Un motivo recurrente de consulta a especialistas es la aparición de un olor a podrido en jardines y céspedes. Este olor desagradable suele percibirse de forma inesperada y, en muchos casos, no es evidente de inmediato cuál es su origen.
El olor a descomposición en el césped puede ser síntoma de un desajuste en el sistema del jardín y requiere atención para evitar que empeore. Determinar la causa no siempre es sencillo, ya que el problema puede provenir tanto del sustrato como de procesos que ocurren bajo la superficie. Entre las causas más habituales figuran el exceso de humedad, la descomposición de materia orgánica y la proliferación de microorganismos o plagas. Detectar y abordar el origen con rapidez es clave para recuperar la salubridad y el buen aspecto del espacio verde.
Los expertos en horticultura señalan que cuando el mal olor es persistente suele existir un problema en el sustrato: pérdida de oxigenación por riego excesivo, mala circulación de aire o acumulación de hojas y restos vegetales. Asimismo, la incorporación de compost sin curar o de recortes de césped mal gestionados puede acelerar la putrefacción y aumentar el olor.
Sustrato y drenaje: por qué el suelo puede generar olores desagradables en el jardín
Un sustrato encharcado y con poca aireación favorece la formación de compuestos malolientes. Cuando la tierra está compactada o las macetas carecen de drenaje adecuado, la descomposición se realiza en condiciones anaeróbicas, liberando gases y olores intensos. Organizaciones especializadas en horticultura recomiendan mantener el suelo suelto y bien ventilado para evitar estas situaciones.
El uso de compost no maduro también puede ser problemático, ya que sigue emitiendo gases mientras se descompone. Para prevenir olores, conviene verificar el drenaje de macetas y canteros, airear el sustrato, controlar el riego y retirar restos vegetales demasiado húmedos o en avanzado estado de descomposición.
El rol de los insectos y otros organismos en la aparición del mal olor
Además del propio sustrato, la proliferación de insectos, larvas, mosquitos de suelo o gusanos en ambientes muy húmedos puede intensificar la descomposición y la fermentación de materia orgánica, potenciando el olor a podrido. Incluso la presencia abundante de lombrices, generalmente beneficiosa en cantidades moderadas, puede agravar el problema si hay exceso de residuos en descomposición.
Para evitar estos problemas se recomienda mantener buena ventilación en el jardín, eliminar hojas y restos acumulados, asegurar un drenaje eficiente y realizar limpiezas periódicas. También conviene vigilar la aparición de hongos en zonas húmedas, ya que contribuyen a olores similares a la madera podrida; la supervisión y el mantenimiento regular son fundamentales para preservar la calidad del espacio exterior.


