15 de enero de 2026
Buenos Aires, 23 C

Cómo dormir en noches de calor

Con el comienzo del verano en Argentina, las noches son cálidas en buena parte del país: desde el intenso calor del Noroeste hasta la humedad del Litoral y las zonas urbanas del centro, donde las temperaturas permanecen elevadas después del atardecer. En ese contexto, dormir se vuelve una tarea difícil para muchas personas, que suelen ventilar los ambientes, aumentar la ingesta de líquidos o dejar el ventilador encendido toda la noche en busca de alivio.

Más allá de esas medidas habituales, especialistas en salud indican que existen hábitos sencillos y accesibles que pueden mejorar el descanso. Comprender cómo se regula la temperatura corporal es central para favorecer el inicio del sueño y su calidad.

Según los expertos, el organismo debe disminuir su temperatura interna para conciliar el sueño y mantener un descanso reparador. Cuando el entorno permanece demasiado cálido —una situación frecuente durante las noches de verano— ese proceso se altera, lo que puede provocar interrupciones del sueño, una menor profundidad del descanso y mayor cansancio al día siguiente.

Cuando el ambiente no permite la adecuada pérdida de calor corporal, es común experimentar más despertares nocturnos y un sueño menos descansador. Por eso, adoptar medidas que faciliten la regulación térmica puede reducir las molestias y mejorar la recuperación nocturna.

Los especialistas coinciden en que la franja de temperatura ideal para dormir está entre 18 y 25 °C. Por encima de los 26 °C aumentan las interrupciones del sueño y la sensación de incomodidad al despertar. Aunque en pleno enero alcanzar ese rango sin aire acondicionado es difícil en muchas zonas, hay alternativas prácticas para acercarse y optimizar la calidad del sueño.

Consejos prácticos para dormir mejor cuando hace mucho calor

Durante el verano, las altas temperaturas nocturnas afectan a amplias regiones del país y dificultan conciliar el sueño. Si bien ventilar la casa y usar ventiladores son medidas habituales, existen otras prácticas que, combinadas, pueden mejorar el descanso incluso en noches calurosas.

Comprender que bajar la temperatura corporal favorece el inicio del sueño ayuda a priorizar acciones concretas: mantener ambientes más frescos al acostarse, reducir la carga metabólica antes de dormir y facilitar la evaporación del sudor son estrategias efectivas.

Ventilación estratégica: Abrir ventanas y puertas durante la noche ayuda a eliminar el calor acumulado. Durante las horas de mayor sol, conviene mantener persianas y cortinas cerradas para evitar la entrada de radiación y reducir la acumulación de calor en el interior.

Ventiladores y aire acondicionado con precaución: Los ventiladores favorecen la sensación de frescor al acelerar la evaporación del sudor; se recomienda no dirigir el flujo de aire de forma constante y directa sobre el cuerpo para evitar molestias. Con aire acondicionado, es aconsejable utilizar temperaturas moderadas para no generar contrastes térmicos bruscos ni un consumo energético excesivo.

Ropa de cama apropiada: Optar por sábanas y pijamas de fibras naturales como algodón o lino mejora la transpiración y la disipación del calor. Los materiales sintéticos tienden a retener humedad y temperatura, lo que puede dificultar el descanso.

Ducha tibia antes de acostarse: Una ducha con agua tibia provoca vasodilatación periférica, que facilita la pérdida de calor posteriormente y puede ayudar a dormirse más rápido; las duchas muy frías no siempre producen este efecto de enfriamiento sostenido.

Hidratación equilibrada: Mantenerse bien hidratado durante el día contribuye a la regulación térmica, pero conviene evitar bebidas abundantes justo antes de dormir para no provocar despertares nocturnos por necesidad de ir al baño.

Cenas ligeras y tempranas: Comer algo liviano al menos dos o tres horas antes de acostarse reduce la actividad metabólica nocturna. Evitar alcohol, cafeína y comidas muy condimentadas o pesadas ayuda a mantener la temperatura corporal más estable.

Rutina regular y desconexión digital: Mantener horarios regulares de sueño, limitar el uso de pantallas antes de acostarse y practicar técnicas de relajación —como respiración profunda o estiramientos suaves— prepara el cuerpo y la mente para un sueño más reparador, aun en noches de mucho calor.

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