El famoso balcón de “Julieta” en Verona, vinculado a la tragedia de Shakespeare, está en el centro de la atención por la introducción de una tarifa de acceso y nuevas restricciones para los visitantes. La medida busca responder a problemas de seguridad y control de multitudes en uno de los destinos turísticos más visitados de Italia.
Implementación de una tarifa para acceder al balcón de “Julieta” en Verona
Por primera vez en la práctica turística reciente de Verona, quienes deseen subir al balcón deberán pagar una entrada de 12 euros. Hasta ahora el acceso era gratuito y permitía a miles de visitantes recrear la icónica escena anual. El cobro se aplica durante la temporada navideña, aunque las autoridades no descartan su uso en otros periodos de alta afluencia. El objetivo anunciado es regular el flujo de turistas y contribuir al mantenimiento y la seguridad del sitio.
La decisión ha despertado debate porque rompe con la tradición de acceso libre a muchos espacios históricos europeos. Las autoridades defienden la medida como un intento de preservar el edificio y mejorar la experiencia de los visitantes reduciendo el desorden y los riesgos asociados a grandes aglomeraciones.
Restricciones adicionales: límite de visitantes y tiempo máximo en el balcón
Además de la tarifa, se han impuesto otras limitaciones: el aforo máximo dentro de la casa se ha reducido a 100 personas simultáneas, frente a las 130 anteriores, para evitar concentraciones peligrosas en momentos de mucha demanda.
Quienes accedan al balcón dispondrán de un minuto exacto (60 segundos) para permanecer allí, ya sea para hacerse fotografías o visitar el lugar. Esta restricción pretende agilizar el flujo de turistas y evitar cuellos de botella, ofreciendo a más visitantes la posibilidad de acceder sin esperas excesivas, aunque también ha generado críticas por la presión temporal que impone.
Controversias y justificación oficial de las nuevas medidas
Las nuevas normas han suscitado críticas entre guías turísticos y comerciantes, que temen que el cobro y las limitaciones desincentiven las visitas y perjudiquen la economía local. También ha reavivado el debate sobre la comercialización de símbolos culturales, dado que la casa y el balcón carecen de relación documental con los personajes de Shakespeare.
El ayuntamiento sostiene que las medidas son necesarias por “razones de seguridad pública”, al considerar que la afluencia previa alcanzaba niveles insostenibles y dificultaba la gestión del flujo de personas. Según las autoridades, la intención es garantizar un entorno más ordenado y seguro para visitantes y trabajadores sin renunciar al atractivo turístico del lugar.
Origen e historia de la casa y el balcón de “Julieta”
El interés por el balcón se basa más en la tradición literaria que en la veracidad histórica. Aunque “Romeo y Julieta” está ambientada en Verona, la casa conocida como la de “Julieta” no está vinculada directamente con los personajes ni con los hechos de la obra. El edificio es de origen medieval y perteneció en su momento a una familia llamada Cappelletti, cuyo apellido pudo inspirar el de los Capuleto en la pieza. El balcón, tal como se conoce hoy, fue añadido en la década de 1930 y la estatua de Julieta en el patio data de los años setenta del siglo XX.
Esta circunstancia ha alimentado el debate sobre la autenticidad del lugar como destino romántico, aunque no ha impedido que el balcón siga atrayendo a grandes cantidades de visitantes y se consolide como un símbolo turístico de la ciudad.
Posibles futuras regulaciones y temporalidad de la tarifa
La entrada se exige únicamente durante la temporada navideña, desde finales de diciembre hasta el 6 de enero, tras lo cual el acceso vuelve a ser gratuito. No obstante, las autoridades podrían reinstaurar la tarifa en otros periodos de alta demanda, según la evolución de la situación y la respuesta del público.
También se advierte que, si las medidas provocan aglomeraciones en el exterior, podría implantarse un circuito de sentido único en la calle donde se ubica la casa para mantener el orden y la seguridad en el entorno.
Estas acciones reflejan la tensión entre la conservación de espacios emblemáticos y la presión del turismo global, y muestran los desafíos que afrontan las ciudades históricas en la gestión de su patrimonio y su imagen internacional.


