En el centro de la Isla de Man se eleva una estructura monumental: la Rueda de Laxey, reconocida como la rueda hidráulica en funcionamiento más grande del mundo.
Su trayectoria, su mecanismo y su presencia cultural la han convertido en un emblema del ingenio técnico y en uno de los principales atractivos de la isla.
El origen de una solución monumental
A mediados del siglo XIX, la minería marcaba la economía de Laxey, un pueblo de la Isla de Man situado entre Inglaterra e Irlanda. Las minas de plomo y zinc ofrecían recursos valiosos, pero el agua subterránea inundaba los pozos y complicaba la extracción.
Al no contar la isla con yacimientos de carbón suficientes para alimentar máquinas de vapor, los ingenieros buscaron alternativas. En 1854, Robert Casement inauguró la Rueda de Laxey, bautizada originalmente como “Lady Isabella” en honor a la esposa del gobernador local, como una solución novedosa y menos dependiente de combustibles fósiles.
Con un diámetro de 22 metros y aproximadamente dos metros de ancho, la rueda fue diseñada para aprovechar la energía del agua y accionar un sistema de bombeo capaz de extraer 950 litros por minuto desde alrededor de 450 metros de profundidad. Su eficacia la convirtió en un ejemplo de innovación en la era victoriana.
Cómo funciona la Rueda de Laxey
Lo que distingue a la Rueda de Laxey no es solo su tamaño, sino también su diseño y el cuidado de su conservación. A diferencia de muchas estructuras industriales abandonadas, ha sido restaurada y está protegida por el Manx National Heritage. Se trata de una rueda de tipo “sobrecogote” (overshot), en la que el agua se vierte desde la parte superior para generar el movimiento por gravedad.
El agua que mueve la rueda proviene de las colinas cercanas y llega mediante un acueducto de piedra, integrando recursos naturales y obra humana en un sistema hidráulico tradicional.
Aunque su giro es lento —unas tres revoluciones por minuto— esa velocidad era suficiente para accionar un conjunto de varillas que transmitían la energía a lo largo de 180 metros hasta los niveles de la mina, permitiendo un bombeo eficaz en condiciones difíciles.
Además de resolver el problema de las inundaciones, la rueda se convirtió en un símbolo de progreso para la comunidad. Tras el cierre de las minas en 1929, la estructura ha permanecido erguida, superando el paso del tiempo y los cambios tecnológicos.
Un ícono cultural y turístico
Hoy la Rueda de Laxey ya no cumple funciones industriales, pero se mantiene como símbolo de la identidad manesa. Su imagen aparece en los billetes de 20 libras de la isla y sigue siendo reconocida como la mayor rueda hidráulica en funcionamiento del mundo.
Miles de visitantes acuden cada año, a menudo llegando en un tren eléctrico histórico. Entre las actividades más populares está subir la escalera de caracol alrededor de la torre, desde cuya plataforma superior se obtienen vistas panorámicas del valle y del mar de Irlanda, una combinación de historia, paisaje y arquitectura.
La relevancia de la Rueda de Laxey va más allá de su uso original: ilustra cómo sociedades pasadas resolvieron problemas energéticos con soluciones sostenibles. Antes de la electricidad y los motores modernos, la rueda demuestra el aprovechamiento efectivo de la fuerza del agua para impulsar la industria.
La rueda sigue operativa gracias a programas continuos de preservación y restauración, lo que permite que las generaciones actuales y futuras conozcan y valoren los avances de la ingeniería del siglo XIX en el presente.


