15 de enero de 2026
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Cloud Dancer y el blanco 2026: fin de la creatividad

Cada año, desde 1999, Pantone anuncia su Color of the Year, una elección que funciona como indicador cultural y adelanta tendencias en diseño, branding y moda a nivel global. Para 2026, Pantone seleccionó Cloud Dancer, un matiz de blanco.

La decisión generó un intenso debate sobre la relación entre color, contexto y cultura: en redes sociales, diseñadores y aficionados manifestaron incomodidad y calificaron la elección como fría, conservadora, política o desconectada del momento histórico.

La expectativa alrededor del anuncio es alta porque el color elegido no solo marca lo que podría verse en pasarelas y productos masivos, sino que también condensa estados de ánimo colectivos y climas sociales. Por ello, cuando la elección es un blanco, la cuestión trasciende lo estético y adquiere una dimensión cultural.

¿Por qué fue tan polémica la elección del blanco?

En un contexto social y político marcado por tensiones y disputas simbólicas, la palabra “blanco” despierta asociaciones que pueden chocar con la calma que Pantone pretende comunicar. Cloud Dancer, lejos de ser neutral, plantea un debate sobre cómo los colores dialogan con su tiempo y qué lecturas facilitan o impiden según el contexto.

La polémica también se inserta en una discusión más amplia sobre la desaturación del universo visual: el auge del minimalismo, los interiores neutros, el “clean look” y la estética vinculada al lujo discreto refuerzan la sensación de que el color retrocede frente a una paleta más controlada y homogénea.

Por qué Pantone eligió Cloud Dancer para 2026

Pantone explica la elección como una respuesta a la sobreestimulación, la inmediatez y la ansiedad contemporáneas. Cloud Dancer propone un descanso visual, una pausa para recuperar bienestar emocional, físico y mental. Latrice Eiseman, directora ejecutiva del Pantone Color Institute, describió este matiz de blanco como una promesa de claridad en un momento de transformación.

Este blanco invita a un tipo de escape silencioso: un espacio sin distracciones donde predominan la serenidad y la ligereza. La idea de “volver a cero” puede resultar atractiva para muchos consumidores, pero plantea una pregunta clave sobre cómo se relaciona esta propuesta con culturas, como la latina, que históricamente se han expresado mediante la saturación, la textura y el contraste.

El blanco frente a la identidad latinoamericana

La cultura latinoamericana se ha caracterizado por su exuberancia visual, su riqueza cromática y la convivencia entre tradición y contemporaneidad. En esta región, el color funciona como lenguaje, memoria afectiva y archivo cotidiano: señala mezclas culturales y contribuye a la identidad. Por eso no sorprende que algunas voces latinas reciban con recelo la elección de un blanco como color del año.

Sin embargo, reducir el blanco a vacío o neutralidad desconoce su carga simbólica. Como han señalado creadores y creadoras, a lo largo de la historia el blanco ha representado pureza, duelo, renacimiento, poder, sanación, espiritualidad y ritualidad. Está presente en ceremonias religiosas, prácticas afro e indígenas, celebraciones comunitarias y gestos de renovación. En ese sentido, para una región rica en color, el blanco puede interpretarse como un espacio lleno de memoria y significado.

El blanco como lienzo, no como silencio

Un aspecto relevante de Cloud Dancer es su potencial como lienzo: el blanco no necesariamente clausura el color, sino que lo potencia. Funciona como superficie que amplifica otros tonos y permite jugar con texturas, estampados, volúmenes y materiales. En moda, diseño e interiores, el blanco puede ser el escenario donde conviven lo artesanal y lo tecnológico, lo tradicional y lo contemporáneo, y donde colores más vibrantes cobran protagonismo.

Visto así, Cloud Dancer no impone una estética minimalista absoluta, sino que habilita combinaciones más libres: colores intensos que emergen con mayor fuerza, textiles que destacan y estampados que respiran. El problema no es el blanco en sí, sino el relato monolítico que se ha construido en torno a él en los últimos años.

¿2026 será el año del minimalismo extremo?

A esta tensión se suma la influencia de las redes sociales, donde el blanco suele asociarse con sofisticación, orden y estatus. Durante los últimos años, el “clean look” y la estética “old money” han promovido una aspiración basada en la neutralidad cromática: la visibilidad social ligada a paletas como el negro, el blanco y el beige.

No obstante, Cloud Dancer ya comienza a resignificarse en distintos escenarios culturales. Un ejemplo es LUX, el nuevo álbum de Rosalía, cuya portada utiliza este tono blanco de manera que no resulta vacía ni aséptica; la propuesta visual y sonora muestra que el blanco puede contener símbolos, mensajes y capas de sentido.

Quizás el desafío real de este Color of the Year no sea aceptarlo o rechazarlo, sino debatir cómo se emplea, desde qué perspectivas se narra y qué historias se construyen alrededor suyo.

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