La subasta celebrada en Detroit, originada por circunstancias personales del custodio y formalizada tras un acuerdo judicial, atrajo a coleccionistas y renovó el interés por objetos vinculados al hundimiento del Edmund Fitzgerald. Organizada por la casa DuMouchelles, la venta tuvo lugar el 19 de diciembre de 2025 y coincidió con el 50.o aniversario del siniestro, una fecha significativa para quienes siguen la historia del emblemático carguero.
Un aro salvavidas y un fragmento de bote salvavidas, recuperados del naufragio, se vendieron por 150.000 USD en la subasta, que reunió a coleccionistas, aficionados a la historia marítima y familiares de las víctimas. Los objetos, considerados de alto valor histórico, se adjudicaron tras una puja intensa. El comprador no fue identificado públicamente, aunque fuentes internas indicaron que se trata de un conocido coleccionista de reliquias náuticas.
Las piezas fueron encontradas por Larry Orr, carpintero y residente de Yulee, Florida, ocho días después del hundimiento. Orr halló el aro y un fragmento de madera durante una pausa en su trabajo en la costa de la península superior de Michigan y, ante la desaparición del gran mineralero, reconoció de inmediato la relevancia de los restos.
Durante décadas, Orr permitió que los artefactos permanecieran en exhibición en un museo de Michigan, donde miles de visitantes los vieron como recuerdo tangible del suceso.
Orr explicó que la decisión de vender respondió a necesidades económicas personales. Tras casi 50 años como custodio de las reliquias, optó por desprenderse de ellas por motivos financieros. Esta decisión se enmarcó en un contexto judicial previo: había acordado entregar objetos al estado de Michigan como parte de un convenio de 600.000 USD relacionado con una demanda por mala conducta policial, un proceso ajeno a la historia del Edmund Fitzgerald.
Después de que The Associated Press hiciera públicos detalles del acuerdo, el estado aceptó devolver los artefactos a Orr, lo que permitió celebrar la subasta sin que ello afectara la suma percibida por el acuerdo judicial.
El hundimiento del Edmund Fitzgerald mantiene un lugar destacado en la memoria colectiva de Norteamérica. La noche del 10 de noviembre de 1975, el carguero —conocido como “Fitz”— se hundió en el Lago Superior a 163 metros (535 pies) de profundidad tras una fuerte tormenta, perdiéndose la vida de los 29 tripulantes. La tragedia causó gran consternación y tuvo un impacto cultural notable: en 1976 el cantautor canadiense Gordon Lightfoot la inmortalizó en la balada “El naufragio del Edmund Fitzgerald”.
El interés por las reliquias del Fitzgerald se ha mantenido porque se han recuperado muy pocos restos físicos del buque, lo que confiere a cada pieza un carácter exclusivo y un elevado valor simbólico. Los objetos subastados no solo remiten a un capítulo trágico de la historia marítima, sino que también evocan a los marineros fallecidos y el misterio sobre las circunstancias exactas del hundimiento.
El elevado precio alcanzado en la subasta reflejó el interés sostenido por los recuerdos materiales de una de las tragedias marítimas más representativas del siglo XX. El vendedor aseguró que el resultado superó sus expectativas, lo que evidencia que el legado del naufragio sigue despertando curiosidad y asombro. Asimismo, el evento reavivó el debate sobre la preservación de objetos históricos frente a su comercialización, una cuestión que genera posiciones encontradas entre familiares de las víctimas, coleccionistas y autoridades.
Mientras tanto, la memoria del Edmund Fitzgerald se mantiene viva mediante iniciativas culturales, exposiciones temporales y la música, que cada año invitan a nuevas generaciones a reflexionar sobre la fragilidad de la vida en el mar y la importancia de conservar la historia compartida.


