La imagen de Nikola Jokić, tres veces MVP de la NBA y figura de los Denver Nuggets, conmovido hasta las lágrimas tras la victoria de su caballo en una carrera de arnés en Serbia, se convirtió en un momento muy difundido fuera del ámbito del básquet.
En el video viral se ve a la estrella abrazando a los integrantes de su establecimiento Dream Catcher para celebrar el triunfo de Demon Dell’Est, mostrando una faceta poco habitual, alejada de los focos y marcada por una alegría genuina.
La reacción espontánea en Sombor, su ciudad natal, fue vista por millones en redes sociales y puso de relieve el contraste entre la serenidad que suele mostrar —incluso tras ganar el título con Denver en 2023— y la emoción que siente en su entorno ecuestre.
El cariño de Jokić por los caballos es algo más que una anécdota: según The New York Times, forma parte central de su identidad. El propio jugador ha explicado que ese vínculo nace de la tradición local y de sus primeras vivencias en las cuadras.
“Tenemos un proverbio: si de niño te tragas un pelo de caballo, jamás dejas de amarlos”, ha contado Jokić. Ha decorado su casillero en el Ball Arena con fotos y listones de competencias y describe la convivencia diaria con los caballos —observarlos, entrenarlos y pasar tiempo con ellos— como una fuente de paz que siempre busca cuando vuelve a Sombor.
El entorno que lo acompaña
Para su círculo más cercano, ese vínculo tiene un significado especial. Ogi Stojaković, asistente de los Nuggets y compatriota, asegura que los caballos son la primera pasión real del serbio.
Su compañero Aaron Gordon, que conoce bien su rutina en Sombor, destaca la naturalidad con la que la comunidad ecuestre lo trata como uno más: eso explica, según él, la humildad de Jokić. Gordon también subraya que la autenticidad y la grandeza de los caballos le brindan una serenidad única.
La autenticidad es un rasgo que varios colegas y amigos repiten al hablar de Jokić. Cam Johnson ha comentado en distintas ocasiones el cuidado y el cariño que el jugador dedica a su operación hípica, sin importar la distancia.
“Se nota la felicidad que le produce hablar de eso”, ha dicho Johnson. Bruce Brown, que coincidió con él en dos etapas en los Nuggets, afirmó haber visto a Jokić emocionarse más con los caballos que en algunos partidos decisivos de la NBA, lo que, según Brown, demuestra su pasión.
Un refugio lejos de la fama
El contraste entre la figura pública y la vida sencilla entre establos se acentúa cuando Jokić describe cómo lo perciben allí: “Los animales no me ven como una estrella, y las personas tampoco”, explicó al medio citado.
“Llegué allí a los 13 años como mozo de cuadra y mi amigo, que todavía entrena a mis caballos, me sigue viendo igual.” Esa pertenencia y ese trato sin distinciones han sido esenciales para su equilibrio personal, según quienes lo conocen.
Para Jokić, los caballos son más que un pasatiempo: constituyen un refugio emocional y una conexión imprescindible. “Es un escape”, ha reconocido, y señaló que sigue el mundo de los caballos a diario, que tiene amigos en distintas partes del mundo por esa razón, y que eso le permite desconectarse del básquet y vincularse con la naturaleza y con personas que no le dan importancia a su fama.
Tras una victoria ante Golden State, contó que el entrenador de sus caballos en Serbia es amigo de la familia y que su hijo fue el padrino en su boda: “Ganamos y perdemos juntos, pescamos, compartimos momentos”, resumió, mostrando la red de afectos que ha construido gracias a esta pasión.
Compañeros y familiares coinciden en que este apego perdurará. “Todos nos ven como atletas, pero hay quienes tienen mucha profundidad. Él es uno”, dijo Gordon. Jokić, por su parte, confía en que ese amor se mantendrá: “Espero que ese amor nunca se acabe”.
Quien busque a Jokić en Sombor no tendrá que esforzarse: suele estar entre los caballos, en su establo, disfrutando la plenitud que le brinda su pasión más personal.


