María llegó a la Argentina desde Barcelona cuando tenía ocho años. Vino con su familia, motivada por los relatos que su tía —la hermana de su madre— les contaba sobre el país. Con el tiempo se asentaron: su padre consiguió trabajo en Canale y su madre en Amat, y aquello que comenzó como una mudanza se convirtió en un hogar definitivo para María y los suyos.
Desde joven mostró especial interés por la lectura; entre todas las materias del colegio, Literatura fue siempre su preferida. Ese gusto por los libros no desapareció con los años, sino que permaneció latente y reapareció cuando decidió retomar sus estudios. María es uno de los muchos adultos mayores de la región que encontraron en el Plan FinEs una oportunidad para concluir la educación secundaria. Para ella, terminar el colegio no fue solo cumplir con un requisito académico: significó cerrar una etapa pendiente y abrir nuevas posibilidades, personales y formativas.
La decisión de volver a estudiar no fue sencilla. Durante casi una década se encargó del cuidado de su esposo mientras él estuvo enfermo, y por ese motivo pospuso sus metas personales. “Lo postergué mucho tiempo”, reconoce, al relatar esa etapa de sacrificio y dedicación familiar. Tras años de prioridad puesta en los demás, fue su familia —especialmente sus hijos— quienes la alentaron a retomar el camino educativo. Ese apoyo fue clave para que decidiera priorizarse y sostener el esfuerzo hasta el final.
En su experiencia, el acompañamiento docente y el trabajo en grupo fueron elementos fundamentales. Los profesores y el grupo de estudio la acompañaron durante el proceso, transformando la obligación en una experiencia gratificante. La constancia diaria, el intercambio con compañeros y el respaldo de quienes la guiaron en las clases hicieron más llevadero el desafío de completar el secundario en la adultez.
La historia de María refleja una realidad creciente: muchas personas adultas aprovechan programas educativos para reinsertarse en la formación formal y proyectar nuevas metas. Más allá del certificado, el logro para María tuvo un valor simbólico profundo: le permitió cerrar un capítulo de su vida marcado por la postergación y abrir otro, con proyectos, ganas de seguir aprendiendo y la certeza de que siempre es posible retomar aquello que se dejó inconcluso.


