15 de enero de 2026
Buenos Aires, 24 C

CFK debe reinventar su rol en el peronismo

Un dirigente histórico del PJ bonaerense resumió la situación con crudeza: según él, La Cámpora no tiene una candidata viable, Cristina ya no puede postularse y el resto de los cuadros no está preparado para competir en una elección presidencial. Señaló directamente a los Kirchner y a quienes los respaldan.

Esa percepción no es aislada: muchos intendentes impulsan a Axel Kicillof como alternativa presidencial y la mayoría de los gobernadores de Fuerza Patria prefieren limitar la influencia del cristinismo. El mensaje hacia la ex presidenta es claro: las reglas del juego están cambiando.

Recuperada de una apendicitis con complicaciones a fines del año pasado, CFK inició el año político manifestándose sobre la detención de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos. Su postura, acorde con sus posiciones habituales, fue de condena al accionar del gobierno de Donald Trump, coincidencia que también tuvo con Kicillof.

Se trata de un año clave para la ex presidenta: gran parte del peronismo debate con mayor intensidad su liderazgo. La presión viene, en parte, porque Javier Milei avanza en la construcción de una propuesta sólida para 2027 y el peronismo lleva tiempo sin renovar su oferta electoral.

Fuera del núcleo cristinista —La Cámpora, Nuevo Encuentro, Kolina y cuadros afines del interior— la autoridad de CFK se ha ido reduciendo en los últimos meses. El primer gesto de rebelión lo protagonizó Ricardo Quintela al intentar competir por la presidencia del PJ, aunque la junta electoral, con influencia kirchnerista, le impidió participar.

A fines de 2024, tras la falta de apoyo público de Kicillof para su desembarco en el partido, CFK asumió la presidencia del PJ Nacional en un acto en la UMET al que no asistió ningún gobernador peronista, una ausencia inédita en momentos de mayor fortaleza kirchnerista.

El kirchnerismo interpretó y relativizó esa ausencia, pero fue la primera señal de que el peronismo ya no respondía de forma automática a su liderazgo. Las reuniones posteriores en Matheu 130 reunieron sobre todo a fieles, sin lograr una ampliación real del espacio.

La condena en la causa Vialidad y la detención de CFK alteraron ese aislamiento: varios dirigentes, entre ellos Guillermo Moreno, se acercaron al núcleo mayoritario del peronismo. En ese momento se cerró, al menos temporalmente, una etapa de enfrentamiento dentro del peronismo bonaerense.

Otro elemento que movió los límites fue la discusión sobre la estrategia electoral para el 26 de octubre de 2025, sobre todo en el interior del país. En ese marco, Juan Manuel Urtubey fue una de las figuras que se acercó tanto a Fuerza Patria como a la ex presidenta.

Sin embargo, esos acercamientos resultaron engañosos para quienes creían que, recluida en San José 1111, CFK podría retomar el control del peronismo. Con el paso de las semanas su capacidad de influencia siguió reduciéndose.

El gran desafío para la ex presidenta es reinventarse tras la condena y reconstruir su liderazgo. Kicillof, en tanto, no la esperará para avanzar en su proyecto nacional: seguirá adelante con o sin el apoyo del cristinismo, consciente de los costos, pero con paso decidido.

A fines del año pasado, los gobernadores de Fuerza Patria dejaron claro que buscan acotar la influencia de CFK en el Congreso, lo que también limita su fuerza frente al gobierno de Javier Milei. Al mismo tiempo, la mayoría de los intendentes bonaerenses pretende proteger sus territorios frente al cristinismo: quienes disponen de votos ya no la elogian como antes, pero tampoco la subestiman.

El próximo período promete ser conflictivo y posiblemente fundacional. Una senadora nacional expresó a Infobae que el peronismo debe ordenarse desde el poder y que hoy carece de un jefe capaz de hacerlo.

Ese diagnóstico refleja una constante en la historia peronista: la necesidad de un liderazgo consolidado que ordene de arriba hacia abajo, habitualmente surgido desde el poder. Una estructura excesivamente horizontal y deliberativa tiende a multiplicar pequeñas internas, situación que se observa ahora.

En los últimos años el PJ ha intentado ordenarse desde la base. Kicillof fue pionero en esa vía: creó su propia agrupación, se distanció de CFK y planteó una pelea de poder contra su antigua mentora. Esa estrategia tuvo costos y beneficios, muchos ya visibles; otros se conocerán en los primeros meses de 2027.

Más allá del desenlace de su trayectoria, la acción de Kicillof ya abrió debates internos en todo el peronismo. La rebelión contra la conducción de Cristina y el modo de ejercer el poder del kirchnerismo ya cansaron a buena parte del peronismo nacional, y la autonomía del gobernador bonaerense sacó a la luz un debate subterráneo de la fuerza.

Según un dirigente peronista del interior, el liderazgo de CFK se va apagando, aunque su influencia en el conurbano bonaerense sigue siendo relevante para cualquier proyecto nacional. Es necesario contenerla, discutir candidaturas y reorganizar el espacio político; a su juicio, la forma de hacer política de los Kirchner ya no es sostenible. Al mismo tiempo, reconoce que el kirchnerismo debe formar parte, de alguna manera, de un proyecto nacional viable.

Artículo anterior

Menor inflación, crecimiento sostenido y dólar estable en 2026

Artículo siguiente

Toque de queda en Adén tras disputas con el Consejo de Transición del Sur

Continuar leyendo

Últimas noticias