El Servicio de Inteligencia Exterior de Ucrania informó que Rusia intensifica la militarización de la infancia y la juventud y que dejará de encubrir el entrenamiento militar bajo iniciativas presentadas como sociales o educativas.
Como ejemplo, señaló la intención de incorporar el manejo de drones en los estándares del complejo panruso PRT, un programa que oficialmente se presenta como parte de la educación física.
El Kremlin anunció además la elaboración de un nuevo sistema de indicadores para la “promoción de la salud y el desarrollo físico infantil” en el que la preparación para el servicio militar adquiere prioridad, vinculando los criterios de desarrollo físico con la futura aptitud para el ejército.
Las autoridades planean ampliar la regulación estatal del entrenamiento deportivo militar para menores y equipararlo con actividades educativas, lo que formalizaría y legitimaría la formación militar de niños con la participación de instituciones estatales.
Estas iniciativas forman parte de una estrategia más amplia de militarización social, que incorpora sistemáticamente a niños en actividades de adiestramiento vinculadas al ámbito bélico. Bajo la apariencia de “educación física” se desarrolla una infraestructura orientada a la adquisición temprana de habilidades relevantes para el combate.
A nivel regional, la tendencia se manifiesta de manera evidente en actos públicos, como celebraciones de Año Nuevo donde se transporta a niños en vehículos militares, se les permiten disparar armas y figuras festivas aparecen en tanques. Así, símbolos y prácticas militares se integran en el entorno infantil, normalizando la presencia del ejército y la violencia.
El avance del conflicto en Ucrania ha generado cambios profundos en el sistema educativo ruso, que ahora incorpora instrucción en tácticas militares y valores patrióticos desde edades tempranas, tanto en primaria como en secundaria.
En la región de Kursk, fronteriza con Ucrania, alumnos de primer grado —entre seis y ocho años— fueron inspeccionados por un veterano, quien revisó sus uniformes y dio indicaciones sobre su colocación, después de lo cual los niños retomaron actividades escolares, en una escena que ilustra la presencia de disciplina militar en la vida escolar.
Ejercicios de este tipo, difundidos por la televisión estatal, se han replicado en distintas regiones como parte de una estrategia destinada a preparar a las nuevas generaciones ante eventuales conflictos futuros.
Desde la anexión de Crimea en 2014 y, de forma más intensa, tras la invasión de 2022, el currículo escolar ruso ha incorporado de manera sistemática entrenamiento militar y una narrativa bélica; asimismo, el presupuesto destinado a estos programas ha aumentado, con énfasis en los grados inferiores.
A partir del octavo grado, la instrucción en manejo de armas, antes extracurricular, se ha hecho obligatoria: los adolescentes reciben formación en disciplina militar, historia bélica y prácticas como el desmontaje de fusiles Kaláshnikov y el uso de drones.
El Ministerio de Defensa integró la organización Juventud Armada, que según cifras oficiales agrupa a 1,85 millones de miembros de entre ocho y dieciocho años dentro del sistema escolar. Además, se prevé la distribución de nuevos libros de historia en los grados iniciales con representaciones de Occidente como adversario y de Ucrania como estado subordinado.
Estas políticas plantean cuestiones sobre la delimitación entre educación y preparación militar y sobre las posibles consecuencias a largo plazo para la infancia y la sociedad en general.


