En el antiguo Egipto, el cabello y las pelucas ocupaban un lugar central en la vida cotidiana y en la simbología social, estética y erótica. Hombres y mujeres de diferentes clases cuidaban su pelo por motivos de higiene, distinción y belleza. Las técnicas de arreglo y el uso de pelucas reflejaban la identidad y la diferenciación social en la civilización del Nilo.
El clima extremo llevó a muchos egipcios a afeitarse la cabeza para mantenerse frescos y evitar plagas como los piojos. Según investigaciones citadas por Historia National Geographic, las pelucas también protegían contra el sol y los insectos, y permitían adoptar peinados elaborados y ornamentos, consolidándose como un medio de autoexpresión.
“El cabello humano era de suma importancia… era un medio de autoexpresión”, afirmó Joann Fletcher. Las pelucas y las extensiones muestran la sofisticación técnica de los egipcios desde al menos el 3.400 a.C., según evidencias arqueológicas. En talleres especializados se trabajaba principalmente con cabello humano, usando horquillas, peines y herramientas de bronce para crear estilos distintivos.
Fletcher señaló que se empleaban cera de abejas y resina como adhesivos para fijar mechones o trenzas, práctica documentada en restos recuperados en yacimientos. Algunas pelucas incorporaban fibras de palmera datilera para dar volumen, y entre los estilos frecuentes figuraban las trenzas y el cabello ondulado, presentes en representaciones de figuras como Meryt-Amón y Hatnefer.
Hallazgos en Deir el-Medina y en el Valle de las Momias Doradas evidencian la calidad de estos trabajos. Entre los ejemplos mencionados por Historia National Geographic está la peluca de la tumba de Merit, compuesta por cientos de trenzas rizadas, y las cajas diseñadas para guardar extensiones destinadas a acompañar a sus dueños en el “más allá”.
En cuanto a tintes y remedios, la henna era el producto más usado para cambiar el color o cubrir canas, proporcionando tonos rojizos y castaños; su aplicación aparece tanto en textos como en cabellos de momias. Textos como el Papiro Ebers contienen fórmulas a base de grasas animales para tratar la alopecia, aunque su eficacia resulta difícil de verificar.
El simbolismo y el matiz erótico del peinado han sido subrayados por estudios universitarios. La poesía amorosa egipcia presenta el cabello como instrumento de seducción y vehículo del deseo; en varios poemas el peinado forma parte del juego amoroso y de la atracción entre amantes.
Un texto muestra el cabello impregnado de bálsamo en preparación para un encuentro amoroso, y versos como “ella me atrapa con su pelo, ella me enreda con su collar…” refuerzan la función del cabello en la seducción y en el ejercicio del poder femenino.
Relatos míticos, como el Cuento de los Dos Hermanos o la leyenda de la trenza de Hathor, amplían el significado del cabello hacia lo ritual y lo sagrado.
Expresiones como “ponerse la peluca” o “soltar las trenzas” se interpretan tanto literal como metafóricamente, vinculándose a la sexualidad, la fertilidad y el luto. Episodios mitológicos con Hathor o Isis muestran cómo el cabello simbolizaba memoria, duelo y transformación.
Las formas y estilos variaban según la edad, el género y la posición social. En el Reino Antiguo, las mujeres de la nobleza lucían peinados cuadrados, tripartitos y “hathóricos”, con abundantes mechones y ondas que denotaban prestigio. Los hombres solían llevar el cabello corto y rizado, aunque en la élite de la corte se documentan melenas largas y complejas asociadas a funciones oficiales o religiosas.
Accesorios como conos perfumados se empleaban en banquetes para aromatizar pelucas y cabello, utilizados por hombres y mujeres. Las trenzas y extensiones también servían para disimular la fragilidad capilar, problema frecuente según los textos de la época.
La perspectiva de género y el componente erótico aparecen en la literatura e iconografía: el peinado femenino se relacionaba con el cortejo, la fertilidad y el control de la imagen pública. Fragmentos en los que una mujer ordena “¡Desata tus trenzas! ¡Ponte tu peluca!” aluden al dominio sobre el deseo y al papel del peinado en la seducción y la honra.
La diversidad étnica y cultural del antiguo Egipto se reflejaba en una amplia variedad de estilos y pelucas. Los egipcios identificaban a los nubios por sus peinados rizados y por la llamada “peluca nubia”, popular en el Reino Nuevo y en la Dinastía XXV.
Los libios se distinguían por largas cabelleras y trenzas laterales, mientras que los sirios llevaban el cabello liso sujeto con cintas. En la infancia, la denominada “trenza de la juventud” —un mechón lateral— simbolizaba la inocencia y el vínculo con lo divino, según el estudio de la UCM.
Más allá de la estética y la moda, el tratamiento del cabello en el antiguo Egipto constituyó una práctica cargada de significado: un arte que expresaba identidad, rango social y emociones, y que perdura como testimonio de creatividad y simbolismo a lo largo de la historia.


