En parte tenía razón: el hombre de Curuzú Cuatiá ya había presentado una demanda de filiación en 1997 en el Juzgado Civil N°56, donde el conde figura como demandado. Ese intento no prosperó: se realizó un análisis de ADN en el hospital Durand que arrojó resultado negativo, y el abogado del demandante impugnó ese resultado. Entre allegados del correntino hubo sospechas de manipulación; muchos insistían en que Zichy lo había tratado como un hijo, aunque de segunda categoría.

El nuevo reclamo se apoya en avances científicos. El abogado Córdoba afirma: “Acompañamos un dictamen científico que asegura que el proceso actual de determinación es superior al que se usó en 1997. Está en juego un derecho inalienable. Entonces, la cosa juzgada cede, se flexibiliza. El derecho a la identidad es irrenunciable. Pedimos que se realice inmediatamente el estudio para saber si mi representado no esté indefinidamente en espera. Si no es hijo de Thyssen, se terminó”.

—¿Por qué exhumar el cadáver cuando existieron muestras tomadas en la autopsia?

—Es una cuestión de certeza. Yo no pude controlar esa prueba. Las partes tienen derecho a controlar la producción de pruebas. Queremos que se haga sobre muestras del cadáver.

La plata

Córdoba sostiene que a su cliente no le interesa primero el dinero; su prioridad es conocer su origen. Si el resultado del ADN es positivo, será considerado heredero. El problema, en todo caso, es la dimensión del patrimonio al que tendría acceso: Federico Augusto transfirió en vida gran parte de su fortuna a sus seis hijos mediante acuerdos firmados entre 2003 y 2010, que incluyeron las empresas que controlan sus campos, grandes desarrollos inmobiliarios y trusts en paraísos fiscales del Caribe. Fuentes vinculadas a los negocios del conde y el propio abogado sostienen que, si el ADN confirmara la filiación, el hombre de Corrientes podría reclamar su parte.

Alguien que conoció de cerca las finanzas de Zichy Thyssen y sigue el caso pronostica: “Puede ser un quilombo gigantesco”.

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