15 de enero de 2026
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Terremoto de 500 km en Myanmar desafía modelos sísmicos y evaluación de riesgo

Un sismo de magnitud 7,7 sacudió Myanmar el 28 de marzo de 2025, provocando una ruptura continua de casi 500 kilómetros en la falla de Sagaing, cerca de Mandalay.

Un equipo internacional encabezado por la University of New Mexico analizó el evento y concluyó que desafía los modelos tradicionales sobre el comportamiento de fallas maduras, abriendo nuevas perspectivas para la evaluación del riesgo sísmico a escala global.

Una ruptura inusual en la falla de Sagaing

La falla de Sagaing atraviesa Myanmar de norte a sur; es una falla de desgarre geológicamente madura con un trazado rectilíneo comparable, en algunos aspectos, a la falla de San Andrés en California.

El estudio, liderado por el profesor asistente Eric Lindsey (University of New Mexico), señaló que la ruptura de 2025 ofreció una oportunidad excepcional para observar cómo la energía sísmica se transmite desde las profundidades de la corteza hasta la superficie.

Lindsey comentó que la mayoría de los terremotos afectan segmentos mucho más cortos, de entre 50 y 100 kilómetros, y que resulta extraordinario desde el punto de vista científico presenciar una ruptura tan larga, continua y recta.

Debido al conflicto armado en Myanmar y a los daños en la infraestructura, el equipo no pudo trabajar sobre el terreno y recurrió a técnicas de observación remota, empleando imágenes satelitales para medir con precisión los desplazamientos del terreno.

Utilizaron principalmente dos herramientas: la correlación óptica de imágenes basada en Sentinel-2 y el interferómetro de apertura sintética (InSAR) de Sentinel-1.

Estas técnicas permitieron rastrear los cambios en la superficie antes y después del sismo, incluso con nubosidad o durante la noche, sin necesidad de presencia física en el área.

Un hallazgo que cuestiona modelos previos

El análisis de los datos satelitales arrojó un resultado inesperado: a diferencia de muchos grandes terremotos, en este caso no se detectó el denominado déficit de deslizamiento superficial.

Normalmente, la superficie se desplaza menos que las capas profundas durante un sismo, lo que plantea interrogantes sobre dónde se disipa la energía liberada.

En Myanmar, el estudio encontró que el deslizamiento profundo se manifestó por completo en la superficie. Según Lindsey, en fallas maduras y lisas la energía tiende a concentrarse y a llegar directamente a la superficie, en contraste con fallas más jóvenes o irregulares donde la energía se disipa en múltiples fracturas menores.

El trabajo identificó además que la ruptura conectó varios segmentos de la falla de Sagaing en una reacción en cadena de 500 kilómetros, superando barreras que antes se consideraban límites naturales para la propagación de sismos.

Los investigadores observaron que las zonas que habían sufrido terremotos en el siglo XX presentaron menos deslizamiento, mientras que los segmentos inactivos desde el siglo XIX registraron los mayores desplazamientos.

Este patrón, denominado “predictibilidad del deslizamiento”, sugiere que podría anticiparse la magnitud del movimiento en segmentos de falla que aún no han roto, lo que contribuiría a mejorar la planificación frente a futuros riesgos sísmicos.

Implicancias para el riesgo sísmico global

Las conclusiones del equipo de la University of New Mexico tienen implicaciones directas para la revisión de modelos de riesgo sísmico, en particular en regiones atravesadas por fallas maduras.

La eficiente transferencia de energía a la superficie observada en Myanmar sugiere que la intensidad del movimiento del suelo cerca de la falla podría ser mayor de lo que predicen los modelos actuales. Esto afecta no solo a Asia, sino también a zonas sísmicas de América Latina, España y Estados Unidos donde existen fallas con características similares.

El uso de tecnologías satelitales, como InSAR y la correlación óptica, demostró ser esencial para avanzar en la comprensión de la física de las fallas cuando el acceso directo es imposible.

Lindsey resaltó la importancia de la colaboración científica internacional y del acceso abierto a los datos, subrayando que estos avances benefician a millones de personas expuestas a peligros naturales en todo el mundo.

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