15 de enero de 2026
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Germaine Derbecq: arte, bohemia y valentía en la Colección Amalita

Cualquier interesado en la historia del arte argentino reconocerá el nombre de Germaine Derbecq (París, 1899 – Buenos Aires, 1973), una destacada crítica y promotora del siglo XX cuya labor curatorial en la galería Lirolay opacó en parte su propia producción pictórica.

Ahora puede verse por primera vez una antológica titulada Éxtasis, 1899-1973, curada por Feda Baeza en la Colección Amalita. La muestra invita a recorrer cómo sus inquietudes personales y artísticas se manifestaron a lo largo de su carrera; como antecedente reciente, en 2019 la galería Calvaresi presentó una selección de pinturas de su estate bajo el título Frenéticamente decidida a ir hacia delante.

La exposición propone una lectura retrospectiva de su trayectoria: reúne más de 70 piezas y complementa la muestra con documentación, cuadernos íntimos y obras de otros artistas, materiales que aportan contexto al alcance de su trabajo y su influencia en el campo artístico argentino.

En el inicio del recorrido se pone en valor el papel que Derbecq desempeñó en la escena cultural porteña mediante una selección documental que evidencia su actividad como creadora, gestora y crítica.

También se exhiben piezas vinculadas a su primera gestión al frente de Lirolay, incluyendo obras que rindieron homenaje a figuras como Thibon de Libian, así como trabajos de Ramón Silva y Walter de Navazio, con quienes mantuvo relaciones personales y profesionales.

Su formación y experiencias en París marcaron sus primeros pasos: allí estudió con André Lhote, tuvo un temprano debut expositivo y estableció lazos con artistas y arquitectos de su tiempo, factores que influyeron en su desarrollo artístico.

La impronta de la escena parisina y del mundo del espectáculo se aprecia en motivos como los pierrots y referencias al French Can Can, imágenes que reaparecen en distintas etapas de su obra. En palabras de la curadora, Derbecq fue constante en su disposición a transformarse y a ponerse a prueba.

La Segunda Guerra significó pérdidas decisivas para ella: llegó a quedarse sin materiales y con profundas carencias. En 1949, junto a su esposo, el escultor Pablo Curatella Manes, y su hijo Jorge, recorrió Dinamarca, Noruega y Grecia antes de establecerse en Argentina en los años cincuenta, donde promovió a una naciente vanguardia artística desde Lirolay.

Su relación con otros creadores y su labor como crítica eran, según Baeza, extensiones de su práctica artística: sus juicios buscaban estimular a colegas hacia mayor intensidad sin anularlos, como lo demuestra su crítica severa pero formativa a figuras como Norah Borges.

La curadora añade que el vínculo con el arte era para Derbecq una forma de entender la vida, algo perceptible en su actitud, su manera de vestir y su forma de expresarse.

Baeza remarca que una enfermedad ósea deformante y el exilio provocado por la invasión nazi a París constituyeron quiebres personales y creativos: los pasteles y otras obras de ese periodo muestran tanto una búsqueda espiritual como las consecuencias materiales de quedarse sin recursos.

Ese momento difícil se advierte en dibujos en pastel inéditos, como Crucifixion (1942-43), y en óleos como La anunciación (1948) y Adán y Eva (1949). En esas piezas, la figuración de corte impresionista da paso a una abstracción geométrica que refleja, por un lado, una búsqueda de esencialidad y, por otro, las limitaciones materiales que debió afrontar.

Ya en su etapa argentina, Derbecq continuó experimentando con series de obras denominadas “múltiples”, composiciones geométricas y coloridas que, según la curadora, admiten numerosas variaciones y lecturas.

El concepto de “múltiple” plantea que el proceso creativo no desemboca en una única obra definitiva, sino en un conjunto de variantes que pueden convertirse en objetos autónomos. En un catálogo llegó a ofrecer un multiple “por el precio de un par de zapatos”, con la intención de ampliar el público coleccionista.

Ese interés por un arte accesible y por ampliar públicos se refleja también en sus escritos y en la documentación reunida para la muestra, trabajo realizado en colaboración con Florencia Colina.

El cierre de su trayectoria muestra investigaciones ópticas, un uso de la paleta más cercano al pop y una tendencia a la desmaterialización de la obra, en sintonía con los debates sobre el estatuto del objeto artístico en su tiempo.

Según la curadora, Derbecq comprendió que la obra podía entenderse como un proceso desplegado más que como un objeto singular, y hacia finales de su carrera exploró variantes que rozan lo óptico y el pop.

Frente a los múltiples, su práctica demuestra que, pese a los problemas de salud y a la edad, redobló esfuerzos y se concentró en realizar piezas laboriosas y detalladas, gesto que evidencia su fortaleza y compromiso artístico.

Baeza recuerda que Germaine no tenía temor a ocupar la escena: quienes la conocieron coinciden en subrayar su temperamento para expresar ideas y pasar a la acción.

En paralelo a Éxtasis, 1899-1973, la Colección Amalita inauguró un nuevo guion de arte argentino como muestra permanente, y presentó Carlos Gorriarena. 100 años, exhibición que celebra el centenario del pintor con obras de las colecciones ArtHaus y Amalita.

Sobre Gorriarena, Andrés Baur, director de ArHaus, destacó su manejo del color y la exuberancia cromática de su obra, que envuelve al espectador en una experiencia sensual y festiva.

*El espacio de Puerto Madero, Olga Cossettini 141, puede visitarse de jueves a domingos entre las 12:00 y las 20:00. La entrada general tiene un valor de $6000, con tarifa reducida de $3000 para menores de 12 años, jubilados, estudiantes y docentes con acreditación.

Fotos: Gentileza Colección Amalita

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