Un hormigueo repentino en el rostro, dificultad para hablar o una pérdida súbita de fuerza en una extremidad que se resuelven en minutos pueden parecer un susto pasajero, pero, según Harvard Health, suelen ser una señal de alarma: el accidente isquémico transitorio (AIT) indica un riesgo elevado de sufrir un accidente cerebrovascular completo.
Conocido también como miniaccidente cerebrovascular, el AIT pasa frecuentemente desapercibido por la brevedad de sus síntomas. No obstante, los especialistas advierten que estos episodios fugaces no son inofensivos: alrededor de uno de cada cinco pacientes desarrollará un ictus mayor en los 90 días siguientes.
Qué es un accidente isquémico transitorio (AIT)
El AIT se manifiesta por la aparición súbita de síntomas neurológicos —como alteraciones del habla, pérdida de visión o debilidad en un lado del cuerpo— que suelen durar minutos u horas y luego desaparecen por completo. Esa resolución rápida lleva a muchas personas a no buscar atención médica.
Harvard Health explica que el mecanismo del AIT es el mismo que el del accidente cerebrovascular isquémico: una obstrucción temporal de los vasos que irrigan el cerebro. La diferencia es que, en el AIT, el flujo se restablece antes de que se produzcan daños permanentes.
Cómo se produce un AIT
Según Harvard Health, el AIT se produce cuando un coágulo o una placa bloquea de forma transitoria el suministro sanguíneo a una zona cerebral, privándola de oxígeno. Aunque el bloqueo se resuelva y los síntomas remitan, el episodio revela la existencia de una enfermedad vascular subyacente.
Los especialistas insisten en que la desaparición de los síntomas no significa que el riesgo haya desaparecido. El peligro de un accidente cerebrovascular completo sigue siendo elevado, sobre todo durante la semana posterior al AIT.
La entidad médica estadounidense señala que aproximadamente el 20% de quienes experimentan un AIT sufren un accidente cerebrovascular isquémico mayor en los tres meses siguientes, con el mayor riesgo en los primeros siete días tras el episodio.
La brevedad de los síntomas puede generar una falsa sensación de seguridad, pero, según Harvard Health, ambos eventos comparten causas, mecanismos y posibles consecuencias graves. Ignorar las señales puede conducir a daño cerebral irreversible o incluso a la muerte.
La importancia de una respuesta médica inmediata
Ante cualquier síntoma neurológico súbito, aunque dure solo minutos, es esencial buscar atención médica de inmediato. Un diagnóstico y tratamiento precoces permiten identificar y controlar factores de riesgo —como hipertensión arterial, diabetes o fibrilación auricular— que favorecen la formación de coágulos.
Harvard Health advierte que retrasar la consulta aumenta considerablemente la probabilidad de complicaciones graves, como discapacidad permanente o fallecimiento. La respuesta rápida puede salvar vidas.
Cualquier sospecha de AIT debe motivar una consulta urgente en un centro de salud. El control de los factores de riesgo y el seguimiento especializado son fundamentales para reducir la probabilidad de nuevos episodios.
Restar importancia a los síntomas, aunque desaparezcan por sí solos, es ignorar una advertencia del organismo ante un peligro potencialmente mortal. La recomendación de los especialistas es clara: no confiarse.
El miniaccidente cerebrovascular exige una reacción inmediata, pues supone una señal concreta de riesgo inminente de un accidente cerebrovascular completo.


