15 de enero de 2026
Buenos Aires, 24 C

Yannick Nézet-Séguin reconoce las dudas sobre quién actúa en el Concierto de Año Nuevo

Cada 1 de enero, cerca de 50 millones de personas siguen el Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena, con un programa de valses, polcas, marchas y mazurcas dirigido por una figura destacada. Este año el director será Yannick Nézet-Séguin, director musical de la Metropolitan Opera de Nueva York y de la Orquesta de Filadelfia, y director artístico de la Orchestre Métropolitain de Montreal. Además de su trayectoria, Nézet-Séguin, de 50 años, es conocido por su apariencia poco convencional: cabello rubio decolorado, chaquetas a medida con estampados llamativos y, en ocasiones, esmalte de uñas.

Nézet-Séguin incorporará al programa el “Vals Arcoíris” de la compositora afroamericana Florence Price. Su vestimenta será un traje a medida de Louis Vuitton, estilizado por su esposo, el violista Pierre Tourville; el director describe el conjunto como “tradicional con un giro”. Esta entrevista telefónica ha sido editada y condensada.

—¿Qué le inspiró a dirigir orquestas a los 10 años?

—Fue algo muy instintivo; me sentí impulsado hacia ello.

La revelación fue darme cuenta de que, aunque amaba la música, ser pianista me resultaba solitario. Al cantar en el coro comprendí la fuerza de la música colectiva y, al ver al director obtener sonido de un grupo, supe que ese era mi lugar, porque no me atrae estar solo.

También mostré inclinación por el liderazgo desde joven; en la escuela me gustaba dirigir a los grupos. Sentí que dirigir me permitía estar en el centro sin ser la única persona en escena. Hoy, lo que más valoro de mi profesión es el contacto humano que proporciona.

—¿La habilidad musical es innata o fruto de la educación?

—Es una cuestión amplia y probablemente nunca se sabrá con certeza. Creo que existe talento, una semilla que necesita el entorno adecuado. Mis padres eran maestros y disfrutaban de la música, aunque no éramos un hogar estrictamente musical; tenían un tocadiscos y eso fue suficiente.

En una era de fama instantánea, cada uno tiene la responsabilidad de desarrollar su talento. En mi caso, mi pasión fue tan intensa que no dejó a mis padres otra opción que apoyarme.

—Usted aporta juventud y carisma, y su estilo conecta generaciones. ¿Qué necesita la música clásica para sobrevivir y prosperar?

—La cualidad principal es la autenticidad: ser fieles a nosotros mismos y a los demás. Tuve la suerte de crecer en ciudades donde se me aceptó tal como soy. Cuando asumí la dirección musical en Montreal a los 25 años, llevaba el cabello teñido; no fue un gesto para modernizar la música clásica, sino para decir “este soy yo” y no ocultarme ante un mundo todavía tradicional.

—¿Cómo está la Metropolitan Opera y cuál es su visión para ella?

—He usado mi plataforma para destacar a compositoras y compositores de distintos orígenes: mujeres, afroamericanos y creadores de Medio Oriente, Latinoamérica y pueblos indígenas. Poner energía en obras contemporáneas y acercarnos a comunidades que antes no se sentían representadas ha sido transformador para la Met.

—¿Se refiere a priorizar la diversidad en los artistas y el repertorio?

—Exacto. No lo veo como una postura política, sino como ampliar nuestro repertorio para incluir a públicos y creadores que históricamente se han quedado fuera. La ópera debería ser accesible para todos; no es justificable programar únicamente obras que reflejan épocas y lugares muy concretos de la historia europea.

—¿Entonces la Metropolitan Opera está en buen momento?

—He trabajado en la Met, primero como director invitado, desde 2009, y creo que en la actualidad la institución está en una excelente posición.

—En el cine, actores han interpretado directores; usted asesoró a Bradley Cooper en Maestro. ¿Qué responde a quien piensa que los directores solo hacen gestos mientras otros tocan?

—No culpo a quienes lo piensan; sigue siendo sorprendente que un gesto produzca un efecto concreto. La dirección tiene un componente mágico e intangible; es casi telepática.

Una orquesta puede tocar sin director y mantener el tempo, pero ese enfoque resulta básico. El director crea las condiciones para que los músicos se coordinen, se relajen y transmitan una emoción compartida. Es comparable a entrenar a un equipo deportivo: se acuerda una visión y luego los intérpretes la realizan.

—¿Qué hace en su tiempo libre?

—Cuido mi condición física porque es esencial para dirigir sin lesionarme: levanto pesas, practico yoga, corro y nado. También leo y veo programas ligeros, como los de arreglo de hogares. Tres veces al año voy a la playa y aprovecho para no hacer nada; entonces no escucho música clásica, sino R&B o a Bad Bunny, del que estoy muy aficionado. Según mi Spotify Wrapped, las cuatro canciones que más escuché son de él.

Fuente: The New York Times

Artículo anterior

Tini en Rosario con Futttura: precios y ubicaciones en el Coloso

Artículo siguiente

Ataque ucraniano provoca apagón masivo en Moscú

Continuar leyendo

Últimas noticias