Al final del año, los multimillonarios destinan importantes recursos a viajes y celebraciones en destinos exclusivos que priorizan la privacidad, el lujo y la convivencia con personas de alto poder adquisitivo. Según Business Insider, esos desplazamientos suelen realizarse en jets privados o superyates y buscan entornos de acceso muy restringido y servicio personalizado.
En el Caribe, St. Barts se consolida como uno de los principales focos del turismo de ultralujo durante las fiestas. Diversos superyates de gran tamaño navegan hacia esas aguas cálidas. Este año, por ejemplo, el Launchpad de Mark Zuckerberg se ubica en el golfo de California, cerca de Cabo San Lucas; mientras que embarcaciones como el Koru de Jeff Bezos, el Rising Sun del productor David Geffen y el Whisper de Eric Schmidt ya permanecen en el mar Caribe con la expectativa de que sus propietarios celebren el Año Nuevo en la isla.
No todos los viajeros permanecen a bordo: hoteles como Eden Rock y Cheval Blanc —este último perteneciente a LVMH, el grupo de Bernard Arnault— ofrecen habitaciones que pueden superar los USD 7.000 por noche y suites con tarifas de cinco dígitos. Para asesores en bienes de lujo como Winston Chesterfield, ese nivel de precios forma parte del atractivo de St. Barts: allí no existe mercado masivo y el acceso está destinado a quienes cuentan con recursos muy elevados.
El fenómeno también se repite en estaciones invernales europeas. Las cumbres alpinas, con localidades como Gstaad, St. Moritz, Courchevel y Val-d’Isère, atraen cada temporada a una clientela de alto patrimonio. Según el Alpine Index 2025 de la consultora Knight Frank, en Gstaad el precio por metro cuadrado puede llegar a los USD 55.600, lo que la sitúa como la zona más cara de los Alpes.
En Estados Unidos, destinos como Aspen, Vail y Carbondale —con Aspen a la cabeza— concentran la preferencia de los más acomodados. La firma Altrata, especializada en seguimiento de patrimonios, indica que Aspen registra la mayor densidad de residentes con fortunas superiores a los USD 30 millones y la segunda más alta del mundo, sólo por detrás de Mónaco. Entre quienes poseen propiedades allí figuran figuras como Ken Griffin, Rob Walton y Charles Koch; Jeff Bezos y Lauren Sánchez Bezos también son visitantes habituales.
El atractivo de Aspen combina oferta gastronómica y comercial de primer nivel —incluido un restaurante del chef Nobu Matsuhisa y tiendas de lujo como Gucci y Prada— con clubes privados reconocidos, como Casa Tua o Caribou Club. No obstante, según Altrata y especialistas consultados, el principal imán para los propietarios de alto patrimonio es la práctica de deportes de invierno, sobre todo el esquí, que recrea una experiencia après-ski similar a la europea: grandes montañas, buenas pistas, hoteles de lujo y restaurantes destacados.
En conjunto, estos patrones muestran que, durante las fiestas de diciembre, los viajes de los multimillonarios se orientan a entornos diseñados a su medida —desde playas caribeñas hasta estaciones de esquí y retiros exclusivos—, cuyo rasgo común es la máxima discreción y la oferta de experiencias personalizadas.


